30/01/2026
Históricamente he sido anti-liberacionista. La sucesión de gobiernos de este partido, desde Óscar Arias en adelante, dejó una pesada herencia de malas decisiones, redes de poder y corrupción institucional que aún hoy el país intenta desmantelar. Muchos de los grandes problemas que enfrentamos como nación provienen de ahí. Sin embargo, nunca he sido una persona de posturas fanáticas y el pensamiento crítico también implica reconocer cuando surgen figuras valiosas. Es el caso de Álvaro Ramos, un hombre brillante, un costarricense ejemplar, y se le percibe a leguas su amor genuino por esta patria. Evoca a esos políticos de antaño que quedaron grabados en la memoria colectiva como don Luis Alberto Monge o don Rafael Ángel Calderón Guardia, quienes fueron líderes que, con aciertos y errores, marcaron época por su visión de Estado.
Asimismo, aunque no milito con las ideas del Frente Amplio, reconozco figuras como Ariel Robles, quien ha dado continuidad al legado del recordado José Merino, uno de los diputados más queridos por su lucha incansable en defensa de las personas más vulnerables. Costa Rica necesita una Asamblea Legislativa con voces diversas, capaces de ejercer contrapeso y señalar excesos y abusos de poder. Espero que el FA logre suficientes curules para ejercer orden en el poder más complicado y cuestionado de la República.
Finalmente reflexiono sobre Claudia Dobles. Me parece una mujer inteligente, con un sentido de independencia de criterio e ideas que valen por si mismas, demostrando que pese la sombra de su esposo, tiene su propia formación política y es una representación digna de la mujer costarricense empoderada. Su conocimiento profundo de la realidad nacional e internacional es evidente en los debates a los que ha asistido, y ha sido una de las pocas primeras damas que se involucró de manera activa y comprometida en proyectos país, como el tren eléctrico, una iniciativa urgente que hoy vuelve a tomar fuerza porque Costa Rica no puede seguir quedándose estancada en infraestructura urbana.
Votar es un ejercicio de reflexión profunda, donde nos jugamos el futuro suyo y el mio, porque es una decisión colectiva. Votar con el hígado o por fanatismo es lo que nos ha llevado a este punto de quiebre en la confianza electoral. Este domingo no votaré con mi ego, con mi decepción ni desencanto. Votaré con conciencia y por amor a este país.