04/10/2026
La libertad tiene un precio.
Hace tiempo le dije a una persona:
“no sabía qué hacer con tanta libertad”.
Y mientras más lo pienso, más sentido me hace.
Hubo una época en la que me la pasaba buscando dónde irme, dónde vivir por un mes, qué país conocer, qué montaña subir… tenía un chingo de opciones.
Y muchas veces me daba miedo tomar acción.
Veía un lugar y pensaba: “sí quiero ir”.
Pero luego empezaba:
¿Y si no me gusta?
¿Y si estoy tomando una mala decisión?
¿Y si había un lugar mejor?
¿Y si me arrepiento?
Y terminaba sin hacer nada.
Y es cagado porque yo quería libertad a toda costa.
Hasta que la tuve.
Y cuando finalmente nadie me estaba diciendo qué hacer con mi vida, me di cuenta de que no sabía qué hacer con ella.
Mi primer paso fue Buenos Aires jajaja.
Y creo que llegué ahí precisamente porque ya estaba harto de tener tanta libertad y no aprovecharla.
Porque nadie te prepara para eso.
Estamos acostumbrados a tener que hacer algo porque “toca”: estudiar, trabajar, cumplir, regresar, quedarte, seguir una rutina.
Pero cuando eres realmente libre y puedes agarrar una mochila e irte…
¿A dónde chingados voy?
Jajaja.
Creo que también tenemos mucho miedo a equivocarnos.
A pensar que existe una decisión correcta y que si escogemos mal, ya chingamos.
Pero quizá no funciona así.
Quizá no existen tantas decisiones incorrectas.
Hay decisiones que te llevan por un camino y otras que te llevan por otro.
Y si te equivocas, pues aprendes.
Nuestro cerebro está hecho para sobrevivir, no necesariamente para hacernos felices. Busca seguridad, intenta anticipar lo que puede salir mal y muchas veces prefiere quedarse en lo conocido antes que arriesgarse.
Entonces supongo que también se aprende a ser libre.
A equivocarse.
A tomar una decisión sin saber si será la mejor.
A agarrar la mochila, salir de casa y decir:
“a ver a dónde chingados voy”.
A terminar en Buenos Aires.
A terminar en una montaña en Patagonia.
A no tener p**a idea de qué sigue después.
Y entender que quizá el error también es parte del camino.
Porque si quieres ser libre, tienes que aceptar que vas a tomar decisiones que después vas a cuestionar.
Y está bien.
No sabía qué hacer con tanta libertad.
Ahora tampoco sé exactamente qué hacer con ella.
Pero creo que estoy aprendiendo a vivirla.