OVNIS en Argentina

OVNIS en Argentina Un viaje a las fronteras entre lo simbólico, lo imaginario y lo real

Un artículo que publiqué el 11 de marzo.Al día de hoy, parece que todavía no hay noticias sobre el presunto testimonio d...
20/11/2025

Un artículo que publiqué el 11 de marzo.
Al día de hoy, parece que todavía no hay noticias sobre el presunto testimonio de uno de los autores de la supuesta broma.

JUEGOS, TRAMPAS Y UN BARRIL HUMEANTE

El sitio Factor302.4 el blog de Alejandro Agostinelli publicó esta semana un artículo firmado por el Dr Heriberto Janosch y el ingeniero americano Kevin Ashley, en donde revisitan el clásico encuentro de 1964 protagonizado por el oficial de policía Lonnie Zamora en Socorro, Nuevo México y afirman haber encontrado la solución al enigma.

Sin embargo, tan auspicioso anuncio enmascara un trabajo bastante flojo de papeles, basado en un supuesto testimonio sin aportes de prueba y un testigo que se resiste a salir del anonimato, al menos hasta la fecha.

Un caso a punto de explotar que terminó siendo puro humo.

EL JUEGO DEL EXPLICADO

El escepticismo no niega hechos. Cuestiona, más bien, las afirmaciones que se hacen en torno a ellos sin un soporte empírico.

También muchas veces ofrece explicaciones plausibles para aquellas experiencias raras, liminales, sin perjuicio del beneficio de la duda. La suspensión del juicio es un ejercicio saludable. Mientras no detenga la búsqueda de soluciones y esto no termine por obsesionar al investigador. Porque a veces, ese afán explicacionista produce una curiosa contradicción: transforma a quienes ejercen un celo escéptico desmedido en una extraña variante de creyente extremo, el negacionista dogmático.

Todo esto viene a cuento porque hace unos días, el sitio Factor el blog publicó una nota firmada por Heriberto Janosch titulada "El OVNI de Socorro a punto de explotar" donde el autor reflota el famoso caso ocurrido en 1964 que tuvo como protagonista al oficial de la policía de Nuevo México Lonnie Zamora, un clásico que catapultó a Joseph Hynek al Olimpo de la Ufología y en donde explora la hipótesis de una broma realizada por estudiantes del vecino Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México, anteriormente Escuela de Minas de Nuevo México, Universidad pública en Socorro.

Janosch, un psicólogo, criminalista y profesor universitario radicado desde hace tiempo en España es un habitué de dicho blog. Junto a su editor, fue uno de los fundadores, allá por principios de la década del 90' del CAIRP, Centro Argentino para la Investigación y Refutación de Pseudociencias.

Hace muchos años fue el responsable de la investigación más completa realizada en torno al célebre Caso Polanco ocurrido en Bariloche cuando el 31 de julio de 1995 un avión de Aerolíneas Argentinas que estaba a punto de aterrizar en esa ciudad fue interceptado por un objeto no identificado que lo obligó a realizar una maniobra de escape de alto riesgo. Jorge Polanco piloto y comandante de ese vuelo llevaba 18 años como piloto de Aerolíneas Argentinas .En esa oportunidad comandaba el vuelo AA 674 con destino a San Carlos de Bariloche.

Janosch, junto al ingeniero Virgilio Di Pelino determinaron con un alto grado de certeza que estímulos visuales fueron los causantes de que el testigo creyera estar ante la vista de una nave extraterrestre.

Si bien investigaciones posteriores realizadas por los investigadores Juan Pablo Gómez y Óscar Uriondo cuestionaron sus conclusiones, lo cierto es que aporta una explicación plausible apoyada por evidencias.

Con menos fortuna, intentó echar luz sobre las sombras del caso Trancas (Tucumán, 1963) donde propuso la intervención de cuatreros, insuficiente para explicar toda la serie de complejos eventos que se sucedieron la noche en que la familia Moreno vivió su famosa aventura o el caso Dique La Florida ( San Luis) cuando la madrugada del 4 de febrero de 1978, un grupo de pescadores vio una extraña luz en el cielo y dos de los seis testigos añadieron haber visto descender de un ovni suspendido sobre un terreno un ser ataviado con escafandra y rasgos nórdicos.

