06/07/2026
Junio 7, 2026, DOMINGO
EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
Leer: Dt 8, 2-3. 14b-16a 1Cor 10, 16-17 Jn 6, 51-58 LH Prop
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida” (Jn 6,51).
Jesús nos dio un sacramento, o signo sagrado, a través del cual participamos de su Cuerpo y su Sangre. Pero no se trató de un hecho aislado en la Última Cena, celebrado únicamente en ese momento concreto.
«Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: ‘Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes‘» (Lc 22,19-20).
Jesús había anunciado lo que iba a hacer, revelando el significado y las consecuencias de su ofrenda mucho antes de aquella noche. No porque ese alimento fuera a darnos un grado de salud física, sino porque nos afectaría directamente en un orden superior y eterno: la vida divina de Dios a la que hemos sido llamados. «Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,53-55). «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56). En cada misa, Él renueva su ofrenda de sí mismo a su Padre para el perdón de los pecados, y a nosotros en comunión con Él.
Reflexión y Comentario
Salmo 86,10: “Porque tú eres grande, Dios mío, y eres el único que hace maravillas”.
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