20/10/2025
EL NACIONAL DEL 76
(novena parte)
Cuatro días antes del angustioso triunfo ante los funebreros, en la soleada tarde del miércoles 20 de octubre de 1976, en el pequeño estadio de las calles Boyacá y Juan Agustín García de Argentinos Juniors en La Paternal, 7.737 personas estaban presenciando uno de los partidos correspondientes a la octava fecha de la zona D, donde el local estaba cayendo 0-1 ante el entonces poderoso Talleres de Córdoba (gol del Hacha Luis Ludueña).
Era el entretiempo y Juan Carlos Montes (técnico de los Bichos) meditaba el modo de revertir el resultado adverso. Como futbolista había sido un volante de buena técnica, que había surgido en San Telmo y, luego de un paso por Chacarita, había encontrado su lugar en Newell's Old Boys de Rosario. Allí había disputado 134 partidos (con 11 goles) hasta que en 1973 colgó los botines. Enseguida se puso el buzo de DT y en el Metropolitano 74 llevó a los Leprosos a obtener su primer título local, con un equipo que tenía a muchos jugadores que más tarde recalarían en la ribera como Zanabria, Berta, Capurro, Rebottaro, Robles y Rocha.
Montes tenía buen ojo para el talento y esa tarde había llevado al banco de suplentes a un pibe que quemaba etapas a un ritmo superior al resto: Diego Armando Maradona.
En el austero vestuario, se acercó al de la cabellera ensortijada que todavía tenía 15 años (diez días después cumpliría los 16) y le preguntó: "Nene, ¿te animás?".
La respuesta fue “y bueno, vamos a ver qué pasa”.
Con la camiseta número 16 en la espalda, Diego tomó el lugar del “5”, Rubén Giacobetti.
"Entrá, jugá y la primera pelota que agarrás, tirá un caño", fue la muestra de confianza de Montes en dialéctica de director técnico, sin nada de táctica, ¿para qué?
Maradona se convertía entonces en el debutante más joven en primera división argentina (récord solo superado muchos años después por Sergio Agüero en Independiente).
Y en cuanto pudo ¿que hizo?: pasó el balón entre las dos piernas de Domingo Patricio Cabrera, consagrado volante de los cordobeses.
Sin que los boquenses pudiéramos saberlo, aquel día, a unos catorce kilómetros de la Bombonera, comenzaba una Era en la historia del fútbol mundial.