22/12/2025
Durante mucho tiempo no supe ponerle nombre a algo que mi cuerpo si recordaba. Hoy puedo verlo con más claridad, cuando un adulto pone a un niño en el lugar de confidente, algo profundo se desordena. A veces se siente como cercanía, como " me elige" como madurez temprana.
Pero por dentro, el niño queda escuchando cosas que no puede sostener, emociones que no puede procesar, dolores que no son suyos. Sin darse cuenta, aprende a ocupar un lugar que no le corresponde: " el de sostener a los grandes"
Con los años, eso suele aparecer como dificultad para poner límites, culpa al priorizarse, hiper empatía, cuerpo tenso o una sensación persistente de tener que reparar algo que nunca fue propio.
Ordenar no es acusar. Es poder mirar con honestidad. Cuando cada quién vuelve a su lugar, aunque sea muchos años después, de forma simbolica - el cuerpo afloja- y algo interno descansa- porque un niño no vino a sostener historias ajenas. Vino a vivir su propia vida.
Sara❤️