01/04/2026
Soy venezolano.
Migrante.
Uno más de los millones que no se fueron por gusto, sino empujados por el hambre, el miedo y la destrucción.
Me indigna profundamente ver a personas que no vivieron nuestro dolor levantar la voz para defender a Nicolás Maduro, o peor aún, oponerse a que se le detenga y se le exija rendir cuentas.
¿Con qué cara hablan de derechos humanos quienes cerraron los ojos mientras un país entero se desangraba?
Nosotros dejamos madres, padres, hijos, abuelos.
Dejamos casas, recuerdos, carreras, sueños.
Cruzamos fronteras con miedo, con acento marcado, con títulos que no valían nada y con el corazón roto… solo para sobrevivir.
Esto no es ideología.
Esto no es izquierda ni derecha.
Esto es humanidad.
Cada venezolano en el exilio es una prueba viva del fracaso, de la corrupción y de la crueldad de un régimen que destruyó un país rico y lo convirtió en una fábrica de migrantes y cementerios silenciosos.
Quien defiende a Maduro no defiende la paz.
Defiende el sufrimiento ajeno.
Defiende el silencio de los que murieron sin medicinas.
Defiende a los que dispararon contra estudiantes.
Defiende el hambre de niños y la humillación de ancianos.
No nos pidan calma.
No nos pidan neutralidad.
Tenemos derecho a la rabia, porque nuestra herida sigue abierta.
Venezuela no necesita excusas.
Necesita justicia.
Y la justicia empieza cuando los responsables dejan de ser intocables.
Que nadie hable en nuestro nombre sin haber caminado nuestro exilio.
Que nadie minimice nuestro dolor.
Venezuela vive.
El exilio no olvida.
Y la dignidad no se negocia.
🇻🇪💔✊