Janosch explica este singular evento apelando por un lado al despegue desde Kagoshima, Japón, de un cohete M3-H que tenía como objetivo poner en órbita el satélite de observación de auroras Kyokko y que en las horas que los protagonistas aseguran haber tenido su aventura volaba sobre los cielos de San Luis y era visible a simple vista.Este hecho confirmado debilita otros testimonios sobre ovnis y luces extrañas reportados y que reforzarían el relato de los pescadores. En cuanto al singular tripulante observado por los testigos, el investigador argentino intuye que estos mienten y que se basan para su descripción en la imagen de portada del libro Un Hombre en el Universo, escrito por el ufólogo Fabio Zerpa y publicado dos años antes por Cielosur editora en su colección Cuarta Dimensión, perteneciente a la revista del mismo nombre dirigida por el mismo Zerpa.

La similitud entre la figura que ilustra la portada de dicho libro y el ser referido por los testigos no se basa tanto en la descripción de los mismos como en las ilustraciones que posteriormente intentaron reflejar lo atestiguado. Además, esas supuestas similitudes son caprichosas. El único rasgo que comparten es la posición de los brazos y las manos que ambos,hombre de portada e ilustraciones posteriores, mantienen.

Un detalle que no es menor es que una de las publicaciones que se hicieron eco del caso es justamente la revista Cuarta Dimensión. Cabe preguntarnos si quien o quienes ilustraron la nota no fueron los encargados de hacer lo mismo con el libro o se basaron en él, antes que deducir que los protagonistas se hayan inspirado en aquella imagen para dotar de presencia a "su extraterrestre". Recordemos que tanto revista como libro disponían de tiradas limitadas y más aún en el interior. A pesar de ello, Janosch insiste en que su exhibición, a dos años de su publicación estaba disponible en kioskos de revistas y librerías de todo el país, lo cual es cierto, ¿pero qué tanto? El libro no era precisamente un best- seller.

Hay algo aún más reprochable que estas derivas: Acusar de mentirosos a los testigos con elementos probatorios tan especulares y elucubrar hipótesis tan rebuscadas para un caso que carece de evidencias.
El investigador escéptico ante todo debe cribar aquellos casos que cuenten con elementos que permitan elaborar hipótesis plausibles y separarlos de los simples testimonios carentes de ello.

MUCHO HUMO Y POCAS NUECES

Pero volvamos al caso Socorro y la hipótesis de una broma.

El 24 de abril de 1964, Lonnie Zamora, policía de Socorro de entonces 31 años, según los datos oficiales recogidos por Janosch en su artículo, "conducía su patrulla cuando, alrededor de las 17:45 mientras perseguía a un vehículo que iba con exceso de velocidad sobre la Ruta 85, al sur de Socorro, fue interrumpido por un estruendo súbito acompañado de una columna de llamas que parecía provenir de una zona cercana a un almacén de dinamita. Ante lo que presumió una explosión accidental, Zamora abandonó la persecución y se dirigió hacia el área para investigar.

No bien llegó a una elevación que le permitió observar el valle, divisó, desde una distancia mayor a 100 metros, un objeto que le pareció un automóvil apoyado sobre su capot o sobre su baúl. El objeto descansaba sobre lo que le pareció eran dos patas metálicas, aparentemente estructurales, que lo sostenían directamente sobre el suelo. En las inmediaciones del objeto, Zamora detectó la presencia de dos figuras, vestidas con trajes blancos enterizos.( de baja estatura,"como niños"según el relato del policía, recogido en múltiples entrevistas, dato que Janosch omite) La escena del automóvil y las dos figuras fue observada durante unos dos segundos. Siguió avanzando con su patrullero perdiendo de vista la escena al pasar detrás de una loma. Luego de luchar contra los obstáculos del terreno llegó a ubicarse más cerca de la escena..."

