30/04/2020
RÍO ABAJO. [Parte 2 de 3]
LOS PESCADORES VILLENSES.
Una bajante histórica como la que vivimos suele dejar expuestos objetos del pasado que han permanecido ocultos durante mucho tiempo a la vista y que se transforman en hallazgos históricos. En este sentido, también desnuda situaciones extremas -laborales, económicas, ecológicas y sociales - que la retirada de las aguas nos ha permitido recolectar y que forman parte de una historia que suele ser invisibilizada por el caudal permanente del fluir automático de la cotidianeidad. En diálogo con este medio, algunos referentes de los trabajadores de río locales han expuesto sus reflexiones y pedidos ante el panorama que avizoran, desarrollando así un interesante análisis de los distintos factores que obstaculizan sus posibilidades de progresar. Desde las limitaciones por la bajante a su relación con las empresas, pasando por las responsabilidades del Estado y haciendo referencia a la influencia de la opinión pública, el sueño de un porvenir no tan lejano con la formación de una cooperativa se materializa en las palabras de los pescadores que tienen en claro su rol en el cuidado del ecosistema y en el movimiento del mercado alimenticio.
▪️“No recuerdo una sequía igual”:
Algunas de las graves consecuencias que tiene en la fauna autóctona este fenómeno, desatado por las restricciones en el caudal de agua que las represas río arriba y la disminución en las precipitaciones que el cambio climático promueve, son la mortandad de peces que quedan encerrados en cuerpos de agua estancada, la reducción de los canales de circulación que los animales acuáticos experimentan y la coincidencia con la temporada de desove de algunas especies, como el sábalo, que implica un fuerte riesgo para las generaciones futuras.
Los trabajadores de río locales explican que la lengua de vegetación que se extiende desde la reserva natural “Isla del Sol” hacia aguas abajo, pasando ya la altura de la metalúrgica Acindar, es un bañado que se ha secado. Uno de los referentes de los pescadores agrega que “las lagunas quedan lejos o son inaccesibles, sólo queda el canal”, mientras que un experimentado pescador, con una mirada fija nacida de la tristeza y la preocupación, suelta: “no recuerdo una sequía igual.”
Ante la gravedad del asunto que, aunque menores, tiene antecedentes de situaciones similares, nos cuentan que “ya nos reunimos en Santa Fe por este tema el año pasado”, pero aún no se han obtenido respuestas concretas. Su pedido se sustenta en la Ley Provincial Nº 12.212/03, que en su artículo 70 del capítulo X “De las reservas ícticas” dictamina:
“Facúltase a la Autoridad de Aplicación, a crear o ampliar las reservas ícticas existentes o establecer otros tramos o áreas fluviales que puedan ser objeto de un régimen de protección especial con restricciones de pesca parciales o absolutas de acuerdo con los objetivos de conservación que se pretenda establecer para dichas áreas.”
Dicha legislación le otorga a la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, a través de la Dirección General de Manejo Sustentable de los Recursos Pesqueros, la potestad de decretar la veda parcial o total de las diversas actividades pesqueras en función del resguardo de las especies animales en riesgo, algo que reclaman con énfasis prácticamente todos los pescadores comerciales y de subsistencia de la cuenca del Paraná.
▪️“Laburamos por trabajar nomás”:
La dificultad mayor que afrontan cotidianamente los trabajadores de río, como ellos mismos se denominan, es la explotación a manos de las empresas frigoríficas, las cuales obtienen ganancias millonarias anualmente, pero las divisas que se generan en el mercado apenas si llegan al primer eslabón de la cadena de producción. Por ello, uno de los entrevistados sostiene que su labor sólo les permite, actualmente, el intercambio del alimento que consiguen por un mínimo valor económico necesario para el bolsillo de quienes deben sustentar una familia. No existe la ganancia, todo es supervivencia. Ante el precio final del kilo de sábalo (unos $300) la situación es clara:
“Como pescadores la pasamos mal, vivimos el día a día. Nos aumentan todo y hoy por hoy es lo que reclamamos: el alimento, que es lo que nosotros trabajamos, no tiene precio y los frigoríficos están pagando el sábalo negro - porque el blanco no lo quieren - 10 pesos, algunos 14, pero de ahí no varía el precio.”
