21/07/2026
Desde la Psicología Social Crítica argentina y latinoamericana, el conflicto ocurrido en Salta —en el que sectores del Colegio de Psicólogos manifestaron su rechazo a la incorporación de psicólogos sociales en los Equipos de Orientación Escolar (EOE)— puede analizarse mucho más allá de una disputa corporativa. Si bien los detalles institucionales y jurídicos del caso todavía forman parte de un debate en desarrollo, el episodio abre interrogantes sobre los modelos de salud, educación y producción de conocimiento que están en juego.
¿Qué se está disputando realmente?
Desde una mirada pichoniana, la pregunta no debería ser únicamente "¿quién puede ocupar un cargo?", sino:
¿Qué concepción de sujeto sostiene cada posición?
¿Qué modelo de escuela se está defendiendo?
¿Qué tipo de intervención requieren hoy las instituciones educativas?
Para Enrique Pichon-Rivière, la salud mental nunca es exclusivamente individual. Es un producto histórico, social y vincular. Por eso, reducir los problemas escolares a un abordaje exclusivamente clínico implica desconocer que la escuela es un entramado de grupos, instituciones, conflictos sociales y procesos de aprendizaje.
En otras palabras, el conflicto no gira únicamente en torno a un título profesional, sino sobre diferentes maneras de comprender el sufrimiento humano.
La lógica corporativa como obstáculo epistemológico.
La Psicología Social Crítica invita a analizar los intereses institucionales que atraviesan toda práctica.
Pichon-Rivière afirmaba que toda institución genera mecanismos de conservación.
Schvarstein agrega que las organizaciones tienden a defender su identidad mediante mecanismos de cierre que muchas veces aparecen bajo el discurso de la "calidad profesional", aunque también puedan expresar disputas de poder.
Desde esta perspectiva, el conflicto puede leerse como un emergente institucional donde aparecen:
defensa de incumbencias;
disputas por reconocimiento;
luchas por espacios laborales;
control del saber legítimo.
No se trata de negar que existan incumbencias profesionales diferenciadas, sino de preguntarse cuándo la defensa profesional se transforma en corporativismo.
El paradigma latinoamericano del trabajo interdisciplinario
La tradición latinoamericana (Pichon-Rivière, Paulo Freire, Ignacio Martín-Baró, Maritza Montero) propone una idea distinta del conocimiento.
Ninguna disciplina alcanza por sí sola para comprender la complejidad social. Los problemas escolares actuales incluyen:
violencia; consumos problemáticos; exclusión; bullying; pobreza;
salud mental; vínculos familiares; conflictos institucionales.
Estos fenómenos son simultáneamente: psicológicos, sociales, pedagógicos, comunitarios, culturales.
Por eso la respuesta no puede ser disciplinaria sino interdisciplinaria.
El riesgo del monopolio del saber. Martín-Baró advertía que las profesiones pueden transformarse en aparatos reproductores del orden social cuando monopolizan la interpretación de la realidad.
La Psicología Social crítica sostiene exactamente lo contrario: ningún saber posee el monopolio del sufrimiento humano.
El sufrimiento social excede cualquier disciplina.
Cuando una profesión pretende constituirse como única voz autorizada para intervenir sobre la subjetividad, aparece un riesgo de clausura epistemológica.
La escuela como grupo operativo
Para Pichon-Rivière, la escuela no es solamente una institución educativa. Es un enorme grupo operativo atravesado por: ansiedades; roles; emergentes; resistencias; comunicación; aprendizaje; vínculos.
El trabajo del psicólogo social justamente consiste en leer estos procesos. No reemplaza al psicólogo clínico. Trabaja sobre otra dimensión: dinámica grupal; vínculos institucionales; comunicación;
conflictos; procesos de aprendizaje; construcción comunitaria.
Son funciones diferentes, aunque complementarias.
Una mirada decolonial
Autores como Enrique Dussel y Rodolfo Kusch permiten profundizar aún más el análisis.
En América Latina existe una tendencia histórica a legitimar únicamente los saberes que reproducen modelos europeos o norteamericanos.
La Psicología Social argentina nació justamente cuestionando ese paradigma.
Pichon-Rivière construyó una disciplina profundamente latinoamericana, donde la transformación social tiene prioridad sobre la mera adaptación del individuo.
Desde esta perspectiva, excluir disciplinas críticas puede significar también limitar enfoques alternativos para comprender la realidad educativa.
¿Qué necesita hoy la escuela? La pregunta quizás debería desplazarse.
No:
"¿Qué profesión tiene derecho exclusivo a intervenir?"
Sino:
"¿Qué equipos necesitan hoy las escuelas para responder a problemas cada vez más complejos?"
La evidencia acumulada sobre convivencia escolar, violencia, salud mental y aprendizaje muestra que las problemáticas educativas requieren enfoques integrales y trabajo interdisciplinario.
Una reflexión desde el ECRO pichoniano
Desde el ECRO de la Psicología Social argentina, este conflicto puede entenderse como un **emergente** que revela tensiones más profundas: entre interdisciplinariedad y corporativismo; entre cooperación y competencia profesional; entre modelos clínicos e institucionales; entre la defensa de privilegios y la construcción colectiva del derecho a la educación; entre una lógica centrada en las profesiones y otra centrada en las necesidades de las comunidades educativas.
Desde una ética pichoniana, la pregunta fundamental no es quién ocupa un lugar, sino qué configuración de saberes permite acompañar mejor a niñas, niños, adolescentes, docentes y familias. El desafío no consiste en sustituir unas disciplinas por otras, sino en construir equipos donde cada profesión aporte desde su especificidad, reconociendo que la complejidad de los problemas sociales exige cooperación antes que exclusividad. En ese sentido, el verdadero adversario no es otra profesión, sino toda forma de fragmentación del conocimiento que obstaculice una respuesta integral a las necesidades de la comunidad educativa.