"La distancia mínima a la que Zamora se situó respecto del objeto fue de aproximadamente de entre 30 a 40 metros. Desde ese punto, presenció cómo el objeto emitía un sonido intenso, descrito como un rugido similar al de un motor, acompañado de una llamarada azulada y anaranjada que emanaba de su parte inferior. Zamora seguía pensando en un automóvil tumbado, pero casi inmediatamente pensó que iba a ocurrir una explosión y entró en pánico, alejándose rápidamente unos 30 o 40 metros. Mientras se alejaba miraba hacia atrás de vez en cuando, y observó que el objeto se elevó verticalmente hasta alcanzar una altura estimada de 4,5 a 6 metros (15 a 20 pies), donde se mantuvo suspendido unos segundos. En ese momento, Zamora tropieza y pierde su gafas correctivas de miopía. Posteriormente, el objeto comenzó a desplazarse horizontalmente, siguiendo el contorno irregular de un barranco, aproximadamente a 1 metro del suelo, hasta perderse de vista en dirección suroeste. Toda esta última secuencia fue observada por Zamora sin sus gafas. Recién cuando el objeto hubo desaparecido, el policía regresó al punto donde había tropezado y recuperó sus lentes. Increíblemente, en ninguno de los informes consultados se consideró relevante especificar la graduación de sus gafas, que no usó en parte de la observación, pero se entiende que, si las llevaba mientras perseguía a otro vehículo, sufría de miopía..."

A partir de aquí, las conjeturas.

Janosch, luego de 61 años de transcurridos los hechos, cree estar ante la clave que los explicaría de manera definitiva.

Gracias a las gestiones del periodista chileno Patricio Abulseme, radicado desde hace un tiempo en Estados Unidos, logra entrar en contacto con un tal Kevin Ashley, ingeniero de profesión, que, según su relato, hacia 1981 y después de adquirir una colección de recortes de prensa sobre el suceso, al comentarlo con algunos compañeros de oficina escucha de boca de un tal Bruno R. (no se especifican más señas, aunque el autor sostiene estar en contacto y a la espera de lograr su testimonio) que todo se debe a una elaborada broma y que él es el autor de la misma.

Según este testimonio, lo que Zamora confundió con un OVNI no fue más que un barril saltando por los aires, luego de que algunos jóvenes estudiantes del New México Tech, con Bruno a la cabeza colocaran dinamita debajo.

Según el informe preliminar de Janosch:
"Bruno y un compañero, estaban experimentando extraoficialmente con dinamita. Básicamente, encendían la mecha que se encontraba tapada por un tambor metálico, y veían hasta donde llegaba por el aire el tambor, luego de la explosión.

Habrá en breve segundo informe, más detallado. Por el momento, a modo de resumen, podemos decir que hubo tres fases de observación en el incidente:

—En la primera fase Zamora ve un vehículo y a los dos estudiantes, desde más de 100 metros, durante unos dos segundos. Pensó que se trataba de un vehículo accidentado y fue a ayudar.

—En la segunda fase Zamora se acerca a unos 30-40 metros de la escena y sigue pensando en un accidente con un coche tumbado, pero casi de inmediato se escucha un fuerte ruido y se ven unas llamas, Zamora entra en pánico y se aleja del lugar, y cuando mira hacia atrás ve el tambor volando por los aires a unos 6 metros del suelo.

—En la tercera fase Zamora pierde las gafas al tropezar en la huida, y cuando se acerca sin gafas ve al coche de los estudiantes alejándose hacia el sudoeste (con miopía y sin gafas luego lo describiría como un globo que se alejaba a 1 metro del suelo aproximadamente)."

La segunda parte del informe presentado por Factor el blog está compuesto por las deducciones elaboradas por Ashley a partir de la revelación de Bruno, que profundizan en la hipótesis de la broma y el barril.

PÓLVORA MOJADA

El sentido común más elemental nos sugiere tomar estas deducciones con pinzas.

Veamos:

¿Pudo Zamora tener una percepción equivocada de los hechos y confundir un barril saltando por los aires con un objeto volador desconocido?

Como poder, pudo, aunque es harto improbable.
A poca distancia del lugar de los hechos existía un depósito de dinamita y el uso de este explosivo era habitual durante esos años y por aquella zona.
En 1964, Nuevo México tenía actividad minera. Aunque la minería fue especialmente prominente en el siglo XIX, con Socorro conocido como la "Ciudad de las Gemas" debido a su intensa actividad minera y de fundición, en décadas posteriores, incluida la de 1960, la minería continuó siendo una parte importante de la economía local.

