10/09/2026
LOAN: LA VERDAD SIGUE JUGANDO A LAS ESCONDIDAS
Hay casos que buscan una explicación. Y hay casos que parecen dedicarse profesionalmente a fabricar preguntas. El caso Loan ya está en esa categoría. Porque cada declaración promete acercarnos a la verdad y termina agregando otra pieza a un rompecabezas que parece armado con las piezas de otro juego. Ahora habló Walter Maciel. Y dice que Loan fue atropellado, que después levantaron su cuerpo y que finalmente lo ocultaron. Y señala directamente a Pérez, Caillava y Laudelina Peña. Una acusación gravísima. Una hipótesis tremenda. Una declaración que, si tiene respaldo en pruebas, puede cambiar el rumbo de todo. Pero aparece nuevamente esa palabra que en una causa judicial vale más que mil discursos: pruebas. Porque declarar es fácil. Señalar es fácil. Despegarse de una responsabilidad también puede ser fácil. Lo difícil es demostrarlo. Y acá está el problema: Loan sigue sin aparecer. El chico desapareció y, más de dos años después, seguimos escuchando versiones que se contradicen, acusaciones cruzadas y reconstrucciones que parecen cambiar de forma cada vez que alguien abre la boca. Esto ya parece una serie policial escrita por varios guionistas que nunca se juntaron para leer el capítulo anterior. Uno acusa. Otro se defiende. Otro cambia la historia. Otro dice que tiene pruebas. Y mientras tanto, el protagonista de esta tragedia sigue sin estar. Loan tiene cinco años. No tiene micrófono para explicar qué pasó. No tiene abogado para defenderse. No puede señalar a nadie. No puede desmentir ninguna versión. Por eso cada palabra que se pronuncia en este juicio debería tener el peso de una piedra. Porque detrás de cada declaración hay una familia que espera. Y detrás de cada contradicción hay una pregunta que sigue sin respuesta. Maciel también habla del trato que recibió y compara su situación con la del comisario Báez. Pero acá hay que tener cuidado de no perder el eje. Esto no es una competencia para determinar quién fue peor tratado. No estamos buscando al ganador de un concurso de víctimas entre los acusados. Estamos buscando saber qué pasó con Loan. Y si realmente existió un atropellamiento, un levantamiento y un ocultamiento, entonces hay que reconstruir cada minuto. Cada movimiento. Cada vehículo. Cada llamada. Cada testimonio. Cada prueba. Porque una hipótesis sin pruebas es apenas eso: una hipótesis. Y una acusación sin evidencia puede convertirse en otra cortina de humo. El problema es que mientras las versiones se multiplican, el silencio de Loan se vuelve cada vez más insoportable. Porque el tiempo pasa, las declaraciones se acumulan y la verdad parece estar siempre a una cuadra... pero nunca llega. Acá no alcanza con encontrar una explicación que cierre más o menos. No alcanza con encontrar a alguien que parezca encajar en el relato. La Justicia no puede armar un culpable como quien arma un rompecabezas con las piezas que sobraron. Tiene que probar qué ocurrió. Y tiene que hacerlo por Loan. Por su familia. Y por una sociedad que todavía espera una respuesta. Porque el caso Loan no necesita otro capítulo. Necesita el final de las especulaciones y el comienzo de las certezas. Y si la verdad está escondida, habrá que encontrarla. Porque ya pasó demasiado tiempo para seguir jugando a las escondidas.
Por Alejandro Flores