20/07/2026
Subcampeones del mundo. La derrota duele, pero el verdadero partido lo disputamos contra el aparato mediático de las potencias. Intentaron vendernos como villanos, armando una feroz cruzada para disciplinarnos y ponernos al mundo en contra.
Saquémosles la careta. Pretenden darnos lecciones de ética los que en Estados Unidos mandan al ICE a cazar inmigrantes. Nos señala una Europa que finge espanto por un cántico mientras cobija a la extrema derecha. Y nos hablan de "civilización" quienes avalan con silencio cómplice la masacre del pueblo palestino.
Frente a esa hegemonía, esperaban sumisión. Olvidaron nuestra historia. Como analiza el sociólogo Guillermo O'Donnell, Argentina porta un gen plebeyo e igualitario. Ante el poderoso que busca someterte, la respuesta natural de este pueblo es un frontal "¿Y a mí qué me importa?". No reverenciamos jerarquías inventadas: jamás arrugamos ante los gigantes.
Esa insolencia es nuestro ADN, forjado a un costo altísimo. Es la inquebrantable valentía de los 30.000 desaparecidos frente al terror dictatorial. Es el arrojo de los pibes de Malvinas ante una flota colonial. Es la fuerza imparable de la marea feminista llevándose puesto al patriarcado.
Esta dignidad en la cancha brilla aún más al exponer el triste papel de quienes hoy rigen el país. Mientras la Selección no se achica, sufrimos dirigentes que viajan a Ushuaia para rendir honores a la generala del Comando Sur estadounidense. Una administración cómplice en Gaza, atada a Washington. Donde ellos eligen vasallaje, nuestros jugadores nos recordaron a su manera qué es la soberanía.
No compramos el cinismo del establishment ni el entreguismo local. Jugamos mirándolos a los ojos, sin ceder nuestra esencia. La única derrota real habría sido arrodillarnos ante su hipocresía.
Mantuvimos alta la bandera de los que no se doblegan. En ese fuego innegociable y orgullo intacto radica nuestra mayor victoria: la certeza invencible de que ningún poder podrá apagarnos.
Mientras sigamos siendo insolentes y vayamos al frente, el futuro es nuestro. Salud, Selección!
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