Respecto al uso de dinamita, es común en la minería utilizar este tipo de explosivos para facilitar la extracción de minerales. Aunque no se encontraron fuentes específicas que detallaran su uso exacto en las minas de Socorro en 1964, es razonable suponer que se empleaban técnicas de voladura estándar, que incluyen el uso de dinamita, en las operaciones mineras de la época.

Es muy difícil imaginar que Lonnie Zamora no estuviese familiarizado con este explosivo y sus efectos.

Por otro lado, siguiendo con la hipótesis del barril,
y teniendo en cuenta que el área fue peinada por oficiales de policía, tanto de Socorro como del condado vecino, personal de la Fuerza Aérea, los investigadores Joseph Hynek y Ray Stanford, amén del análisis preliminar del terreno realizado por el propio Zamora y el sargento Sam Chávez, que acudió minutos después en apoyo de Zamora luego de que este radiara un mensaje informando de lo sucedido es de suponer que los restos del barril y de los explosivos empleados para su voladura deberían encontrarse en las inmediaciones.

Sin embargo, nadie mencionó en ningún informe posterior tales elementos.

Janosch propone que el barril fue cargado en la parte posterior del vehículo antes de la huida para justificar esta falta.

Sin embargo, como justificación es pobrísima e improbable.

En primer lugar, si así hubiese sido, y por mas recaudos que tomaran los bromistas para borrar sus huellas, pequeños trozos de metal y restos de explosivo deberían haber quedado en la escena.

Además, cuesta imaginar a dos estudiantes pillados en falta que, ante la presencia policial tuviesen la suficiente sangre fría como para tomarse un tiempo precioso para recoger el barril y cargarlo en la parte trasera antes de escapar. El mismo artículo resalta que, al verse visto sorprendidos por Zamora, uno de los bromistas parecía asustado. Esto sin contar lo dificultoso que resultaría intentar huir cargando con un barril ardiente y humeante a través de un terreno irregular.

Pero hay algo aún más elemental, y que escapa a los investigadores: Si efectivamente los hechos se hubiesen dado como proponen, Zamora debería haber visto la polvareda levantada por el vehículo al rodar sobre el terreno profusamente polvoriento. Ashley, en la segunda del informe menciona la velocidad y dirección del viento aquel día. No es difícil imaginar el volumen de polvareda que generaría un vehículo desplazándose a gran velocidad y lo que tardaría en asentarse. También, es llamativo que en un terreno abierto como aquel Zamora no escuchara el ruido del motor al alejarse.

En ningún informe ni entrevista posterior el policía afirma algo ni remotamente parecido o que pudiese interpretarse como tal.

Tampoco se hallaron huellas del rodado con el que los supuestos estudiantes huyeron del lugar,, salvo las del patrullero.

Llama también la atención la premura con la que Janosch se afana en publicar su informe preliminar sin contar con el testimonio del supuesto autor confeso de la broma, con el que estaría en tratativas para que deje su testimonio por escrito.

Y fundamentalmente, cabe resaltar que el investigador escéptico argentino hace exactamente lo mismo que critica en los creyentes, esto es apoyarse sólo en un testimonio sin ningún aporte de evidencia para impugnar un caso.

La explicación propuesta por Janosch y Ashley es además ,deudora de la 'hipótesis del globo' propuesta a su vez por el investigador Antonhy Battaglia. Si bien este intento explicativo previo es mencionado en el artículo, la omisión del nombre de su autor, sea deliberada o inconsciente es otra falta que se nota en este informe

Todas estas cuestiones nos hacen suponer, de manera razonable, que la tan publicitada explicación de los hechos no es más que un montón de pólvora mojada.

Aunque el caso tuviese una explicación convencional, lo que pasó en Socorro aquella tarde de abril de 1964 nunca lo sabremos.

