17/08/2026
Guille Vanadía: el cuerpo como territorio para contar historias
Me di cuenta de que el teatro es el lugar en el que más segura me siento. Veo las capas de telas negras de esta sala y pienso en las capas de tantos universos que convivieron acá: obras, personajes, historias, cuerpos, voces.
Una palabra al entrar a la sala Luis de Tejeda: cosquilla.
Al costado derecho.
El público que todo lo ve. Que todo lo percibe. Que todo lo juzga.
Allí estamos nosotros, los espectadores, sentados de frente, esperando que salga el gran Mimo de Córdoba. El artista under, de los bares, de los semáforos, de los grandes y pequeños teatros, de los espacios independientes y oficiales. El artista que está a punto de salir a darle todo el sentido a este domingo.
El piano espera ser tocado. Espera ser vida en sonido, en esta sala de alfombras rojas y sillas de madera del Teatro del Libertador Córdoba Hoy, domingo 16 de agosto, Día de las Infancias, fui a ver Numeritos de Mimo, de Guille Vanadía
Y salí pensando que Guille es un gran mimo, pero es mucho más que eso. Guille es un poeta del cuerpo. Un narrador. Un contador de historias que no necesita palabras para decir muchísimo. O, mejor dicho, que encuentra en el gesto, la respiración, la mirada, cada músculo de la cara y cada movimiento del cuerpo una lengua propia.
Un verdadero creador de universos.
El espectáculo comienza casi a oscuras. Una luz azul.
Y entonces empieza el juego.
Después aparece Guille bajo una luz cenital, cálida, amarilla. Un cuerpo vestido de negro que empieza a narrar.
Y uno entiende rápidamente que ahí no hay solamente técnica de mimo: hay dramaturgia, poesía, música, composición, pensamiento y una enorme capacidad para transformar la simpleza en complejidad.
Un traje negro que, a medida que avanzan los números, también cuenta algo. Al final está transpirado, atravesado por el esfuerzo del cuerpo.
Y ese cuerpo no parece tener género: es, sencillamente, un cuerpo disponible para crear.
Para jugar.
Para narrar.
Para incomodar.
Para emocionar.
Numeritos de Mimo está construido a partir de pequeñas piezas que abren universos enormes.
Gracias Guille Vanadía