El tipo de sábalo que los frigoríficos solicitan, por si las migajas que pagan fueran ya una burla, sólo se encuentra en lagunas; debido a la bajante y las dificultades de acceso, los pescadores pueden conseguir muy pocos ejemplares de esta variación. La situación límite, la precarización y los intereses de intermediarios oportunistas que abusan de las necesidades de los trabajadores de la pesca, quienes sólo logran obtener dinero para subsistir y se encuentran totalmente desamparados ante imprevistos que requieran de una inversión económica mayor, ha derivado en una conclusión puntual y clara: “no se puede laburar más para los frigoríficos.”
▪️“Tomar cartas en el asunto”:
Así como la presencia del Estado Nacional se ha fortalecido en el contexto del aislamiento social obligatorio, otorgando subsidios de emergencia a distintos sectores de la economía que se han visto fuertemente afectados por la situación desatada tras la pandemia del Coronavirus, el sector de los trabajadores de río también está solicitando una ayuda económica que les posibilite poder cumplir con la extensa aunque necesaria cuarentena.
Conscientes de la difícil situación en la que bajante y pandemia se combinan, los pescadores piden a los gobiernos “tomar cartas en el asunto” mediante la emisión de un decreto que ponga en vigencia la veda, aliviando mediante esta herramienta legal y política la gravedad de este asunto que pone al ecosistema al borde del colapso. Mientras tanto, un alivio económico de urgencia permitiría quedarse en su casa a los trabajadores, quienes explican: “Vivimos de esto. Si no pescamos, no comemos.” Según comentan, a finales del año pasado, se les otorgó a los pescadores una asistencia de 1.500 pesos, pero tal como ellos preguntan “¿Qué hace una familia con cinco chicos con esa plata?” La obligación ante esto resulta ser continuar con la actividad pesquera para poder vivir.
Actualmente, el pedido se realiza tomando como referencia un sueldo básico por dos meses, que podría ser solventado a partir de los depósitos obtenidos del Fondo de Manejo Sustentable de los Recursos Pesqueros creado mediante la mencionada Ley Nº 12.212/03 y de lo recaudado en los Puertos de Fiscalización. El control del destino de dicho subsidio se realizaría en función de los registros provinciales en los que figuran los pescadores de subsistencia y comerciales, a los que la Autoridad de Aplicación legal les ha entregado carnets intransferibles para los que cada trabajador firmó una licencia. Toda esta maniobra no sería novedosa, sino que es algo que se lleva adelante en las vedas anuales, comentan los trabajadores de río. Sin embargo, los referentes entrevistados también han mostrado su preocupación por una serie de licencias provisorias municipales que se habrían otorgado, a través de Desarrollo Social, a pescadores que no hacen de la actividad una fuente de trabajo ni de sustento alimenticio básico. En este sentido, la ecuación que realizan es clara: “si se recaudó un millón de pesos y hay doscientas licencias de pesca más, vos tenés doscientas personas más para repartir lo que laburaste durante todo el año. Es una vergüenza.”
En Villa Constitución, según nos informan los propios pescadores, hay 230 trabajadores de río habilitados por la Provincia de Santa Fe, sumando las categorías comerciales y de subsistencia; cada uno de los cuales tiene familias que mantener con el fruto de su labor. Por datos que han obtenido mediante averiguaciones y charlas con el Ejecutivo local, comentan que en el Municipio habría 750 personas registradas. Como si fuera poco, sumado a este dato crecen las sospechas por la ausencia de pagos de guías por parte de la municipalidad villense, contempladas legalmente a nivel provincial, lo que implicaría un menor ingreso en los fondos que podrían destinarse a sobrellevar la situación actual.
▪️“La gente nos ve como los que estamos haciendo depredación”:
Ante todo, el trabajo de la pesca está regulado y existen artículos de la legislación provincial en vigencia que especifican las distintas categorías que engloba la actividad. Dentro de los lineamientos de la Ley Nº 12.212/03 de la Provincia Santa Fe, se especifica en el Capítulo IV - Del ejercicio de la pesca:
ARTÍCULO 22.- A los fines de la presente ley entiéndase por Pesca Comercial a todo acto o procedimiento de captura de peces con fines de lucro por cualquier medio o sistema autorizado por la Autoridad de Aplicación. Solamente podrá ser realizada por los Pescadores Artesanales.