Link al artículo de Factor el blog:
https://factorelblog.com/2025/03/07/el-ovni-de-socorro-a-punto-de-explotar-informe-preliminar/

https://factorelblog.com/2025/03/09/el-caso-ovni-de-socorro-a-un-paso-de-la-explicacion-final/

Link al trabajo de Anthony Bragalia publicado en el blog marcianitos verdes:
https://marcianitosverdes.haaan.com/2009/09/el-ovni-de-socorro-fue-una-broma-estudiantil/

https://marcianitosverdes.haaan.com/2009/10/el-ovni-de-socorro-fue-una-broma-estudiantil-y-2/

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Los fenómenos aéreos no identificados (UAPs) han evolucionado al ritmo de los cambios tecnológicos, epistemológicos y culturales. Este artículo propone una lectura sociológica del fenómeno, entendiendo los UAPs como una mitología moderna en transformación constante: desde su configuración mecanicista en el siglo XX hasta su reformulación actual bajo el imaginario cuántico y digital. A través del cruce entre ciencia, tecnología y cultura, se explora cómo lo inexplicable se narra, se observa y se reinventa en función de los lenguajes dominantes de cada época.

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TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE:(La transformación de los avistamientos de UAPs: del mecanicismo al imaginario digital y cuá...
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TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE:

(La transformación de los avistamientos de UAPs: del mecanicismo al imaginario digital y cuántico en la evolución de un mito contemporáneo)

Introducción

Los fenómenos aéreos no identificados (UAPs, anteriormente conocidos como OVNIs) han sido durante décadas un espejo del imaginario colectivo. Desde las icónicas naves con forma de disco que surcaron la conciencia pública tras el incidente de Roswell en 1947 hasta las enigmáticas luces evanescentes y orbes sin morfología definida reportados en la actualidad, los UAPs han mutado en paralelo con los cambios en las estructuras culturales, tecnológicas y epistemológicas de la sociedad. Este artículo propone que la evolución en las descripciones de los UAPs refleja un desplazamiento desde un paradigma mecanicista hacia uno digital y cuántico, influido por la revolución tecnológica y la popularización de conceptos científicos complejos en el discurso cultural. Desde una mirada sociológica, se analiza cómo esta transformación configura una nueva mitología contemporánea, profundamente entrelazada con la narrativa de la ciencia ficción, la cual no sólo refleja, sino que también alimenta el modo en que concebimos lo inexplicable.

De los discos voladores al imaginario cuántico: una transformación cultural

Los primeros reportes de OVNIs en la segunda mitad del siglo XX estaban dominados por una lógica mecanicista: las naves eran concebidas como extensiones tecnológicas sofisticadas, análogas a los avances en aviación y cohetería que simbolizaban el progreso humano. Esta forma de entender lo extraterrestre era profundamente antropocéntrica: las entidades que pilotaban estas máquinas eran humanoides, a menudo con cabezas grandes, ojos almendrados y una complexión estilizada, reflejando tanto nuestras proyecciones como nuestros miedos.

Estos relatos estaban en consonancia con una visión del universo regida por leyes mecánicas claras, propias del paradigma newtoniano. En este contexto, el fenómeno OVNI se enmarcaba como una anomalía tecnológica —una tecnología avanzada de otro mundo que, aunque desconocida, era inteligible en términos humanos. Este arquetipo se consolidó gracias a la explosión mediática y cultural de la ciencia ficción de la época, en particular a través de películas como The Day the Earth Stood Still (1951) o Close Encounters of the Third Kind (1977), que establecieron una estética clara del “otro” como tecnológicamente avanzado pero morfológicamente comprensible.

Ciencia ficción y retroalimentación simbólica

La ciencia ficción no solo sirvió como vehículo para popularizar la noción del visitante alienígena, sino que también ofreció un marco narrativo para comprender y asimilar los avistamientos. En palabras de Fredric Jameson, la ciencia ficción funciona como una “conciencia anticipatoria” que permite a las sociedades proyectar sus deseos y temores tecnológicos en escenarios hipotéticos. En este sentido, la ciencia ficción y los avistamientos de UAPs han estado en un proceso de retroalimentación constante: mientras los informes influenciaban la estética y la narrativa de la ciencia ficción, ésta devolvía una forma estructurada y visualmente codificada al fenómeno, alimentando la imaginación colectiva.

