13/10/2025
La Reforma Laboral de Milei es a la Carta y en la mesa del Poder Económico.
Omar Rombolá para Karne de Máquina
Siguiendo el mandato del FMI y el empresariado, construyendo una vez más una alianza con Macri, la oposición política y la CGT, el gobierno se apresta a destruir derechos históricos de la clase trabajadora.
El sueño mojado de Paolo Rocca
El gobierno de Javier Milei, con un renovado acuerdo con el PRO y la bitácora del Fondo Monetario Internacional y el empresariado, ha lanzado una nueva ofensiva para reconfigurar el trabajo y la vida bajo los imperativos del capital.
La “reforma laboral integral” presentada en Sidersa, los decretos que restringen el derecho de huelga y transforman la indemnización en un “seguro de desempleo” individual son parte de un mismo proyecto: disolver las formas colectivas en la clase obrera y consolidar una sociedad donde toda relación social se someta al cálculo del mercado.
Ya Paolo Rocca, titular del Grupo Techint, se había referido al tema, utilizando la metáfora de la necesidad de llevar adelante un “Reset de la Argentina”.
Pero el ataque no se limita a los decretos o las leyes: su verdadera eficacia depende de neutralizar a la clase trabajadora como sujeto autónomo.
Por eso, mientras se reprimía y se reprime a Jubilados, al colectivo de discapacidad, a los y las trabajadores de la salud y otros sectores, la CGT fue y es partícipe del Consejo de Mayo, un espacio de “diálogo multisectorial” que busca transformar el conflicto de clases en una negociación institucional.
El gobierno necesita de los sindicatos dóciles, capaces de garantizar paz social mientras se destruyen los últimos restos de la legislación laboral conquistada en un siglo de lucha.
Es la rancia burocracia Sindical siempre presta a entregar derechos obreros al Capital en el altar de sus intereses de Casta.
Los cinco puntos dónde se concentra la reforma laboral de Milei y los grupos concentrados de poder
La llamada modernización de los convenios colectivos que impulsa el gobierno no busca otra cosa que adaptar las relaciones laborales a la lógica de la rentabilidad empresarial y la desregulación neoliberal. Bajo el discurso de la “actualización” y la “flexibilidad”, se intenta desarticular uno de los pocos espacios donde los trabajadores conservaban un poder de negociación colectiva: los convenios que, aunque envejecidos, fueron fruto de luchas concretas y conquistas sociales. Hablar de reemplazar “estructuras obsoletas” significa, en realidad, desplazar a la clase trabajadora de su lugar como sujeto político para convertirla en mera variable de ajuste.
Las nuevas “negociaciones” se darán en el marco de una feroz ofensiva del capital, las patronales en sociedad con el Estado y la burocracia sindical, junto a la amenaza del desempleo, impondrán sus condiciones. La “creación de empleo” se transforma así en chantaje: trabajo sí, pero sin derechos.
El banco de horas laborales, presentado como un mecanismo moderno y eficiente, es otro dispositivo de control patronal. Permite al empleador distribuir las horas de trabajo según las fluctuaciones del mercado, borrando la frontera entre tiempo de vida y tiempo de producción. La jornada laboral deja de ser un límite para convertirse en un recurso flexible al servicio del capital. En nombre de la productividad, se diluye el derecho al descanso y a la organización del tiempo propio. Así solo existe la decisión de la empresa sobre el tiempo libre del trabajador, sometiendo a los trabajadores a un régimen full time de hecho.
Bajo la consigna de eliminar la “industria del juicio laboral”, el gobierno apunta en realidad contra cualquier defensa legal de los trabajadores. La crítica a los “caranchos laboralistas” funciona como cortina de humo para justificar la desprotección judicial frente a los abusos patronales. Reducir las tasas de interés de las sentencias equivale a consolidar la impunidad empresarial. Las pymes son utilizadas como excusa para un ataque estructural a la tutela laboral, que deja al obrero librado a su suerte en un sistema donde el despido barato es norma y la precariedad, destino.
La digitalización de los procesos registrales, aunque se presenta como simplificación burocrática, encubre una nueva forma de informalización. La eliminación de intermediarios profesionales puede parecer un avance, pero en manos de un Estado que se desentiende de la fiscalización y la protección, solo facilita la fragmentación del trabajo y la pérdida de derechos. La tecnología se convierte, una vez más, en herramienta de control y de desplazamiento de responsabilidades: el trabajador, convertido en microempresario de sí mismo, debe asumir los costos y riesgos que antes correspondían al empleador o al Estado, el monotributismo es la forma de eliminar la relación de dependencia y de esa Forma reconfigurar las relaciones laborales.
Algunos dirán acertadamente que el monotributismo ya existe y es aplicado no solo por los empresarios sino por el Estado mismo, sin embargo, hoy es una práctica ilegal, que se configura como fraude laboral, el trabajador tiene derecho frente a la misma a realizar juicio, esa es la molestia que Milei y el empresariado quieren eliminar, buscan por lo tanto legalizar el fraude laboral.
Finalmente, detrás de la llamada libertad en los contratos laborales y del discurso de la libertad se esconde la disolución del marco colectivo: cada trabajador negocia solo, en condiciones de desigualdad extrema.
En un país atravesado por la inflación y la dolarización de hecho, esta medida consolida la dependencia del salario respecto de la especulación financiera.
La capacidad de los trabajadores de organizarse, deliberar y decidir sobre su vida laboral es reemplazada por una falsa libertad contractual que consagra la subordinación individualista.
En conjunto, la reforma laboral de Milei no representa una “modernización” sino una vuelta de rosca del poder empresarial, envuelta en un lenguaje tecnocrático y libertario. Es un intento por clausurar la dimensión política del trabajo, desmontar los espacios de resistencia y aislar a cada trabajador en una relación individual con el capital.
