31/05/2026
⚫️⚫️⚫️ Sra:.ELENA REINOSO, MAS CONOCIDA POPULARMENTE COMO "La Pelada" UN SIMBOLO ETERNO DE BAÑADO DE OVANTA DEPARTAMENTO SANTA ROSA
Hoy Bañado de Ovanta se viste de luto. Se va Elena Reinoso, conocida cariñosamente por todos como "La Pelada", una mujer que no fue simplemente una habitante más, sino el alma misma de este pueblo, un personaje icónico que llevó en su corazón cada rincón, cada historia y cada familia de este lugar.
Elena Aidé Reinoso nació en el Paraje Ovanta el 3 de diciembre de 1944, lugar ubicado a dos km. de Bañado de Ovanta, sobre la ruta provincial Nº 30 que une ese lugar con Las Cañas.
Vivió con su madre, doña Artemia Reinoso, y su hermana, en una humilde vivienda de adobe, con techo de paja, protegido por plástico y cubierto con tierra, a escasos metros del río Indígena.
Desarrolló su infancia dedicándose al cuidado de sus cabritos, con su propia naturaleza armaba tramperas que le permitía atrapar algunos pájaros, como cardenales, reina moras, zorzales y otros que había en esa hermosa fauna de la naturaleza autóctona.
Desde muy chiquita aprendió a armar su propia honda, a veces utilizaba las orquetas de los Ancoches u otros árboles típicos de la flora regional. Y así salía a hondear algunos pájaros entonces; actualmente la lleva consigo como una defensa personal.
En sus recuerdos anecdotarios cuenta que en la ribera “boscosa” del río Indígena se decía que a la siesta aparecía el duende y a la noche, en medio del río, solía observar una luz roja que se levantaba a cierta altura y desaparecía. Decían que podrían ser restos fósiles de los aborígenes que poblaron el lugar.
Un poco cansada y angustiada porque cada día los leones le diezmaban su reducida majada, una mañana muy temprano al escuchar los continuos balidos de las cabras y el incesante ladrar de los perros cabreros, se levantó rápido y se dirigió al corral caprino que estaba ubicado a pocos metros de la vivienda. Se encontró con que los feroces perros habían masacrado a un leoncito cachorro, lo que la impresionó muchísimo. Al enterarse de esto, recuerda con voz cortada y llorosa, llegó alguien del lugar y le dijo: si vos no te vas de aquí, vas a tener el mismo fin del leoncito.
Aterrada y sugestionada por lo acontecido y sobrellevada por creencias ancestrales, junto con su pequeña familia decidió irse, dejaron lo poco que tenían y fueron a vivir a Bañado de Ovanta. En ese momento tenía 13 años.
Elena siempre agradeció al Dr. Luis Ramón Gramajo, por haberle donado un terreno y una casilla de madera, que le permitió vivir con su familia. Este señor fue un originario del lugar, dio su vida ayudando y colaborando desinteresadamente con todos los más necesitados.
En sus primeras épocas trabajó con don Felipe Rosales, a quien ayudaba con las tareas domésticas, a veces le hacía algunos trámites o encargos en la ciudad Capital. No solo le pagaba un sueldo mensual, sino que también le regalaba alimentos para que pueda comer su familia. Don Felipe, olvidado y casi no tenido en cuenta, fue un gran benefactor y colaborador de toda esa comunidad santarroseña.
En su tiempo libre, Elena se iba a esperar los pocos colectivos que recorrían la zona, El Zonda, El Trébol, La Unión, y ayudaba a las personas que venían de viaje a llevar sus maletas, y así obtenía propinas.
Entre sus virtudes naturales se destacaba su habilidad con la taba. Cuando participaba en una tabeada era muy difícil que pierda.
A “La Pelada” la reconocían por ser una mujer de tez cobriza, mirada fuerte y rasgos originarios. Su risa, fuerte y contagiosa, su voz nerviosa y apresurada, con ritmo agitado como su propia vida.
Y dueña de una personalidad peculiar, caracterizada por su propia vestimenta: usa poleras, saquitos y polleras sobre la rodilla; usa medias con zapatos mocasines, haga calor o frío, y colgado de su brazo lleva siempre un bolso.
A menudo viajaba a la Capital para hacer algunos trámites y encargos de vecinos que le daban cartas o dinero para comprar remedios, vestía una pollera a cuadros, s**o rojo, una flor en su cabeza, en su pecho llevaba una gruesa cadena con la imagen del Sagrado Corazón y otros collares de distintos colores. En sus manos lucía anillos y pulseritas que según ella eran de plata, y siempre con sus clásicos mocasines con medias a cuadros.
En su inseparable bolso cargaba las piedritas y su honda, una taba, las recetas de los remedios que le encargaban, y un papel con las anotaciones de lo que tenía que hacer; eso sí, no se olvidaba de un crucifijo que la acompañó en todos los momentos de su vida.
Su llamativa presencia le permitió ser registrada por varias personas de la ciudad, comenta que cuando viajaba a la Capital era saludada afectuosamente por varios que la reconocían.
Con voz entrecortada y ojos llorosos recuerda que el 21 de septiembre de 1966 fue elegida Reina del Agua y recibió de regalo un collar de perlas que lleva siempre en su bolso como recuerdo.
No sin algo de tristeza cuenta que cumplió 75 años de edad este diciembre y relata que a los 5 años le detectaron una enfermedad congénita, Epilepsia, que le impidió terminar la escuela primaria que cursó en nuestra querida Escuela Nº 8 de Bañado de Ovanta, actualmente demolida.
De profunda fe religiosa, cuando hay misa llega muy temprano y colabora con la limpieza y la organización del templo.
Es ferviente devota de nuestra patrona Santa Rosa de Lima y nunca falta a las festividades religiosas se realizan en diciembre en homenaje a nuestra Madre del Valle.
En los atardeceres, “La Pelada”, con su bolso a cuestas, camina lentamente por la plaza de Bañado de Ovanta, como desafiando al tiempo y a la vida. Su pelo blanco se mece suavemente con la brisa cálida y húmeda y levanta su mirada en agradecimiento al Creador. Siente que cumplió dignamente su misión terrenal, y que en su pobreza y humildad supo interpretar el verdadero sentido de la existencia en nuestro fugaz paso por esta vida.
Doña Elena Aidé Reinoso ya representa un personaje del lugar y también la esencia de una raza originaria, porque lleva en sus venas la sangre de su madre tierra, esa donde habitó el cacique Ovanta.
Irreversiblemente, “La Pelada” pasará a ser leyenda e historia en el pueblo de Bañado de Ovanta y su vida será comentada y leída por nuestros hijos, nietos y las generaciones venideras.
Hoy se va, y deja un vacío inmenso, difícil de llenar. Un vacío que se siente más grande aún al pensar que, quizás, muchas de las personas a las que ella ayudó, acompañó y sostuvo durante toda su vida no pudieron estar presentes hoy para despedirla, tal como ella hubiera querido y como se merecía. Sin embargo, aunque su figura física ya no esté entre nosotros, su esencia, su ejemplo y su legado quedan grabados para siempre en la memoria de Bañado de Ovanta.
Elena, "La Pelada", no se va del todo: vive en cada ayuda que dio, en cada consuelo que brindó y en el espíritu de unión que construyó. Gracias por haber sido quien fuiste. Tu historia sigue siendo nuestra historia.
🟡APORTE HISTÓRICO DE ARTURO BRIZUELA