09/01/2026
La presidenta del IPROSS, Marcela Ávila, presentó su renuncia y el Gobierno provincial la anunció como si se tratara del cierre de una gestión ejemplar. Un comunicado cargado de elogios, modernización, eficiencia y obras intenta ponerle moño a una etapa que, fuera de la gacetilla, será recordada de una manera muy distinta por afiliados, gremios y la oposición.
Durante dos años, la conducción del IPROSS fue cuestionada de manera casi permanente. Las críticas se repiten desde distintos sectores: la obra social dejó de cumplir su función básica, garantizar el derecho a la salud de los trabajadores y trabajadoras del Estado rionegrino. Prestaciones cortadas, demoras eternas, medicamentos que no se consiguen y reintegros que nunca llegan forman parte del paisaje cotidiano para miles de afiliados.
Sin embargo, el Gobierno eligió contar otra historia. En el anuncio de la salida de Ávila se destaca un “proceso de transformación institucional”, con énfasis en la modernización, la digitalización y el ordenamiento financiero. Un relato prolijo, que contrasta con la experiencia real de quienes dependen del IPROSS para atenderse.
El caso más elocuente de esa distancia entre el discurso y la realidad es el edificio. Mientras a los afiliados no les cubren ni una aspirina, la gestión decidió gastar cerca de 4 millones de dólares en una sede central faraónica en Viedma. Un edificio de primer nivel, vidriado y moderno, convertido en símbolo de una política de prioridades invertidas: lujo administrativo en un sistema que no logra garantizar lo esencial.
Desde los gremios estatales y desde amplios sectores de los afiliados sostienen que esa obra resume una época. Mientras la conducción hablaba de eficiencia y transparencia, el IPROSS se hundía en una crisis prestacional cada vez más profunda, con profesionales que se bajan, prestaciones que se achican y pacientes que quedan a la deriva.
Ahora Ávila se va, despedida por el Gobierno como una funcionaria que deja una institución “fortalecida y modernizada”, mensaje ratificado por la propia hoy ex funcionarioa quien aseguró que deja un IPROSS "mucho mejor" que el que le tocó agarrar hace dos años.