21/12/2025
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PADRE RINCON
Un día como hoy 21 de Diciembre pero de 1940 se ordena sacerdote en la Parroquia San Antonio de Padua, FRAY ADRIANO ESTANISLAO RINCON .
Nacido el 7 de mayo de 1914 en la Estancia Los Naranjos, de Potrero del Sauce, en el Valle de Calamuchita, Córdoba.
Una enfermedad temprana de la madre Ramona del Rosario Dominguez, decide al poco de nacer que Adriano vaya a vivir con su abuelo Don Desiderio se dedicaba al campo y tenían un buen pasar. Al morir su abuelo apura el ingreso al colegio y su mudanza a Córdoba.
Rincón inició sus estudios primarios en su pueblo natal y los secundarios en el colegio franciscano de la ciudad de Córdoba.
A los 18 años ingresó al convento franciscano de Catamarca. Luego se trasladó a Buenos Aires para completar los estudios en Filosofía y Teología.
Allí se ordenó sacerdote el 21 de diciembre de 1940 y el 6 de enero de 1941 celebró su primer oficio religioso, en su pueblo natal.
Su primer destino fue el Colegio San Buenaventura, en la ciudad de Mendoza, donde dictó clases de Historia y Religión.
Luego fue enviado a la provincia de Buenos Aires donde dictó, en el colegio Moreno, clases de Historia y Literatura, y la materia de Cosmología en San Antonio de Padua.
A mediados de 1950 también fue Director del Colegio Franciscano de Aaron Castellanos donde fundó el Movimiento de acción Católica. Se convirtió en su primer párroco, en el cual continuó hasta 1953.
Desde el 13 de Marzo de 1953, nuestra ciudad disfrutó de su personaje que ,ni bien llegado,se compenetró con su forma de vida.
Su misión de vida era muy clara : atender a los pobres y necesitados, asignándoles una inclaudicable prioridad.
Fue docente en el Colegio Nacional y en Escuela Industrial Superior.
En 1955 fue designado guardián del Convento, funciones que ejerció en cuatro oportunidades. Fué Director de la Escuela San Francisco, Comisario nacional de la Venerable Orden Franciscana Seglar y asesor espiritual de la tercera orden.
El 29 de noviembre de 1993, fue declarado ‘ciudadano ilustre‘ por la Municipalidad de Santa Fe.
Posteriormente, fue galardonado con el "Brigadier de Honor", por su meritoria e intensa labor pastoral y la constante ayuda a los pobres. El premio fue otorgado por la Asociación de Dirigentes de Empresa, el 30 de noviembre de 2002.
Falleció el 14 de diciembre de 2012 a la edad de 97 años.
HISTORIA DEL CONVENTO
EL ZARPAZO DEL YAGUARETE
Sucedió en la gran creciente de 1825.
El Paraná, salido de la madre, cubría casi toda la planta urbana de Santa Fe, trayendo de las islas anegadas tupidas masas flotantes de vegetación y tierra llamadas camalotes, donde habían buscado refugio toda clase de animales salvajes.
Un jaguar o yaguareté (tigre americano) llegó de tal modo a la huerta del Convento de San Francisco, que se alzaba en la misma barranca de un brazo del río, cortado hoy y convertido en magnífico lago artificial.
A través del roto madero de una ventana, el felino se deslizó a la contrasacristía.
Aquella mañana del 18 de abril, el R. P. Fr. Miguel Magallanes, que iba a dar misa, vio por una ventana al hermano Fr. J. Curami caído en la sacristía y corrió para auxiliarlo. Al entrar, descubrió horrorizado a la fiera junto al cadáver del infortunado religioso.
Profirió un grito, se echó atrás, pero ya era demasiado tarde.
Aquella se le abalanzó a la cabeza y aunque el padre, muy vigoroso, logró rechazarlo por dos veces, al tercer asalto cayó de espaldas con la cara desecha. Ocho días después fallecía. Buscando encerrar al felino, el joven aspirante a Hermano José Pedrazo, que ese día vestiría el Santo Hábito, se acercó a la sacristía y al ir a tomar la puerta, el jaguar se lanzó sobre él y le hundió sus colmillos en la cintura, ocasionándole la muerte a las pocas horas.
La noticia de la tragedia corrió como un rayo, llenando de horror a la ciudad.
Bien presto estuvo allí el alcalde don Urbano de Iriondo con gente armada. Echando llave a la sacristía por una ventana, introdujeron varios perritos rastreadores, que no denotaron la presencia del jaguar. Entraron. Sobre el pavimento veíase, en un charco de sangre, la cabeza destrozada del Hermano Sacristán.
Su cuerpo, en cambio, hallábase en la contrasacristía, a donde fuera arrastrado por la fiera. Ésta, sin duda, había regresado a la huerta por la ventana rota y allá marcharon luego de clausurarla. Algunos de a pie y dos de a caballo, se comenzó el registro con perros isleros.
En tanto los demás observaban trepados en paredes y techo, Iriondo lo hacía desde un montículo de tierra próximo a la puerta que comunicaba con el claustro.
De pronto alguien, que miraba por una ventana al interior de un pequeño cuarto del convento, gritó: “¡Aquí está! ¡Allá va!”. Al oír el grito, todos creyeron que el animal había aparecido en la huerta. Iriondo, sin arma, corrió a ponerse a salvo al claustro por donde justamente venía el felino. Al abrir la puerta, se encontraron frente a frente. La fiera sorprendida, no menos que Iriondo, lanzó un rugido y “se sentó”, dando tiempo a éste para cerrar y, al no poder asegurar la puerta, huir campo afuera, si bien perdiendo el sombrero. Tan rápido, confuso y sin palabras fue todo que don Juan Galván, ignorante de lo acaecido a Iriondo, aunque un poco rezagado, llegó a todo correr buscando también el amparo del claustro.
Pero en cuanto hubo abierto, el jaguar saltó sobre él y lo derribó hacia la huerta, destrozándole el hombro derecho, para quedar finalmente enredado en el poncho de la víctima, que así salvó la vida. Aprovechó la ocasión para hacer fuego un indiecito armado de carabina, pero no dio en el blanco.
La fiera había vuelo al claustro del convento y, poco después, aparecía otra vez en el pequeño cuarto. Será la última. Porque, removido un sector de techo, don Bernardino Rodríguez le encañonó su arma y de un certero disparo acabó con el sanguinario huésped.
La historia fue la llamada tragedia del yaguarete que hambriento y asustado, atacó, causando la muerte de tres sacerdotes y un civil: don Juan Galván, fray José Curami, fray Miguel Magallanes, y el hermano José Pedrazo. Hoy en día, se puede observar una mesa de madera donde quedó grabado el zarpazo del animal.
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