ARTÍCULO 24.- Toda persona física que se dedique a la pesca comercial en las aguas de jurisdicción de la provincia deberá estar provista de una licencia o permiso que acordará la Autoridad de Aplicación.
ARTÍCULO 30.- Se entiende por pesca de subsistencia a la realizada por personas sin recursos, con el único fin de proveerse de alimento para él y su familia, y se realiza desde la costa o en bote de remos.
ARTÍCULO 31.- El pescador de subsistencia deberá contar con un permiso o licencia, personal e intransferible que será otorgado, en forma gratuita, por la Autoridad de Aplicación, a propuesta de las autoridades municipales o comunales donde se va a realizar la pesca y debe ser acompañada por un informe socioeconómico del solicitante.
Más allá de la validez institucional de su trabajo, el funcionamiento de las redes sociales y el anonimato tanto de los denunciantes como de los denunciados por la pesca repercute sobre el oficio de los trabajadores registrados: “La gente nos ve como los que estamos haciendo depredación, pero dejame decirte que no somos nosotros.” Sostienen además, que para combatir la pesca indiscriminada de la que no forman parte, el Estado debe normalizar el funcionamiento de los frigoríficos para que no se explote a los trabajadores pescadores y para que éstos no se vean empujados así a la sobrepesca para poder llevar comida a sus hogares.
La dinámica del escrache automático y el escarnio público virtual que se manifiesta a través de los medios de comunicación digitales, según cuentan los referentes entrevistados, muchas veces tiene que ver con la exposición de pescadores que sólo realizan la actividad por deporte o recreación y que, a final de cuentas, los que pagan los platos rotos terminan siendo los trabajadores. Quienes viven de la pesca no sólo se someten constantemente a controles de las autoridades encargadas, sino que son los primeros en pedir que se desarrollen políticas de protección ambiental sobre todos los cursos de agua cada vez más amenazados por el cambio climático y la falta de regulación a las grandes empresas.
▪️“Estamos trabajando muy fuerte para tener una cooperativa”:
Los pescadores saben muy bien que las normas que le impone el mercado ante la ausencia de regulaciones fuertes por parte de los diferentes estratos del Estado, lo que beneficia a las empresas en desmedro de su oficio, debe transformarse para que puedan lograr una mejora en su situación mediante la conquista de nuevos derechos. Tienen en claro que ser el primer actor en el sistema de producción alimenticio los convierte en un factor fundamental para el funcionamiento de dicha cadena, pero ante la desestimación de su trabajo por parte de terceros han decidido ponerle un valor justo por su cuenta.
“A eso apuntamos y estamos trabajando muy fuerte para tener una cooperativa, la estamos normalizando y creemos que, gracias a Dios, muy pronto se van a ver los frutos para poder terminar con la explotación que está sufriendo el compañero, el trabajador, y así nosotros mismos podremos cuidar los recursos naturales” comentan convencidos de que la tarea será ardua, pero con la certeza de que la salida es colectiva y horizontal. Si bien la asociación civil ya existe, nos transmiten que ha habido algunos cambios en cuanto a los que conforman la misma y tras celebrar una asamblea a modo de reunión normalizadora, se concretaron los trámites administrativos con éxito. No obstante, comentan que el intendente Berti se asienta sobre el primer estatuto de la cooperativa, documento que no puede modificarse donde figuran las viejas autoridades, y no da lugar al avance en negociaciones que los trabajadores pretenden realizar con el propio municipio villense.
La búsqueda de los pescadores se relaciona directamente con un intento por dejar de depender de los caprichos de las empresas frigoríficas que ganan millones a costa de su actividad y de los vacíos legales que, por ejemplo, no permiten establecer un precio básico homogéneo del kilo de pescado, habilitando de esta manera la precarización laboral de los trabajadores de río. Se enfrentan, según expresaron, a una serie de engorrosos trámites y trabas burocráticas que ralentizan la concreción de sus fines y sostienen que dependen en gran parte de voluntades políticas que acompañen su emprendimiento. Por todo esto, a pesar de las dificultades han iniciado diálogos con el Estado Municipal para pedirle al intendente la puesta en condiciones de la bajada para los botes, el arreglo de la calle de acceso, la suma de alumbrado público a la zona y la posibilidad de extender hasta el lugar la red de agua potable para lavar los alimentos, como primer paso en la serie de mejoras e inversiones infraestructurales que necesitan. Al día de hoy, sin embargo, tampoco han obtenido respuestas concretas favorables sobre sus inquietudes.