Esta relación simbiótica generó un lenguaje visual y narrativo que permitió dotar de sentido al fenómeno. Los encuentros cercanos, las abducciones, las sondas y las advertencias apocalípticas se convirtieron en motivos recurrentes que trasladaron el fenómeno UAP del campo de lo inexplicable al de lo narrativamente plausible, estableciendo una mitología moderna con sus propias reglas, arquetipos y símbolos.

Del paradigma mecanicista al imaginario digital y cuántico

Con el advenimiento de la revolución digital a finales del siglo XX, la tecnología dejó de ser exclusivamente tangible. Las computadoras, internet y posteriormente los algoritmos de inteligencia artificial introdujeron una nueva forma de pensar lo tecnológico: invisible, descentralizado, abstracto. En paralelo, la física cuántica —con sus nociones de incertidumbre, superposición, entrelazamiento— comenzó a permear el discurso cultural, no necesariamente en su forma técnica, sino como metáforas del caos, la multiplicidad y lo inefable.

Los UAPs contemporáneos reflejan este nuevo imaginario. Lejos de las máquinas mecánicas, los reportes ahora describen luces flotantes, orbes que cambian de forma, objetos sin contorno definido ni patrón claro de movimiento. Según datos del AARO y del NUFORC, una mayoría significativa de reportes actuales alude a fenómenos que no responden a la lógica mecánica tradicional. Estas descripciones resuenan con una estética cuántica, donde los objetos no tienen una posición fija ni una forma estable, sino que parecen existir en un estado fluido, apenas perceptible, como si fueran "fenómenos de software" antes que de hardware

Tecnologías de percepción y la reconstrucción de lo desconocido

El auge de tecnologías de vigilancia y registro —drones, cámaras de alta resolución, sensores infrarrojos— ha alterado la forma en que se observan y reportan los UAPs. Hoy, la experiencia del avistamiento no es necesariamente directa ni humana, sino mediada por aparatos que producen datos abstractos: puntos de calor, distorsiones, movimientos erráticos en un radar. En este contexto, la narrativa deja de ser antropocéntrica y se convierte en tecnocéntrica: lo que importa no es la interacción con seres, sino la interpretación de datos digitales ambiguos.

Esta mutación ha desplazado el foco desde el “encuentro cercano” hacia el “registro anómalo”, creando una narrativa que se alinea con la estética contemporánea de la vigilancia, la información opaca y los sistemas autónomos. El informe del AARO de 2024, por ejemplo, detalla 49 casos de UAPs identificados como drones o globos, lo que ilustra cómo los límites entre tecnología humana y fenómeno inexplicado se han vuelto difusos.

Apropiación cultural de la mecánica cuántica

Aunque la mecánica cuántica es una disciplina altamente técnica, sus conceptos han sido traducidos y vulgarizados en el discurso popular como símbolos de misterio y trascendencia. El lenguaje cuántico ha sido incorporado por la ciencia ficción reciente —como en Interstellar (2014) o Arrival (2016)— y ha dado forma a una nueva manera de pensar lo extraterrestre: no como otro “ser”, sino como otra “forma de existencia”.

Esta abstracción se traduce en una estética visual menos definida, más simbólica, y en un lenguaje que recurre a lo efímero, lo cambiante, lo inasible. En estudios recientes (Roeper & Roeper, 2024), los informes de avistamientos muestran una creciente tendencia hacia la descripción de fenómenos como “morfología variable” o “transiciones de fase”, términos más propios de la física que del relato clásico de avistamiento. La apropiación cultural de lo cuántico así se convierte en una herramienta para significar lo inexplicable en un nuevo marco narrativo.

La desaparición de los “encuentros cercanos”

Mientras que en las décadas de 1960 y 1970 abundaban los relatos de contacto con seres extraterrestres, en la actualidad estos encuentros han virtualmente desaparecido del registro institucional y popular. Esta ausencia no es azarosa, sino que responde a un cambio en la forma en que se construye lo desconocido. En una cultura hiperconectada y mediada tecnológicamente, el testimonio humano ha perdido autoridad frente al dato digital. Como sugiere Giddens (1991), en la modernidad tardía el “yo” se reconstruye constantemente en relación con los sistemas expertos, y en este caso, los sensores y tecnologías se han convertido en los nuevos “testigos de lo real”.

