26/08/2026
🛑 ¿QUE CREEN USTEDES? ¿LA CIENCIA PUEDE EXPLICAR LA FE?
Editorial: ✍🏻 P./P. para El Eje-Periódico.
Otra vez, como cada fin de agosto, la pregunta vuelve a instalarse en la vereda, en la fila del banco, en el grupo de WhatsApp: ¿va a llegar la tormenta de Santa Rosa? Y otra vez, en Cruz del Eje, miramos para arriba con esa mezcla de fe y costumbre que tienen las tradiciones que nadie fundó pero que todos sostenemos.
La leyenda es conocida: en 1615, cuando una flota de piratas holandeses amenazaba Lima, Isabel Flores de Oliva, la que después el mundo conocería como Santa Rosa de Lima, convocó a las mujeres de la ciudad a rezar por su protección.
Cuenta la tradición que, en medio de esas plegarias, se desató una tormenta feroz que dispersó a los atacantes. Con los siglos, esa historia religiosa se transformó en creencia popular y viajó por buena parte de Sudamérica, hasta arraigar con fuerza particular en regiones como el Río de la Plata, Cuyo y Córdoba.
Acá, en Cruz del Eje, no somos la excepción, la tormenta de Santa Rosa es parte del calendario emocional del invierno que se va.
La ciencia no le pone nombre de santa a ningún fenómeno atmosférico. Lo que ocurre, explican los especialistas, es un proceso de transición estacional: hacia fines de agosto y comienzos de septiembre, el aire cálido y húmedo que empieza a subir desde el norte choca con las últimas coladas de aire frío del invierno. Ese choque térmico es el que arma las nubes de tormenta (las cumulonimbus) con ráfagas, actividad eléctrica y lluvias fuertes.
No hay milagro puntual para un día exacto, hay una ventana de varias semanas en la que la atmósfera, en gran parte del centro del país, está madura para tormentas.
Y ahí aparece el dato que le da algo de sustento estadístico al mito, sin volverlo verdad absoluta: en Buenos Aires, un análisis de más de un siglo de registros (1906-2018) mostró que en el 56% de los años se produjo alguna tormenta en la ventana de cinco días antes y después del 30 de agosto. Es decir, la tormenta de Santa Rosa "acierta" poco más de la mitad de las veces. La memoria colectiva se encarga de completar el resto, porque acordarse de las tormentas que llegaron es más fácil que acordarse de las que no.
Cruz del Eje, situada en la franja central donde el clima serrano amplifica los contrastes térmicos, suele estar del lado en que la leyenda tiene más oportunidad de cumplirse.
¿Por qué vale la pena escribir y hacer una editorial de esto? Porque la tormenta de Santa Rosa, más allá de la meteorología, dice algo de cómo una comunidad se cuenta a sí misma con el paso del tiempo.
Acá el invierno no se termina con un almanaque, se termina cuando cae esa tormenta que todos esperamos y de la que todos hablamos, hasta que finalmente el cielo se acomoda y empieza a asomar la primavera serrana.
Es, a su manera, una tradición oral que sigue viva, que atraviesa generaciones, y que convive sin problema con la explicación científica: sabemos que es aire cálido chocando con aire frío, y aun así seguimos llamándola tormenta de Santa Rosa, porque el nombre le da un relato a lo que de otro modo sería solo un dato de pronóstico.
Este año, como siempre, habrá que esperar para saber si la tormenta cumple con la cita. Llueva o no llueva el 30 de agosto, la costumbre ya ganó: nos hizo mirar el cielo con la misma pregunta que se hicieron nuestros abuelos, y eso, en tiempos en los que hay tan poco que parece sostenerse de una generación a la otra, ya es una cuestión de identidad compartida.
Foto: Albornoz Julio 👏🏻