18/12/2025
Hay personas que no se van del todo.
Hay escritoras que, aunque parten físicamente, se quedan a vivir para siempre en nuestras letras y en nuestro corazón.
Gracia Ramírez fue una de esas almas.
Se va su presencia física, pero permanece su esencia: sus palabras, sus enseñanzas, su forma tan humana de mirar la vida y el trabajo.
Gracia fue amiga entrañable, escritora multifacética y mujer luminosa.
Fue esa hermana mayor que la vida me regaló, la que siempre tenía un consejo atinado, una observación sabia, una palabra dicha desde la experiencia y el amor.
Hoy no estás aquí como antes, Gracia,
pero me dejas la enseñanza de la humildad,
del amor al trabajo bien hecho,
de la lealtad como valor inquebrantable
y del servicio ofrecido con el corazón.
Tu legado no se borra.
Vive en cada persona que tocaste,
en cada proyecto compartido,
en cada río de historias que recorrimos juntas.
Gracias por tanto.
Un abrazo hasta el cielo.
Aquí seguimos, honrando tu vida con amor y gratitud.
Un abrazo hasta el cielo, Gracia
Gracia,
tu nombre hoy se pronuncia despacio,
como quien cuida algo sagrado.
Te fuiste del plano visible,
pero te quedaste en mis palabras,
en tus consejos firmes y amorosos,
en tu forma humilde de servir.
Fuiste hermana mayor del alma,
compañera de ríos compartidos,
voz serena cuando el camino dudaba,
luz constante en el trabajo diario.
Hoy no te busco en el aire,
te encuentro en el corazón,
en cada enseñanza que sembraste
sin esperar aplausos.
Gracias por quedarte
cuando el cuerpo se va
y el amor permanece.
Hasta el cielo va mi abrazo, Gracia,
envuelto en letras,
en gratitud,
y en amor eterno.