Hacia una mitología en constante mutación

Los UAPs no son únicamente un misterio físico, sino también un fenómeno cultural, un reflejo de cómo una sociedad imagina sus límites epistémicos y ontológicos. Desde una perspectiva sociológica, siguiendo a Berger y Luckmann (1966), podemos entender los UAPs como parte de la construcción social de la realidad: una narrativa negociada entre lo material (tecnología, ciencia) y lo simbólico (cultura, imaginación).

Esta mitología contemporánea no es estática, sino que se transforma en función de las condiciones culturales de cada época. La institucionalización del tema, como muestra el papel del AARO, implica una redefinición del capital cultural que rodea a los UAPs: ya no son tema de "locos" o “conspiranoicos”, sino de análisis técnico y científico, aunque la ambigüedad persista.

Conclusión

La evolución de los UAPs —desde platillos voladores y humanoides hasta orbes cuánticos y luces digitales— refleja mucho más que un cambio en la fenomenología del cielo: revela una transformación profunda en cómo las sociedades contemporáneas construyen el misterio. En el cruce entre ciencia, tecnología y cultura, los UAPs son un puente entre lo que podemos nombrar y lo que se resiste a ser comprendido bajo los marcos tradicionales del saber. En este tránsito del paradigma mecanicista al digital y cuántico, los UAPs se convierten en un prisma a través del cual observar la evolución del imaginario social en la era contemporánea.

Lejos de ser un mero entretenimiento marginal, el fenómeno UAP ha adquirido el estatus de un mito moderno en constante reformulación. Su estética ya no responde únicamente a la lógica de la tecnología mecánica ni al arquetipo del extraterrestre antropomorfo, sino que encarna los dilemas existenciales y epistemológicos de nuestra época: la incertidumbre, la pérdida de anclajes ontológicos, la descentralización de la experiencia humana y la multiplicidad de verdades posibles.

Desde una perspectiva sociológica, esta transformación pone en evidencia cómo el conocimiento científico, la producción cultural (especialmente la ciencia ficción) y las innovaciones tecnológicas co-construyen la percepción de lo “real”. La ciencia ficción no solo anticipa formas de vida y contacto, sino que también actúa como vehículo para digerir cognitivamente lo que los datos no pueden explicar del todo. A su vez, los informes oficiales y los registros institucionales —como los del AARO— aportan legitimidad a un discurso que, décadas atrás, pertenecía a los márgenes del pensamiento racional.

En última instancia, los UAPs se presentan como una forma de mitología adaptativa: una narrativa flexible que absorbe los lenguajes dominantes de cada época —mecánico, digital, cuántico— para seguir expresando la misma pregunta de fondo: ¿qué hay más allá de lo que conocemos

Implicaciones sociológicas y líneas futuras de investigación

Este análisis nos invita a considerar que los UAPs no deben estudiarse únicamente como fenómenos físicos, sino como construcciones sociales y culturales que condensan ansiedades, deseos y horizontes epistemológicos de una sociedad en transformación. En el "mercado de significados" descrito por Bourdieu (1986), el relato sobre los UAPs se convierte en un bien cultural negociado, cuya legitimidad depende del contexto tecnológico, científico y mediático en el que circula.

Futuras investigaciones podrían explorar cómo el acceso a la tecnología influye en la distribución geográfica y social de los reportes, o cómo los marcos ideológicos condicionan la interpretación de los avistamientos. También sería pertinente estudiar la dimensión ritual y comunitaria de los UAPs en plataformas digitales, donde usuarios comparten videos, teorías y experiencias en una suerte de liturgia secular del misterio.

En un mundo cada vez más regido por lo intangible —datos, algoritmos, inteligencias artificiales— los UAPs actúan como un recordatorio de que lo inexplicable persiste, y que nuestras formas de imaginarlo seguirán evolucionando a medida que cambian nuestras herramientas para mirar el cielo

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