13/10/2025
En Argentina, a partir del último cuarto del siglo XIX, la elite científica dominante representada por el perito Moreno y sus colaboradores, va a instalar las tesis raciales mediante las cuales caracterizar a los pueblos nativos del territorio bajo el prisma de la antropología colonial. Salvajismo, barbarie, primitivismo, freno al progreso, obstáculo a la civilización, inferioridad racial, fósiles vivientes, etc., serán calificativos empleados indistintamente para definir a un conjunto de sociedades nativas muy heterogéneas, con una distinta organización social y cultural, pero consideradas todas simplemente como “indios”. Como estos dos muchachos selk'nam capturados en Ushuaia en 1896 y fotografiados por Fernand Lahille del Museo de La Plata.
Estas tesis antropológicas serán las esgrimidas por el Estado, tanto chileno como argentino, para la asimilación forzosa de las poblaciones originarias o, en caso de resistencia, para su aniquilación sin muchos miramientos. El indígena vencido se convierte así en trofeo y objeto para estudiar en los rutilantes nuevos museos, mientras que sus tierras, un inmenso espacio vaciado violentamente de sus ancestrales habitantes, permitirán a un reducido grupo de empresarios concluir suculentos negocios.
Pero que nadie crea que esta era la visión única de la época. Georg Gerland escribía ya en 1868: “No existe ninguna ley natural por la cual los pueblos indígenas deban desaparecer. Si los derechos de los nativos fuesen respetados, seguirían viviendo”.