Frente a esta ofensiva, la acción de los trabajadores no puede reducirse a la defensa nostálgica del viejo orden sindical, sino que debe reinventarse como práctica colectiva, horizontal y combativa, capaz de disputar el sentido mismo del trabajo y la vida.
El pacto de la Casta Milei–Macri-y la oposición
La última derrota electoral en provincia de Bs As le plantea nuevamente a Milei la necesidad de volver al pan rallado y las milanesas.
La alianza entre Milei y Macri representa la fusión entre el liberalismo autoritario y la vieja Casta tecnócrata del empresariado local. Bajo la excusa de “modernizar los convenios colectivos”, se pretende reinstalar una relación laboral sin derechos colectivos, donde el trabajador se conciba como un “emprendedor de sí mismo”. La supuesta “flexibilidad” no es más que la institucionalización de la precariedad: banco de horas, contratación informal y limitación del derecho de huelga.
Es la misma agenda que el capital local y el FMI vienen impulsando desde hace décadas. La novedad no está en las medidas, sino en la profundidad de la ofensiva: la eliminación del fuero laboral, con sindicatos que son gestores de convenios adaptados a la productividad.
La vieja consigna neoliberal de los noventa —“bajar el costo laboral”— reaparece con una estética libertaria y un discurso de “austeridad estatal”, pero su núcleo es el mismo: incrementar la tasa de ganancia Capitalista.
En esta cruzada contra los derechos obreros también debemos anotar a otros actores, sectores del peronismo que ya le han votado a Milei, por ejemplo, la Ley bases, el Radicalismo que, con Rodrigo De Loredo a la cabeza, cuya actitud rastrera da vergüenza ajena y amerita tener una palangana a mano para vomitar, vota a favor de lo que presente el Gobierno de Milei sea lo que sea.
Pero tenemos también el “Otro Radicalismo”, el de Martín Lousteau, coautor con Larreta de la Ley que proponía la “eliminación de las indemnizaciones” cuando era un legislador del espacio que encabezaba Macri.
Y tenemos también las palabras de Cristina Fernández de Kirchner que reconocía la necesidad de “aggiornar” la legislación laboral a los tiempos que corren, o que encontraba la legitimidad de la motosierra en los paros o las licencias docentes y en algunas fallas en la atención del público por parte de los empleados estatales.
La CGT: contención institucional y traición orgánica
La respuesta de la CGT confirma su papel histórico como burocracia de Estado, no como herramienta de lucha. Lejos de impulsar una respuesta unificada frente al ajuste, su conducción aceptó sentarse con el gobierno en el Consejo de Mayo mientras se reprimen movilizaciones y se recorta el derecho de huelga. Lo hace en nombre del “diálogo social”, pero en la práctica legitima una reforma laboral que destruye la negociación colectiva que dice defender.
Esta cooptación no es un accidente. La CGT hace décadas funciona como institución de gestión del trabajo asalariado, mediando entre los intereses del capital y sus propios intereses de Casta y las demandas obreras.
Es parte del aparato que mantiene el orden burgués dentro de las fábricas y las oficinas. Por eso, cuando las bases se mueven, la burocracia actúa para aislar y desactivar la lucha, temerosa de que la acción directa reabra la posibilidad de acciones autónomas de los trabajadores.
El “diálogo” que propone Milei con la CGT es el rostro amable del despojo: el Estado reconoce a los sindicatos sólo en tanto contengan la conflictividad, no como representantes de una fuerza social independiente. Así, el gobierno puede presentarse como liberal y “anti-casta” mientras se apoya en la vieja maquinaria sindical para administrar la paz social que necesita el capital y en la casta de los partidos tradicionales (PJ, PRO, Radicales y Partidos Provinciales).
La autoorganización de los trabajadores como horizonte de ruptura, volver a hablar en nombre propio
Frente a esta doble trampa —la represión estatal y la negociación de los políticos y los sindicalistas cooptados— se impone la necesidad de una reorganización de clase desde abajo, basada en la autoactividad de los trabajadores. Las ocupaciones, asambleas y coordinaciones son hoy los embriones de una práctica distinta: una práctica que no delega, que no espera, que no negocia su propio sometimiento, confluyendo con los Sindicatos, seccionales o cuerpos de delegados que estén dispuestos a dar esta pelea.
No se trata de un planteo utópico, sino de una necesidad histórica ante un capitalismo que destruye el tejido social con la intención de llegar al hueso.
Una verdadera fantasía es delegar la defensa de nuestros derechos y nuestro futuro en la CGT o en el Congreso Nacional
Créditos
El anuncio de Milei sobre una reforma laboral puso en alerta a la CGT, que teme el desembarco del PRO en Trabajo
Ricardo Carpena
https://www.infobae.com/politica/2025/10/11/el-anuncio-de-milei-sobre-una-reforma-laboral-puso-en-alerta-a-la-cgt-que-teme-el-desembarco-del-pro-en-trabajo/
Acto en Sidersa
Los 5 puntos claves de la reforma laboral que anunció Javier Milei
El presidente Javier Milei encabezó un acto en Sidersa en San Nicolás, donde ratificó un proyecto de reforma laboral y tributaria.
De Mundo Gremial
https://mundogremial.com/los-5-puntos-claves-de-la-reforma-laboral-que-anuncio-javier-milei/
La burocracia sindical cegetista banca a Milei y asiste al Consejo de Mayo: mientras, más de 70 organizaciones marchan contra el gobierno. ANRED
https://www.anred.org/la-burocracia-sindical-cegetista-banca-a-milei-y-asiste-el-consejo-de-mayo-mientras-mas-de-70-organizaciones-marchan-contra-el-gobierno/