11/17/2025
Hay gente que, sin motivo coherente, intentará destruirte, apagarte o manchar tu nombre. Personas que cargan envidia, frustración o vacío en el corazón y, al no saber lidiar con sus propias batallas internas, proyectan su oscuridad sobre quienes ven brillar. Pero lo que no entienden es que cada intento contra ti solo revela lo que ellos llevan por dentro, no lo que tú eres.
Lo que muchos ignoran es que no están tratando simplemente con un ser humano cualquiera… están tratando con un hijo de Dios. Y cuando alguien se mete con un hijo de Dios, se mete también con Su propósito, Su respaldo y Su protección. No importa cuántas veces intenten doblarte, Dios siempre te levantará con más fuerza, más sabiduría y más luz.
Quien te quiere destruir no ve lo que tú ya sabes: que fuiste escogido, separado y levantado para cosas grandes. Y nadie puede derribar lo que Dios construye. Nadie puede apagar lo que Dios enciende. Nadie puede cerrar la puerta que Dios ya abrió para tu vida. Cada ataque se convierte en testimonio, cada caída en impulso, y cada herida en marca de victoria.
Así que sigue avanzando con la frente en alto, tranquilo, confiando. Dios pelea por ti, guarda tu camino y te defiende aun cuando tú ni te enteras. Que hablen, que inventen, que intenten… porque al final la última palabra nunca la tiene el hombre: siempre la tiene Dios.
Así que ríete de los que quieren verte caer, porque tienen la batalla perdida, tú eres un hijo de Dios, yo soy un hijo de Dios, y Dios nunca ha perdido una batalla.
Un fuerte abrazo, Pepe Barbero