La cooperativa que se está gestando tiene varios objetivos, tales como el cuidado de los recursos naturales relacionados con el río Paraná, la promoción del mercado interno, la finalización de la explotación sufrida por los pescadores a manos de los frigoríficos y, además, el control del comercio que permita coordinar todos los puntos mencionados, ya que el proyecto de establecer un puesto de fiscalización detrás del elevador de la ciudad, en el recodo más oculto de la costa junto al Camino de la Piedras que lleva a la reserva natural “Isla del Sol”, sería más una figura administrativa que una herramienta efectiva de regulación que incida sobre la desprotegida ribera de Villa Constitución.
▪️“Estamos avisando que los recursos están en peligro”:
A modo de cierre, en esta primera entrevista que los referentes de trabajadores del río nos han concedido, los pescadores resumen lo que consideran su función en medio de los intereses económicos de los empresarios, la necesidad que tienen ellos mismos de trabajar en condiciones dignas y la urgencia con la que debería actuarse conjuntamente entre los ciudadanos, el Estado y los capitales privados, para la preservación del medioambiente.
En su doble rol de proteccionistas y productores; por un lado, como conocedores expertos de las aguas, sostienen que existen grandes peligros que ponen en jaque a las especies que conforman un ecosistema del que somos parte tan primordial como el resto de la naturaleza y, por el otro lado, se presentan como el primer eslabón de la cadena productiva que genera divisas millonarias, pero que se ve desvalorizado injustamente y que es empujado muchas veces a la elección entre el hambre y la preservación de los recursos de los que dependen.
Aún silenciados por los medios hegemónicos y desautorizados por los gobernantes provinciales que niegan el estado crítico de la cuenca santafesina, concluyen: “Estamos avisando que los recursos están en peligro, pero cuidarlos depende del rol del Estado” ya que, por sus propios medios y ante la falta de voluntad política, sus posibilidades de subsistencia y trabajo ecológicamente sustentable se ven limitadas.
AVISOS NATURALES.
La gravedad de la situación que se vive en la cuenca del río Paraná y el contexto de la crisis económica y sanitaria mundial que ha despertado la pandemia del COVID-19 no parecen ser más que nuevos llamados de atención que se suman a los reiterados avisos que la naturaleza ha estado dándole a la humanidad en los últimos tiempos. La explotación indiscriminada de los recursos naturales por parte de un sistema productivo que sólo fomenta el interés por la economía monetaria y que no respeta los ciclos propios de la naturaleza, saqueando y exterminando tierras, aguas y bosques; contaminando el aire y desestimando la vida de las especies animales y vegetales; poniendo por encima del valor humano el desesperado fin último de la acumulación material, debería ser en este presente un motivo más que suficiente para la reflexión profunda y la promoción de transformaciones verdaderas y radicales.
Nos han enseñado desde pequeños que hay que cuidar el agua cerrando la canilla mientras nos lavamos los dientes, pero ¿qué acciones se toman en un nivel colectivo a gran escala para cuidar del agua? ¿Cómo afectan los modos de producción al cambio climático? ¿Qué políticas de resguardo existen para frenar la desertificación del suelo que lleva a la falta de lluvias por períodos prolongados de tiempo? ¿Qué sucede con los fondos y seguros económicos destinados a amortiguar las crisis? ¿Quiénes pagan ante el desastre y quienes desaparecen en la derrota?
Estas son algunas de las preguntas que surgen cuando las condiciones del mundo en el que vivimos, al igual que la bajante en las aguas del río que hace emerger huellas del pasado, desnudan las políticas de desamparo ante las situaciones de urgencia, que se vuelven cada vez más comunes en el contexto de un sistema deshumanizante que tanto atenta contra la sustentabilidad ecológica.