05/06/2026
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Siempre fue un momento. Un momento definió todo lo que siguió después. Aquel sábado a la mañana nos sentamos en el piso de la galería de casa junto a tres amigos a escuchar un disco trucho de grandes hits de los Redondos que pusimos en el equipo Aiwa. Quedamos hipnotizados por el comienzo de Toxi Taxi, nos reíamos de Ñam Fri Fruli Frali Fru. Lo que no sabíamos entonces era que esa iba a ser la música que nos acompañaría en cada juntada.
No recuerdo qué época habrá sido, calculo que 2005. Un tiempo después publicábamos las letras en Facebook. Pensábamos en cada verso, aprendimos mil metáforas y nos gastábamos mutuamente porque alguno de nosotros no entendía qué quería decir.
La banda, el Indio solista, los Fundamentalistas, nos acompañaron desde ese momento de nuestras vidas. Era la banda de sonido de cada asado, cada reunión. Primero con el equipo, luego en los celulares, hace poco comiendo una pizza, tomando una cerveza y teniendo de fondo su música con la tele y Spotify.
Habíamos ido a ver la Vela, Cielo Razzo, El Bordo, Patagonia Rebelde, hasta ACDC en el Monumental. Pero siempre pospusimos al Indio. Yo por lo menos pensaba que quedaba una bala, en algún momento se dará. Un momento efímero, tic tac efímero. Hasta que se nos cayeron algunas lágrimas el día que nos dijo que solo le faltaba saber la fecha y el lugar, pero que allí iría cantando.
A fines de 2025 pude cumplir un poco de ese deseo, asistir a esa misa que es única. Fuimos a ver Los Fundamentalistas en el estadio Único de La Plata junto a otros amigos y 70mil desconocidos que, de pronto, eran cercanos. Esa noche era otro sábado y el Indio cantó algunas canciones, aunque su saludo sonó a despedida. Uno de esos dolores dulces. Por entonces no lo queríamos ver.
La noticia de este viernes me trajo de nuevo a la memoria aquella mañana, cuando quedamos obnubilados por la guitarra de Skay, a quien también fuimos a ver al Metropolitano, y la voz del Indio. Ese momento fue fundacional. La banda de nuestra calle.