12/09/2026
EL HOMBRE QUE COMPRÓ CIEN CERDOS
Tandil, 1855.
Todavía era un pueblo pequeño y los rumores podían viajar más rápido que los hombres.
Si alguien anunciaba que venía un malón, las familias buscaban refugio en el fuerte. Entraban con animales, provisiones y todo lo que pudiera salvarse.
Fue en esos días cuando apareció Salomón Nowisch.
Era polaco, aventurero y, según Juan Fugl, tenía una habilidad bastante particular: sabía parecer exactamente aquello que los demás necesitaban encontrar.
Vestía parte de un antiguo uniforme de oficial. Hablaba con seguridad. Podía conversar como un profesor universitario. Y decía saber de armas.
En un pueblo donde casi nadie sabía manejar los cañones del fuerte, no era poca cosa.
El juez Carlos Darragueira quedó impresionado.
A pesar de las advertencias de Fugl, Nowisch terminó convertido en comandante del fuerte. Incluso recibió el sable del coronel Otamendi.
Pero aquello recién empezaba.
Un día explicó que necesitaba salir al campo para comprar animales. Para inspirar confianza como comprador, debía demostrar que tenía dinero.
Darragueira le prestó su recado de plata.
Al día siguiente, Nowisch regresó.
Había encontrado una verdadera oportunidad: cien cerdos gordos, a buen precio.
Sólo necesitaba dinero para cerrar el negocio.
El juez volvió a confiar.
Le entregó el efectivo.
Nowisch partió.
Pasó por Azul y desde allí tomó una galera rumbo a Buenos Aires.
Llevaba el dinero, el recado de plata y el sable de Otamendi.
No volvió.
Años después, Fugl volvió a encontrarlo en un hotel porteño.
Nowisch estaba elegantemente vestido y rodeado de hombres distinguidos.
Lo saludó como si nada hubiera ocurrido.
Y le contó que ahora era espía de la Policía.
Podía ser cierto.
O quizás también aquella vez había conseguido parecer exactamente lo que necesitaba ser.
Después Fugl supo que había viajado a Brasil.
Allí terminó fusilado.
Nunca llegó a saber exactamente por qué.
En Tandil había conseguido abrir varias puertas.
Quizás aquella última, finalmente, no pudo abrirla.
Imagen recreada. Una representación de Salomón Nowisch en el Fuerte Independencia de Tandil, hacia 1855.