04/11/2017
“España, mañana, será republicana” gritaban cientos de personas en la plaza de La Escandalera, a escasos 100 metros del teatro donde los Reyes, premiados y autoridades políticas eran fotografiados a su llegada al Teatro Campoamor, en Oviedo, una pequeña ciudad al noroeste español.
Los Premios Princesa de Asturias, ocho reconocimientos anuales destinados a galardonar la labor científica, técnica, cultural, social y humanitaria realizada por personas o instituciones en el ámbito internacional, son una cita clásica de la agenda otoñal española. Clásica también se ha vuelto la manifestación en su contra. Este año, la protesta era “más necesaria que nunca” ante la entrega del premio de la Concordia a la Unión Europea, según la convocatoria en redes sociales.
“Sesenta años después de la firma del Tratado de Roma, la UE representa un modelo único de integración política supranacional con base en una asociación pacífica, progresiva y libre de sus miembros”, leyó el jurado de la Fundación Princesa en relación al premio a la Concordia 2017. Se alega también a su labor implantando y difundiendo valores como la libertad, los derechos humanos, el estado de derecho y la solidaridad.
“¿Qué solidaridad, quė derechos humanos?” se preguntaban los manifestantes convocados en Oviedo el viernes 20 de octubre. “La Europa de las alambradas no se merece un premio” se leía en una pancarta. Y más: “6.000 sueños ahogados. Europa Calla”, “Acoger es natural” y “La vergüenza no merece un premio”, todas haciendo referencia a la llamada “crisis de refugiados” del continente europeo.
Miles de personas han huido de sus hogares a Europa, esperando trámites burocráticos que no llegan y resistiendo en condiciones infrahumanas en campos de refugiados. La Unión Europea no se ha lucido en su gestión de la situación. España, por su parte, se comprometió a acoger a 15.888 personas entre septiembre de 2015 y 2017. A día de hoy, se ha dado asilo a 1.983 personas, menos del 13%.
Los medios hablan de crisis, los partidos de derecha de invasión migratoria. Etiquetas aparte, el mensaje de la Escandalera fue claro: la situación actual no merece un premio.