23/06/2022
Uno de mis escritores favoritos Oscar Wilde dijo “No señor, el respeto es una tolerancia a la opinión, no se puede permitir la divulgación de opiniones que promueven la intolerancia.” Vivimos en un momento donde disfrazadas de "libertad de expresión" están resurgiendo ideas abominables de la historia. El nacionalismo, el racismo y claro, el fascismo. Lo digo en el tono más serio posible, estas ideologías son sumamente nocivas, si algo aprendimos de la historia es que el sueño autoritario de unos pocos puede ser la pesadilla del mundo entero. Creo que en parte es culpa de la cultura "woke" (despierta) que lleva a los límites su libertad de expresión de cuestionarlo todo, de derretir todas las convenciones morales, culturales e históricas en búsqueda de una supuesta libertad suprema. Tenemos que tener cuidado porque negar la historia completamente rompe las cadenas significantes de las palabras, dado que niega su relevancia y su impacto en cómo vivimos hoy. Nos toca el difícil trabajo de no olvidar el pasado doloso lleno de errores, si no recordarlo para no tener que vivirlo de nuevo en carne propia. Hoy veo con repugna una sombra de ese pasado, un hedor que me deja inquieto. Para eso es importante estudiar historia, entender qué condiciones son las que dan cabida a ideologías tan abominables, a dictadores tan despiadados, a personas con tanto odio y resentimiento a la otredad. Viendo el pasado podemos encontrar vestigios del hoy para evitar un mañana que nos dejará con vergüenza en el futuro. Algunas ideas no son negociables, el ser humano es un fin en sí mismo, los modelos o sueños que ponen al humano en segundo lugar son intolerables. Callar la necesidad humana de paz, bienestar, solidaridad e igualdad, no es negociable. No se puede negociar con aquellos que quieren acabar con el debate, ellos no merecen voz ni voto, porque dándoles el voto, nos lo quitan a todos los demás.