07/10/2025
Anoche el presidente convirtió la crisis en espectáculo. El Movistar Arena fue el escenario de un recital que no fue político ni institucional, sino una muestra grotesca de vanidad y desconexión.
Mientras millones de argentinos hacen cuentas para ver si llegan a fin de mes, Milei cantó, saltó y se celebró a sí mismo frente a quienes todavía confunden el marketing con la gestión.
Pero el país real no está en ese estadio. Esta en las familias que se endeudan para pagar el alquiler o directamente no tienen techo.
En los trabajadores y trabajadoras que viven en la incertidumbre, en la informalidad, en la angustia cotidiana de no saber si mañana habrá laburo o si el sueldo alcanzará para algo más que sobrevivir.
En los pibes y las pibas sin trabajo, sin horizonte.
En las universidades que se vacían porque estudiar se volvió un lujo, porque no hay plata para el colectivo, para alquilar una pieza o para comer todos los días.
En los jubilados que hacen malabares con su pensión. Se turnan los remedios o los parten a la mitad porque no llegan.
Hoy el trabajo formal se volvió privilegio. Cada vez más gente rebusca, vende algo, la vida se volvió supervivencia.
A las personas con discapacidad les sacaron apoyos, pensiones, transporte. Les cerraron puertas.
Hablan de libertad mientras les quitan derechos a quienes más necesitan acompañamiento, y mientras tanto, uno de los suyos, Espert, se baja de la candidatura acusado de vínculos con el narcotráfico. Ese es el “orden” que prometían, el de la doble vara y la impunidad.
El país está endeudado, las políticas de este gobierno profundizan la desigualdad y entregan la soberanía al mejor postor. Se rompió el tejido social, la bronca, el miedo y la frustración se sienten en cada barrio, en cada mesa, en cada charla.
Pero el pueblo, que tiene memoria y dignidad, no olvida y en las elecciones se hará escuchar y no habrá escenario que tape su voz, la bronca, ni el clamor de su justicia. Porque les va a salir caro haber confundido libertad con negocio, y patria con empresa.