06/12/2025
AMARCORD (RECUERDO)
Fotos con Historia
SALLY FIELD: DETRÁS DE LOS ANTEOJOS, EL MECHÓN
Y LA SONRISA, ESA EX “MONJITA VOLADORA”, AHORA
CONVERTIDA EN UNA GUERRERA LLAMADA NORMA RAE
Cannes. Mayo de 1979. Trigésima segunda edición del mayor festival cinematográfico del mundo y alrededores. Es la víspera de la jornada de clausura, cuando se anunciarán los títulos y nombres ganadores de los premios votados por el jurado oficial, presidido -nada menos- por la ilustre Francoise Sagan. La soñada Palma de Oro será entonces compartida por “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola, y “El Tambor de Hojalata”, de Volker Schlöndorff. El “Prix Special” recaerá en “Siberiade”, de Andrei Konchalovsky. Como Mejor Director será ungido Terrence Mallick, por “Días de Cielo”. Mejor Actor: Jack Lemmon, por “El Síndrome de China”. Mejor Actriz: Sally Field, por “Norma Rae”. Nada (malo) para decir. Mucho (muchísimo) para aplaudir.
Ese día anterior al de su gran noche, la inminente ganadora del premio de interpretación femenina acepta que la entreviste en el restaurante de la playa del Hotel Martinez (así, sin acento), uno de los grandes albergues del boulevard costero La Croisette históricamente elegidos para alojar a las mayores “vedettes” de cada celebración del “Festival International du Film”. Después de la charla, también almorzaremos juntos, allí mismo, un delicioso “buffet froid de campagne”. Y hasta brindaremos por una simpática coincidencia: Sally y yo somos, ambos, escorpianos, y de noviembre: ella del 6; yo, del 13.
Aunque sigue pesando, ¡y tanto!, el recuerdo de su “alada” Hermana Bentrille de la millonaria serie “La Novicia Voladora” (que sumó tres temporadas en la década anterior, y nunca dejó de reexhumarse en todos lados), el diálogo arranca, obviamente, por esa fogosa he***na de “Norma Rae”. El film del siempre fibroso Martin Ritt que resucita, con los nombres cambiados, la historia de aquella mujer, madre soltera y enérgica trabajadora textil, que, en 1974, y en Carolina del Norte, dio el valeroso puntapié inicial para la revolucionaria creación del Sindicato de Obreros del Vestido y Textiles.
- Fue increíble que alguien tan severo y meticuloso como Martin se fijara en mí, cuando yo, en general, venía de un cine de asuntos y personajes livianos. Pero cuando me citó, antes de las pruebas, charlamos muy en profundidad, y pienso que mis credos íntimos lo convencieron tanto o más que mis demostraciones ante la cámara.
- ¿Algo que recuerde especialmente de esa conversación?
- Recuerdo perfectamente una definición que le di sin que me la pidiera. Le dije que me irritaba profundamente que nuestro país fuera tan esquemático en su apreciación de lo sexual. Que para los Estados Unidos el ideal de la mujer “sexy” exija tener veintidós años, piernas largas y pelo rubio. ¿Y el humor? ¿Y la inteligencia? ¿Y la calidez? No: todo pasa por el escote.
- Norma Rae, además de abnegada y peleadora, es una mujer que podría calificarse como anticonvencionalmente “sexy” …
- ¡Y cómo! El fuego y la fuerza también tienen su seducción. Aunque a veces en mi interpretación fui demasiado lejos…
- ¿Cuándo?
- Al filmarse la escena en que me arrastran para meterme dentro del coche patrullero, resistí con tanta intensidad, y le pegué tan duro al actor que hacía de policía, que le rompí una costilla. Y lo mandé al hospital...
- ¡Eso es realismo! ¿Fuera de cámaras también luce ese temperamento?
- Usualmente, sí. Dos ejemplos. Pese al éxito que tuvo “La Novicia Voladora”, me sentía maltratada por sus productores. Pudo más mi enojo que el contrato: por eso no hubo cuarta ni quinta temporada. En cambio, mi serie anterior, “Gidget”, que tardó un año en conseguir audiencia, me recompensó con hermosas vivencias en el rodaje.
- ¿Y el otro ejemplo?
- El primer representante que tuve, de entrada, me dijo: “Vamos a tener que trabajar mucho, porque sinceramente no creo que de momento tengas un destino en la pantalla”. ¿Qué le respondí? “Estás despedido”.
- ¿Después de “Dos Pícaros con Suerte” y “Hooper”, su pareja ideal para el cine sigue siendo Burt Reynolds?
- Sí, y ya estamos filmando la secuela de la primera. También, quizá lo sepa, hemos vivido nuestra “love story” personal…
- Ya que lo menciona…
- No nos hemos casado, aún. Pero Burt tiene lo que me gusta: humor, honestidad y bigote. Claro, hay mucho más. Pero esa trilogía suma.
Sally Field y Burt Reynolds nunca llegarían al altar (ni al civil). Pero el día después de nuestro encuentro ella ganó su premio en Cannes. Y ese mismo, apabullante desempeño en la imprescindible “Norma Rae” al año siguiente le ofrendaría el Oscar, el Golden Globe y todos los premios mayores de su país proyectados sobre el cine nacional.
Por mi parte, me fui del soleado almuerzo con la ex monjita televisiva y voladora recordando su declaración de guerra en la escena culminante de la película donde se diplomó como actriz gigantesca:
“¡Olvídense! De aquí no me muevo. ¡Van a hacer falta usted, todo el Departamento de Policía, los bomberos y la Guardia Nacional para llevarse a Norma Rae Webster!”
Afectuosamente,
CARLOS MORELLI