01/04/2026
PERSONALES
El hoy llamado "ghosting" (volverse fantasmita en la vida de alguien, desvanecerse...) es esa forma de maltrato indigna que suele ocurrirsele hacer a gente de la que uno jamás hubiera esperado algo tan ruin, tan repugnante. Gente que de buenas a primeras, después de haber compartido amistad, momentos de infidencias, encuentros gratificantes, alegrías, confesiones, penurias, favores mutuos (sí, mutuos) proyectos y otras felicidades, simplemente desaparece sin ninguna explicación. Desata un invierno gélido, un duelo ambiguo hacia lo que nos uniera, y se va sin saludar. Se muda. Se evapora de uno y de todo lo compartido, como si nunca hubiéramos existido.
La verdad, ninguna violencia deberia quedar impune. Y mucho menos esta, que yo conocí brevemente, por primera vez, hace unos pocos años. Esta que es tan feroz, tan insultante, tan imperdonable, que ni siquiera te ubica como "contraparte" para poder defenderte, porque está hecha de silencio.
Que se ejerce gratuitamente, que desprecia inmensamente al otro.
Y lo hace con el optimismo ingenuo de estar tan pero tan seguros (¡tan seguros están!) de que la vida no es ese círculo tantas veces casual del que hablaban los viejos sabios, ese círculo donde ya está visto que todo es posible. Seguros de que ninguna "casualidad" los traerá de vuelta a cosas que nos son comunes, empujados por los vientos de lo inesperado.
Y de que no van a necesitarnos nunca más.