08/07/2020
Clásicamente, se conocía al puerperio desde la visión médica como aquel período de los 40-45 días posteriores al parto, que coincidían con la recuperación física y “retorno” al estado pregestacional (¡Sí!, lo ponemos entre comillas adrede y lanzamos la pregunta: ¿se vuelve?. ¡Definitivamente esto queda para otro post!).
Sin embargo, por suerte desde hace ya un tiempo atrás ha tomado mayor visibilidad la dimensión psicológica y emocional del mismo. Lo que permitió comprender que es un proceso singular que cada persona que lo atraviesa lo vive de manera única y que a diferencia de lo que se creía dura aproximadamente dos años o incluso más.
Aún así, y teniendo en cuenta que cada puerperio es irrepetible, podríamos decir que se trata de un período de transición en el que hay ciertas emociones que aparecen a modo de vaivén y suceden con mayor frecuencia, caracterizándose por su intensidad y contradictoriedad.
¿Por ejemplo?
La sensación de querer estar pegadas al/la bebx, la alteración de las horas y los días, tanto como cierta desconexión con el entorno son propias de este momento, y se desprenden del hecho de que es un tiempo en el que el vínculo con esx hijx se está construyendo. Ambos se están conociendo: mamá y bebx, por eso es una etapa en el que la nueva familia necesita de la intimidad y la tranquilidad que le proporciona “encuevarse” por momentos.
Ahora bien, pocas veces el puerperio es como nos lo contaron (¡no todo es rosa!) y es sumamente normal sentir también sensaciones de tristeza, angustia, impotencia y extrañeza que a su vez se alternan con momentos de gran felicidad y emoción.
¡Bienvenidxs a la ambivalencia! Que se traduce en esas ganas de no separse del/la bebx y quedarse en la cueva juntxs, pero que a la vez nos insta a querer salir corriendo y desaparecer por un rato. Tranquilx, ¡son propias del puerperio! (y a decir verdad, del maternar!).
Y todo esto nos pasa, porque el puerperio, al igual que el embarazo es un período de la vida en el que se suceden procesos psíquicos y emocionales de gran intensidad. Que tienen que ver, por un lado, con la preparación y la asunción del nuevo rol y de la función materna y por el otro, con la mediatización de diversos procesos fisiológicos y hormonales que también conducen a sentirnos así.
Entonces, mientras la catarata de emociones no te desborde, y los episodios de tristeza no se te vuelvan insostenibles, habrá que dejarse atravesar por esa revolución que puede significar el puerperio y buscar redes que nos alojen y contengan.
¿Qué quiere decir esto?
Poder encontrar personas con las que puedas charlar de lo que te pasa, lo que pensas y cómo lo sentis, para que puedan acompañarte, entendiendo que este es un proceso lógico y esperable, y que como todo proceso, hay que darle espacio y tiempo para que suceda.
¿Y vos, cómo transitaste tu puerperio?
Imagen: Mujer Piñata