10/03/2026
Mensaje del Área de las Mujeres del Secretariado Nacional para los Laicos, en el Día de la Mujer
«𝗛𝗲𝗺𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝘂𝘁𝗶𝘇𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗘𝘀𝗽í𝗿𝗶𝘁𝘂»
(𝟭 𝗖𝗼 𝟭𝟮,𝟭𝟯)
El pueblo de Dios como tal, tiene la misión irrenunciable de mostrar el rostro misericordioso del Padre. “𝘘𝘶é 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘯 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘰𝘯𝘵𝘦𝘴, 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘪𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘦 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘴, 𝘥𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘯𝘶𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘭𝘢 𝘱𝘢𝘻, 𝘥𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘨𝘰𝘻𝘰, 𝘥𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘯𝘶𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘢𝘤𝘪ó𝘯...” (𝘐𝘴𝘢í𝘢𝘴 52,7). Este pueblo, revestido por la gracia del bautismo, es interpelado a ser “sujeto del anuncio y convocado a ser protagonista de la misión, porque todos somos discípulos misioneros”(1). Y entre los que caminan, están “ellas”, las mujeres portando ternura, coraje, fortaleza, transitando los senderos que marcaron las discípulas que acompañaron a Jesús.
Hoy, el soplo de Jesús sigue manifestándose como un campo fértil en el corazón de quienes siembran con buena voluntad la cultura de la vida. Es precisamente desde esta vocación donde hacemos eco del clamor de tantas mujeres en el marco del 8 de marzo: entendemos que, en medio de los dolores del mundo, de las injusticias, de los derechos proclamados pero incumplidos, de las violencias a tantas mujeres, de falta de acceso a cubrir las necesidades básicas, de la cultura del descarte; no es posible alcanzar la plenitud de la paz ni la justicia. Ante tanto dolor en el mundo, ellas son referentes de esperanza, fuerza y consuelo; sosteniendo unas a otras, curando heridas, escuchando con oído atento, y atreviéndose a caminar con pies ligeros y corazones abiertos para transformar la sociedad. Desde todos los puntos de nuestro suelo asumen con valentía y audacia la evangelización y los liderazgos comunitarios, haciendo de ellas auténticos testigos de la resurrección. 𝘗𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘦𝘢𝘯 para estar con los que sufren, aún en medio de situaciones de dificultad nos enseñan que, por medio de Él, podemos atravesar las tinieblas.
El Papa León XIV, nos llama a avivar la esperanza, en Jesús, “sobre todo en la hora de la prueba, cuando la vida parece perder sentido y todo se ve más oscuro”. Permanecer en la esperanza cuando todo atenta contra ella, alentando a otros a una esperanza activa para ser plasmada en acciones concretas, lejos de una vana ilusión “a que todo cambie”. El clamor de quienes sufren no es una espera pasiva, es un altar que nos interpela a ser nosotros la respuesta viva, la mano que abraza y el pan que se reparte. Por eso, vivir la esperanza nos desafía a un profundo proceso de conversión personal y comunitaria.
En esta Cuaresma, nos sumamos al pedido de “escuchar y ayunar”(2). Escuchar el clamor de los demás en actitud responsable para generar espacios de transformación. Escuchar la realidad como viene, sin prejuicios, ni subestimaciones; y ayunar de aquellas palabras y actitudes capaces de herir y dispersar.
𝙋𝙚𝙙𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙖 𝙉𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖 𝙈𝙖𝙙𝙧𝙚 𝙙𝙚 𝙇𝙪𝙟á𝙣 𝙦𝙪𝙚 𝙥𝙧𝙤𝙩𝙚𝙟𝙖 𝙖 𝙡𝙖𝙨 𝙢𝙪𝙟𝙚𝙧𝙚𝙨, 𝙮 𝙣𝙤𝙨 𝙛𝙤𝙧𝙩𝙖𝙡𝙚𝙯𝙘𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙩𝙚𝙟𝙚𝙧 𝙚𝙣 𝙘𝙤𝙢𝙪𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙪𝙣𝙖 𝙘𝙪𝙡𝙩𝙪𝙧𝙖 𝙙𝙚 𝙘𝙪𝙞𝙙𝙖𝙙𝙤, 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙚𝙩𝙤 𝙮 𝙟𝙪𝙨𝙩𝙞𝙘𝙞𝙖.
Domingo, 8 de marzo de 2026.
Área de las Mujeres
Secretariado Nacional para los Laicos
Comisión Episcopal para la Vida, Laicos y Familia
Conferencia Episcopal Argentina
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(1) Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia (2018), n. 06, citado en: Secretaría General del Sínodo, Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria (26 de octubre de 2024), n. 53.
(2) León XIV. (2026, 5 de febrero). Mensaje para la Cuaresma 2026: Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión. vatican.va