20/12/2017
Rosario es arquitecta. Es divertida y dueña de una innumerable lista de historias. Ceba pocos mates, habla rapidísimo y tiene 10 ideas por minutos. Es espontanea, inteligente y ama su casa.
La Puerta
Una puerta. Un pasillo largo, cubierto por una confianzuda enredadera. Su permanencia allí anunciaría algo que al final de la entrevista develaríamos, el amor de Rosario por las plantas.
Detrás de esa puerta gris plomo, viven Rosario, Cesar, Adela y Amalia, y un montón de historias que tejen un sentimiento enorme: el amor por la arquitectura por reconstruir y armar.
Amor a segunda vista
“A esta casa la descubrió mi papá. La vio, le encantó, y cuando me la mostró yo aún vivía en Buenos Aires. Cuando decidí volver a Pergamino, la volvimos a ver y ahí fue cuando la compramos”.
A Rosario la casa no la convencía. Pero con la ayuda de Ana, una de sus actuales socias, que la acompañó a quererla y a mirarla con amor, le fue gustando cada día más.
“Al principio no quería hacerle mucho, y un día antes de empezar la remodelación, que ya estaba pensada, la cambiamos toda. Recuerdo que llovía y con Ana compramos una revista Living y vimos una nota sobre la remodelación de una casa similar a esta y le dimos para adelante”.
La mamá de Adela de tres años, y de Amelia de seis meses, cuenta que la fue armando de a poco, sostiene que las casas “se hacen viviendo”.
Manos a la obra
Una de las reformas que realizaron fue tirar una medianera, pero no del todo, le quedaron algunos centímetros, y eso permitió colocar unas barandas antiguas que le dan un toque especial a la galería. “Compré muchas antigüedades, que fui guardando y cuando me mudé las traje todas juntas. Hasta que uno no se muda no sabe bien donde va a ubicar cada cosa”, cuenta Rosario.
Todos los espacios de la casa tienen puertas tipo celosías de la casa original y dan a la galería. Donde funciona su cuarto, baño y vestidor era la parte trasera de la casa, y hubo que hacerla de nuevo.
Metros de Felicidad
Son 90 metros de calidez, repletos de objetos pensados, ubicados estratégicamente para que tengan sentido, cada uno con una historia detrás, contada de la manera más alegre e ingeniosa posible. Es una casa lineal, con el tesoro más grande que una coleccionista y amante de la botánica puede querer: un árbol de magnolia.
Paleta de Colores
En cuanto a las tonalidades la casa tiene colores cálidos que no la cansan. Predomina el blanco, la pinotea y los objetos de diseño. “Si la pintaba de colorado era obvio que me iba a cansar, y además quería que sea un espacio acogedor, con muchas plantas y cálido”, cuenta Rosario.
Rosario + Ana + Ana
Cuando Rosario vivía en Buenos Aires, y estaba cursando la última materia de la carrera de arquitectura, y ya trabajando en un estudio junto a otros pergaminenses, se encontró con Ana. Ella le contó que estaba por volver a Pergamino, pero no se podía ir sin trabajo. Espontanea como es, Rosario le confirmó: “Tenés trabajo, te venís a laburar con nosotros al estudio, nos estamos mudando a Pergamino”. Esa misma semana arrancó. Así empezamos a trabajar juntas. En un momento quisimos abrirnos solas, y ahí se incorporó la otra socia, Ana también. Así nació Estudio Tres.
“Siempre funcionamos muy bien las tres juntas. Nunca tuvimos roces y cada una hace su parte. Durante los dos primeros años trabajamos en oficinas ambulantes, hasta que alquilamos el local donde funcionamos actualmente”.
Rincón preferido
El rincón que más le gusta de su casa es la galería. Quizás por mantener una mixtura entre el espíritu de la casa original y el nuevo aire botánico y agradable, cómodo y amable.
Lo que más le gusta comprar:
Plantas.
Colecciona:
Plantas.
La última adquisición:
Un libro sobre plantas:
“mi papá es ingeniero agrónomo”, se excusa Rosario detrás de su infaltable sonrisa.
Rochi Belloso