03/06/2026
Camila González tiene 27 años, es madre de una nena de dos años y este 3 de junio marchará en Neuquén con el botón antipánico puesto. No es un gesto simbólico: lo usa porque su ex pareja, un hombre con al menos cuatro denuncias por violencia familiar desde 2015 (la primera, en el año del histórico Ni Una Menos), la hostiga, la amenaza y utiliza a su hija como herramienta de destrucción. Esa forma de agredir se llama violencia vicaria, y Camila la padece a diario.
El episodio que desbordó todo ocurrió el miércoles 27 de mayo. Según su denuncia, el hombre le llevó a la nena dentro del acuerdo judicial vigente, pero al intentar cambiar las condiciones, forcejeó, le pegó puñetazos en el brazo, le arrancó a la niña de los brazos y se la llevó en el auto con la puerta abierta, chocando contra un estacionado y luego contra un poste. La menor lloraba. Al día siguiente, la madre del agresor (funcionaria del Poder Judicial) le devolvió a la hija.
Camila hizo la denuncia en comisaría y en el Juzgado de Familia, pero asegura que solo recibe "parches": medidas cautelares que se vencen, plazos que se acaban y el silencio de una Justicia que no termina de resolver. "Hasta no sacarte a la nena y verte arrastrada en el piso no voy a parar", es una de las amenazas que recibió. Otra: "¿Vas a salir corriendo a buscar el botón antipánico?". Actualmente tiene una restricción perimetral, el botón y una consigna policial por 90 días, pero dice que no se siente protegida: no puede ir a trabajar, no sale a la plaza con su hija y vive encerrada por miedo.
"La única forma que tiene de dañarme es a través de nuestra hija", afirma. Por eso marchará el 3 de junio junto a miles de mujeres, para reclamar que el sistema judicial actúe antes de que la violencia escale a un femicidio. "No vamos a esperar que me maten a mí, que mate a alguien o que le haga algo a mi hija para que recién se actúe", sentencia.