29/10/2025
“Tantos accidentes, tantas vidas que se van”.
Cada día, una noticia se repite con distinto nombre, distinto rostro, distinta ruta… pero con el mismo dolor. Accidentes que dejan familias destruidas, proyectos interrumpidos y silencios que pesan en los caminos. Detrás de cada cifra hay una historia que ya no podrá continuar, una silla vacía en la mesa, una voz que se apagó demasiado pronto.
Las rutas se han vuelto escenarios de tragedias que podrían haberse evitado: un mensaje de más, un exceso de velocidad, una distracción mínima o una imprudencia que termina costando vidas. No son solo accidentes: son consecuencias de decisiones, de olvidos momentáneos, de la falta de conciencia al volante.
Conducir no es solo mover un vehículo. Es asumir la responsabilidad de cuidar la propia vida y la de los demás. Cada vez que alguien se sube a un auto, una moto o un camión, lleva consigo la posibilidad de cambiar destinos, para bien o para mal.
Por eso, esta reflexión no busca culpar, sino despertar. Que miremos nuestras rutas con respeto, que frenemos antes del peligro, que entendamos que llegar un minuto tarde siempre será mejor que no llegar.
Porque detrás de cada accidente hay un grito que no queremos volver a escuchar: tantos accidentes, tantas vidas que se van.