22/07/2026
Diecisiete días antes de morir, Ozzy Osbourne regresó al barrio industrial que alguna vez pareció haber decidido su destino antes de que aprendiera a cantar.
El 5 de julio de 2025 apareció ante decenas de miles de personas en Villa Park, Birmingham. Sus dificultades físicas ya no le permitían desplazarse por el escenario, así que interpretó sus canciones sentado sobre un trono negro.
Después de años de problemas de salud, allí estaban nuevamente Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. Los cuatro integrantes originales de Black Sabbath se reunían para una última presentación en el mismo sector de la ciudad donde su historia había comenzado.
Antes de convertirse en el “Príncipe de las Tinieblas”, Ozzy era John Michael Osbourne, uno de los seis hijos de una familia trabajadora de Aston.
Creció en una pequeña casa de dos habitaciones. Su madre trabajaba en una fábrica de componentes automotrices y su padre cumplía turnos nocturnos como fabricante de herramientas. Alrededor se extendía una Birmingham marcada por chimeneas, talleres, plantas metalúrgicas y el estruendo permanente de la maquinaria.
Para muchos jóvenes del vecindario, el futuro parecía sencillo y limitado: abandonar pronto la escuela, entrar en una fábrica y permanecer allí durante décadas.
Ozzy dejó los estudios a los 15 años. Fue trabajador de construcción, ayudante de plomería, aprendiz de fabricante de herramientas y afinador de bocinas en una planta de automóviles.
Durante algún tiempo pareció seguir exactamente el camino que la ciudad industrial había trazado para él.
Entonces escuchó a The Beatles.
Ozzy recordaría que aquellas canciones le hicieron comprender que alguien procedente de un ambiente obrero también podía transformar su vida mediante la música. No sabía cómo lograrlo, pero comenzó a imaginarse frente a un micrófono en lugar de una máquina.
En 1968 se reunió con Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward. El grupo actuó durante un tiempo bajo el nombre Earth, hasta que adoptó otro inspirado en una película de terror: Black Sabbath.
Su música parecía haber absorbido el paisaje de Birmingham.
Los acordes eran pesados, oscuros y amenazantes. Las canciones hablaban de guerra, miedo, aislamiento y sociedades que parecían avanzar hacia su propia destrucción.
Tony Iommi también llevaba las fábricas literalmente en las manos. A los 17 años había perdido las puntas de dos dedos en un accidente industrial. Se fabricó unas pequeñas prótesis, buscó cuerdas más ligeras y adaptó su manera de tocar. Más adelante, las afinaciones graves contribuyeron a crear aquel sonido profundo que influiría sobre generaciones enteras de músicos.
Sobre esos acordes apareció la voz de Ozzy: aguda, inquietante y extrañamente vulnerable.
En febrero de 1970, Black Sabbath lanzó su primer álbum. Meses después llegó Paranoid, con canciones como “War Pigs”, “Iron Man” y la pieza que daba nombre al disco.
Aquellos cuatro jóvenes no solo lograron escapar de las fábricas.
Tomaron el ruido, la oscuridad y la ansiedad de la ciudad industrial y los convirtieron en uno de los sonidos fundacionales del heavy metal.
Ozzy continuó después con una extensa carrera como solista. Su vida estuvo llena de excesos, controversias, enfermedades, caídas y regresos que parecían imposibles. Su imagen pública podía resultar escandalosa, pero nunca perdió el vínculo con Birmingham ni ocultó el orgullo por sus orígenes obreros.
Su último concierto se llamó Back to the Beginning: “De vuelta al comienzo”.
El nombre terminó adquiriendo un significado que nadie podía comprender por completo aquella noche.
Ozzy Osbourne falleció el 22 de julio de 2025, a los 76 años. Habían pasado apenas 17 días desde que se despidió del público junto a Black Sabbath.
Exactamente un año después, este 22 de julio de 2026, Birmingham celebra por primera vez el “Ozzy Day”.
La ciudad ha preparado música en vivo, arte público y actividades alrededor de lugares vinculados con su historia. El banco y el puente dedicados a Black Sabbath, la estación New Street, el museo de Birmingham y el gigantesco toro mecánico conocido como Ozzy forman parte de una jornada dedicada al muchacho de Aston que llevó el nombre de su ciudad por todo el mundo.
Durante su infancia, Birmingham parecía ofrecerle únicamente el interior de una fábrica.
Hoy, sus calles lo recuerdan como uno de sus mayores símbolos culturales.
Porque Ozzy Osbourne nunca abandonó por completo el lugar donde creció.
Tomó sus fábricas, su ruido, sus heridas y su oscuridad… y consiguió que el mundo entero las escuchara.