16/02/2026
¿LIDERAZGO O SOLO ALGORITMOS? La trampa del político-influencer.
Muchos creen que están haciendo política porque tienen la pantalla encendida, pero la realidad es que gobernar no es lo mismo que scrollear.
Hoy vemos una nueva camada de "dirigentes" que no caminan la calle, sino el feed. Políticos que confunden seguidores con representados y que obligan a sus equipos (o a sus pocos militantes) a una republicación forzada, buscando una relevancia artificial que el vecino de a pie no siente.
El Algoritmo no tiene hambre. Cuando un político vive pendiente de las métricas, deja de vivir pendiente de las necesidades.
El algoritmo busca el conflicto; la gente busca soluciones.
El algoritmo premia el "like"; el ciudadano necesita el pan, la seguridad y el trabajo.
Pensar en el algoritmo NO es pensar en la gente. Es pensar en uno mismo frente al espejo digital.
El fenómeno Milei: ¿Autenticidad o Espejismo?
La comparación con Javier Milei es inevitable. Milei no solo usa las redes; él es un producto de ellas. Su construcción fue disruptiva porque, nos guste o no, logró una conexión emocional directa que la "vieja política" no entendió a tiempo.
Sin embargo, hay una diferencia vital:
La política genuina (la "vieja usanza") se construye con el cuerpo. Es el barro, la reunión vecinal, el dar la mano y mirar a los ojos sin un filtro de Instagram de por medio. Es la presencia que no se puede apagar con un botón de log out.
Esconderse detrás del dispositivo. Estar detrás de una pantalla, en muchos casos, es una forma de no dar la cara. Es fácil ser valiente en un tuit de 280 caracteres o en un video editado, pero la política real se valida en el territorio, donde no hay edición posible y las preguntas de la gente no se pueden mutear.
Lo que un político construye en redes es fama.
Lo que un político construye en la calle es legitimidad.
No nos dejemos engañar por el brillo de la pantalla. El país se arregla donde la gente vive, no donde la gente postea.