16/01/2026
💙GOBERNAR CONTRA EL PUEBLO: EL MODELO LIBERTARIO Y LA DEMOLICIÓN DEL ESTADO, MIENTRAS GILDO INSFRÁN RESISTE Y CONTINÚA CON OBRAS PARA LA GENTE
"Ajuste, desmantelamiento social y resistencia desde el Modelo Formoseño"
La Argentina atraviesa, una vez más, un período crítico marcado por la intemperancia política y social de la gestión libertaria de Javier Milei, que avanza sin miramientos sobre los sectores más vulnerables, utilizando el ajuste como dogma y el sufrimiento del pueblo como variable de corrección económica.
En pocos meses de gobierno, el escenario es claro y alarmante: tarifazos generalizados en energía eléctrica, gas, agua y transporte; recortes en salud pública; eliminación o restricción de medicamentos esenciales —particularmente los destinados a jubilados y pensionados del PAMI—; debilitamiento del sistema educativo; abandono de las políticas de Derechos Humanos; paralización de la obra pública y despidos masivos en el Estado. Todo ello bajo la excusa de un ajuste fiscal extremo exigido por el Fondo Monetario Internacional, verdadero ideólogo y beneficiario de este modelo.
La libre flotación del dólar, la apertura irrestricta del mercado, el retiro del Estado como garante de derechos y el retorno al endeudamiento externo configuran un esquema ya conocido: neoliberalismo puro, donde el Estado se repliega y el mercado decide quién vive con dignidad y quién queda excluido. La consecuencia es directa: inflación persistente, pérdida del poder adquisitivo, caída del consumo, cierre de fuentes laborales y un deterioro profundo del tejido social.
En este contexto, la salud pública se convierte en uno de los blancos más sensibles del ajuste. El recorte de programas sanitarios, la quita de cobertura de medicamentos, el vaciamiento de áreas estratégicas y la mercantilización del derecho a la salud constituyen un retroceso histórico. Cuando un jubilado debe elegir entre comer o medicarse, no hay equilibrio fiscal que lo justifique. Hay, simplemente, una decisión política que prioriza números por sobre personas.
Frente a este panorama desolador, es imprescindible señalar con claridad que existe otra forma de gobernar. En Formosa, bajo la conducción del gobernador Gildo Insfrán, se sostiene un modelo que concibe al Estado como herramienta de justicia social y al federalismo como una práctica concreta, no como una consigna vacía. El Modelo Formoseño no se improvisa: se planifica, se ejecuta y se defiende.
Mientras el Gobierno nacional ajusta y se retira, Formosa sostiene políticas públicas que garantizan derechos básicos, protege el sistema de salud, acompaña a los sectores más vulnerables y defiende los intereses provinciales frente al centralismo porteño y a las imposiciones externas. Insfrán ha sido claro: se acompañará toda medida que beneficie al pueblo, pero se discutirá y resistirá —con respeto, paz y firmeza— todo aquello que lo perjudique.
Esta posición política no es aislada ni caprichosa. Es respaldada por una historia de gestión, por mayorías electorales contundentes y por políticas de Estado que transformaron una provincia históricamente postergada en una provincia integrada, con infraestructura, desarrollo humano e inclusión social. Un ejemplo emblemático es el PAIPPA, programa que dignificó al pequeño productor agropecuario, rompió con la lógica del individualismo neoliberal y fortaleció el arraigo rural mediante salud, educación, asistencia técnica y seguridad jurídica sobre la tierra.
La ofensiva discursiva de sectores opositores locales, alineados sin matices al proyecto libertario, responde a la incapacidad de mostrar gestión, obras o propuestas superadoras. Recurriendo al agravio, al engaño y a la desinformación, intentan erosionar una conducción política que el pueblo formoseño ratificó una y otra vez en las urnas. Pero la realidad es obstinada: las palabras pueden confundir; las obras no.
La gestión libertaria de Milei representa un país para pocos, gobernado por CEO, donde la salud, la educación y el trabajo dejan de ser derechos para convertirse en mercancías. Formosa, en cambio, representa la resistencia organizada, el federalismo solidario y la defensa irrenunciable de la dignidad humana.
La historia argentina enseña que cuando se ajusta al pueblo y se libera a los poderosos, el conflicto social no tarda en aparecer. Nada de lo que ocurre es casual. Y nada de lo que vendrá podrá desligarse de las decisiones que hoy se toman desde el poder central.
Frente a la política del engaño y la intemperancia libertaria, la respuesta es clara: más Estado presente, más organización popular y más compromiso con la justicia social. Porque no hay libertad posible sin derechos, ni futuro viable sin un pueblo incluido.
D/N Redacción Prensa Formosa