06/08/2026
Hay personas que no pasan por el mundo: lo interpelan. Juan Carlos Martínez fue una de ellas. Su existencia no puede medirse por los años que vivió, sino por las preguntas que se atrevió a formular cuando el silencio era más cómodo y la verdad tenía un precio demasiado alto.
Ejerció el periodismo de investigación con la convicción de quien entiende que informar no consiste en repetir versiones, sino en desafiar aquello que muchos prefieren mantener oculto. Esa elección tuvo un costo. No fue solamente económico. También cargó con el peso de los intentos por desacreditar su palabra, por presentar su lucidez como desvarío, por convertir al mensajero en el problema cuando el verdadero problema era el mensaje. Es una estrategia tan antigua como el poder mismo: cuando no se puede refutar la verdad, se intenta quebrar a quien la pronuncia.
Sin embargo, nunca dejó de escribir, de preguntar, de incomodar. Porque sabía que el periodismo pierde su razón de ser cuando renuncia a la duda y se arrodilla ante la conveniencia.
Hoy su ausencia física duele. Paradójicamente, fue el cáncer de garganta el que apagó la voz de quien hizo de la palabra su herramienta más poderosa. Pero las voces verdaderamente trascendentes no desaparecen con el silencio del cuerpo: permanecen en las ideas, en los libros, en la memoria y en la conciencia de quienes aprendimos de ellas.
Me considero una privilegiada por haber compartido parte del camino con él. Fui su cierva periodista, y en ese aprendizaje encontré mucho más que un maestro: encontré un ejemplo de coherencia, de valentía intelectual y de fidelidad a las propias convicciones.
Gracias, Juan Carlos, por demostrar que el periodismo no es una profesión, sino una forma de estar en el mundo. Quienes tuvimos el honor de conocerte sabemos que las personas pueden morir, pero las preguntas que sembraron permanecen vivas. Y mientras alguien se anime a buscar la verdad con la misma obstinación con la que vos lo hiciste, una parte de tu voz seguirá hablando.
Buen viaje, querido Juan. Que la historia sea más justa con vos de lo que muchas veces fue tu tiempo.
Karen Miranda