20/09/2026
A veces sabemos que un lugar nos hace sufrir.
Sabemos que algo ahí ya no nos hace bien.
Y, sin embargo, dejarlo no resulta tan sencillo.
Porque ese lugar no solo puede estar ligado a aquello que duele.
También puede sostener una forma conocida de ser, de vincularnos, de sentirnos necesarios.
Por eso, quizás la pregunta no sea solamente qué perderíamos al dejarlo.
También: ¿qué lugar quedaría disponible cuando ya no necesitáramos ocupar ese?
Y quizás sea ahí donde aparezca una pregunta todavía más incómoda:
¿Quién soy cuando ya no tengo que ser quien era en esa escena?