08/01/2026
Cuando la violencia nos deja al descubierto como sociedad
Fran tiene 14 años y el hecho de violencia que vivió nos dejó ante una realidad incómoda : como sociedad estamos fallando cuando permitimos que la violencia adulta caiga, sin límites ni conciencia, sobre un adolescente.
La edad de Fran debería haber bastado para que cualquier discusión termine antes de empezar.
Sin embargo, cuatro hombres adultos eligieron la brutalidad, la superioridad numérica y el castigo salvaje como respuesta. No fue un exceso, no fue un error: fue una decisión. Y en esa decisión se refleja una sociedad que muchas veces mira, calla o justifica lo injustificable.
La madre lo dice con palabras que duelen y despiertan:
“Diciembre nos atravesó, nos arrodilló. La impotencia, tristeza, el dolor y un profundo desprecio hacia el ser humano se adueñaron de nosotros.”
Ese desprecio no nace solo del golpe, sino de la deshumanización posterior: dejarlo inconsciente, despojarlo de sus cosas, romper su celular, fotografiar su cuerpo herido y enviar esa imagen como mensaje de venganza. Ahí no hubo enojo: hubo crueldad.
Como sociedad debemos preguntarnos qué estamos enseñando cuando adultos creen tener derecho a “corregir” a golpes, cuando el poder se ejerce desde el miedo y no desde el cuidado, cuando un chico termina tirado en la calle y el horror parece naturalizarse.
La familia, aun atravesada por el dolor, sostiene una fe firme en la Justicia: la de las instituciones, la divina y la humana. Cree en una justicia que no busca revancha, sino verdad, responsabilidad y límites claros.
“Ahora nosotros somos los muchos”, dicen. Y en esa frase nos incluyen a todos: padres, madres, docentes, vecinos, amigos, una comunidad entera obligada a proteger a sus hijos.
Hoy Fran está vivo. Está en brazos de su familia. Y ese milagro no puede dejarnos tranquilos, sino alertas. Porque por cada Fran que vuelve a casa, hay otros a los que una noche les cambió la vida para siempre. Familias que fueron despertadas por un timbre, por un patrullero, por una noticia que nadie debería recibir.
Desde este espacio, el acompañamiento y el abrazo sincero a Fran, Rocío, Javier y a toda la familia.