01/09/2026
Yuval Noah Harari volvió a cuestionar la propuesta de Javier Milei y Federico Sturzenegger para crear empresas gestionadas por inteligencia artificial. Advirtió que estas corporaciones podrían acumular recursos, tomar decisiones autónomas e influir sobre la economía y la política, mientras la responsabilidad humana por sus actos podría quedar diluida.
Pero la discusión también expone otra contradicción. Sturzenegger habló de cobrarles una “tasa atractiva” y Milei prometió ofrecerles un entorno fiscal privilegiado para que se radiquen en Argentina. Ese beneficio todavía no fue aprobado ni tiene una alícuota definida, pero marca las prioridades del Gobierno.
Mientras proyecta ventajas para empresas automatizadas que no generarían empleo, las compañías argentinas que ya producen y contratan trabajadores soportan Ganancias, IVA, Ingresos Brutos, impuesto al cheque, tasas municipales y cargas laborales. Muchas luchan para mantenerse abiertas y modernizarse.
Está bien abrir las importaciones para aumentar la competencia, la variedad y mejorar los precios. Pero competir no significa abandonar a la industria nacional con impuestos elevados y maquinaria atrasada.
También hacen falta créditos productivos, incentivos fiscales y facilidades para incorporar tecnología y renovar equipos.
No se trata de proteger indefinidamente empresas ineficientes, sino de permitirles competir en igualdad de condiciones. La industria genera trabajo, tecnología, exportaciones y autonomía productiva: es una de las bases que hacen fuerte a un país.
Antes de diseñar beneficios para empresas sin trabajadores que todavía no existen, ¿por qué el Gobierno no les ofrece las mismas herramientas a las empresas argentinas que hoy producen y generan empleo?