06/06/2015
Claudio Palazzo
Licenciado en Psicología.UNLP
Degenero en violencia
Los s**os no se encuentran. El mito de que existe una media naranja, alguien en el mundo capaz de completarnos, un alma gemela que sería garantía de felicidad, es justamente eso, un mito. El amor es el modo en que se sostiene, a pesar de todo, este desencuentro como tolerable y posible aún. Hay algo profundamente perturbador que subyace a las relaciones de pareja: la sexualidad.
Si podemos aceptar estas premisas, podemos pensar que las relaciones entre hombres y mujeres no son armónicas. En cada pareja algo de ese malestar se pone en juego de manera diferente.
Toda relación entonces es conflictiva porque es el lugar donde se producen estos desencuentros, es el sitio donde lo perturbador de la sexualidad humana no cesa de producir efectos. Las declaraciones de algunos femicidas alertan sobre esos lugares que son comunes en las relaciones de pareja: los celos, la ruptura o el abandono, el rechazo sexual.
¿Por qué entonces, el malestar ante esta sexualidad fallida, se manifiesta en algunos, mediante la violencia? ¿Por qué hay sujetos que viven de manera tan trágica su sexualidad?
Hablar de violencia de género es también no decir de donde parte y hacia quien va dirigida la violencia. Y esto les permite a los hombres no pensarse en sus relaciones con las mujeres. Dice Eva Giberti en Página 12, el hombre queda por fuera “(...) como sujeto al que es preciso educar superando los cánones del patriarcado destructor. De este modo, el varón queda aislado de la idea de violencia y de responsabilidad personal y social (...) el actor de dicha violencia queda fuera de la escena y en su lugar la palabra género asume un falso protagonismo”.
Incluso cuando es víctima, la mujer queda reducida en el discurso machista, a ser alguien que hay que proteger de y por su debilidad. En el mejor de los casos, cuando la denuncia deriva en la intervención del Estado, se apunta a sostener a la víctima, invisibilizando al agresor. El golpeador queda así en condición de ir a buscar otra mujer...
Un hombre que insulta, denigra, golpea, viola a su pareja, hasta llegar al as*****to, es un hombre que no pudo hacer pasar su virilidad ante el enigma del otro s**o. Es ante lo femenino que se manifiesta impotente. Por eso, la violencia del hombre transcurre en el hogar, permanece en secreto, no se hace alarde de ser un golpeador.
Reconocerse en esta posición deja al hombre en falta en relación al ideal del machismo.
Este silencio del hombre, es redoblado por los medios de comunicación, que lucran con el morbo de las historias de mujeres golpeadas pero poco se dice del actor. El hombre queda opaco a la mirada de los medios. Partiendo de algunos casos de violencia extrema, alimentan una idea del hombre violento que es la de un psicópata, invisibilizando, tanto para el hombre como para la mujer, situaciones y personajes cotidianos, que no dejan de ser violentos, pero “no es para tanto”, se excusa el compañero golpeador.
Puede ser que el próximo 3 de junio una multitud se manifieste en cada una de las principales plazas de las ciudades. Puede ser que sea recordada, alguna vez como una de las fechas “bisagra”, esas que señalan un antes y un después. Puede ser que a partir de hacer visiblemente masivo el repudio a la violencia de género, algo comience a cambiar. Puede ser que nos empecemos a pensar en términos de diversidad y diferencia.
¿Puede ser también que la hipocresía desaparezca de la sociedad actual en la que vivimos? ¿Puede ser que se empiece a pensar en los seres humanos, en general, en términos de dignidad y no como objetos? ¿Puede pensarse en una sociedad donde la idea de éxito no esté asociada al “tener” y a la acumulación? Aclaramos, por si hay algún lector desprevenido que esta nota, claramente no está enfocada como una contra-marcha. Lo que si nos proponemos, es alertar en que no es suficiente con marchar o adherir, para erradicar esa violencia machista que sostienen, lo sepan o no, hombres y mujeres.