11/12/2025
Mendoza, el agua y una lucha que no se detiene
En la columna ambiental de hoy, Guillermo Folguera volvió de Mendoza con este panorama: el avance del proyecto minero San Jorge, el silenciamiento de sectores clave y una ciudadanía que, lejos de resignarse, sigue organizándose para defender el territorio y el agua.
Un dato no menor que trajo Guillermo: cinco legisladores del PJ se sumaron al voto afirmativo de la ley, una decisión que debe señalarse, porque evidencia cómo, más allá de los discursos, los acuerdos políticos atraviesan todas las fuerzas. Y una vez más, la movilización social termina siendo el verdadero motor de resistencia. La ausencia de reacción de la industria vitivinícola —uno de los sectores más poderosos de la región— abre una grieta que habla de otra cosa: extranjerización, concentración y posibles acuerdos que no se dicen pero se sienten.
El agua es un punto de quiebre transversal: no distingue ideologías, territorios ni sectores sociales. Sin embargo, los silencios pesan. También la Cámara de Turismo guardó silencio. Algo difícil de entender cuando hablamos de un recurso que, si se contamina o se agota, afecta absolutamente a todos.
El cobre, eje del proyecto San Jorge, no usa cianuro —como se suele aclarar—, pero emplea otros químicos altamente contaminantes y requiere cantidades descomunales de agua. En una provincia donde la cuenca del río Mendoza ya está bajo tensión, donde el río Blanco —en Potrerillos— pasó de ser un caudal fuerte a un hilito de agua, ¿cómo pensar que este avance no es parte de un proceso de despojo?
A esto se suma el acuerdo con Mekorot, la empresa estatal israelí que introduce un esquema de “exclusividad del agua”. Un modelo que despierta alarmas: cuando el agua se contamina, no hay forma de “limpiarla”. Y las consecuencias no son abstractas: impactan en la ciudad, en el agro, en la producción vitivinícola, en el turismo, en la vida cotidiana.
Recordar 2019 es inevitable. Tras una pueblada histórica que logró frenar la reforma de la Ley 7722, el hecho de que Cornejo retome ahora el impulso al proyecto San Jorge —con una empresa cuestionada por corrupción, sobornos y violaciones a los derechos humanos— muestra que los intereses extractivos nunca descansan.
En Uspallata, el primer municipio afectado, ya hubo reuniones entre asambleas y vecines, preparando lo que se viene. A lo largo de Mendoza, columnas caminaron por 24 horas articulando localidades enteras. Y la noche misma en que el Senado aprobó la ley, las calles se llenaron de rechazo. La distancia entre dirigencia y sociedad nunca fue tan evidente.
Estos conflictos no son nuevos en Argentina: muchas de las luchas contra la megaminería se dieron por fuera de lo legislativo. Famatina es el ejemplo más claro: resistencias que nacieron desde lo comunitario, lo territorial, lo cotidiano. Luchas que no esperan el permiso de ningún expediente.
Hoy se abre un escenario complejo, intenso, donde el pueblo se está expresando en las calles, y donde las tensiones vuelven a crecer. Esta pelea conecta con otras: la Ley de Glaciares, el freno a las salmoneras, las fumigaciones a metros de zonas urbanas. Porque en el fondo hablamos siempre de lo mismo: la defensa del territorio, de la vida, del agua.
Mendoza tiene muchos proyectos mineros en carpeta. Si San Jorge avanza, detrás vendrá una ola difícil de contener. Ya lo vimos en San Juan. Por eso esto no es solo un conflicto local: es una señal nacional, regional, global.
En febrero estaremos con Puentes de Aguas en Uspallata, acompañando este proceso y sumando miradas desde la cultura, la comunidad y el arte. Porque la defensa del agua también se teje desde ahí: desde lo colectivo, lo sensible, lo que emociona y sostiene.
Mendoza está dando pelea.
Seguiremos acompañando.
Nos encontramos el próximo jueves en Semillas en la Ciudad.
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Jueves de 10 a 11hs.
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Produccion Mundo Ro