19/08/2026
El día que destruí el imperio de mi madre, brindé con cerveza fría. No sabía que estaba cavando mi propia tumba con mis manos.
Mi nombre es Leo y soy ingeniero en seguridad informática. Vivo en Guadalajara, el verdadero corazón tecnológico de nuestro país. Mi vida parece perfecta detrás de mis monitores brillantes.
Gano mucho dinero haciendo auditorías de sistemas muy complejos. Tengo un departamento de lujo en la zona más exclusiva. Nadie sospecharía los oscuros demonios que escondo por dentro.
Fui abandonado en un basurero municipal cuando era un bebé. Pasé toda mi infancia saltando entre orfanatos horribles y fríos. Siempre supe que mi madre me tiró por pura ambición.
Ella es Valeria Montenegro, la temida CEO de Aether Corp. Es la empresa de tecnología más grande de toda Latinoamérica. Ella prefirió los millones antes que criar a su hijo.
Pero mi vida ahora es estable y muy tranquila. Tengo una novia increíble que me apoya en cada paso. Mis amigos me consideran un genio de las computadoras modernas.
Sofía, mi pareja, preparó el desayuno esta misma mañana. Me sirvió café caliente mientras yo revisaba unos códigos largos. Ella me dio un beso en la frente con cariño.
Me preguntó si quería ir al cine por la tarde. Le dije que tenía mucho trabajo urgente que terminar hoy. Ella sonrió y me dijo que me amaba con locura.
Todos creen que superé mi trauma del pasado tan oscuro. La verdad es que llevo diez años planeando mi venganza. Quería verla caer desde lo más alto de su éxito.
Aether Corp estaba a punto de lanzar un software revolucionario. Era un sistema de reconocimiento facial a nivel global masivo. Valdría miles de millones en la bolsa de valores internacional.
Llevaba meses estudiando los servidores de su gran empresa. Conocía cada falla de seguridad en su código fuente principal. Era el momento perfecto para dar el gran golpe final.
Mi plan era borrar sus bases de datos por completo. Quería arruinar su reputación ante todos los inversionistas del mundo. Quería que sintiera el mismo dolor que yo sentí antes.
Me senté frente a mis tres monitores de alta resolución. Mis dedos comenzaron a volar sobre el teclado mecánico ruidoso. La adrenalina empezó a correr por todas mis venas rápido.
Inicié la secuencia de infiltración en el servidor central oculto. Las líneas de comando fluían rápido en mi pantalla negra. Me sentía invencible mientras rompía sus barreras de fuego digitales.
Entré al primer nivel de seguridad sin ningún problema grave. Sus ingenieros eran buenos, pero yo era muchísimo más rápido. Rompí los protocolos de encriptación en solo diez minutos exactos.
Pero algo no encajaba del todo.
Empecé a notar cosas raras en la base de datos. El algoritmo del software era demasiado específico y muy extraño. No buscaba criminales ni perfiles de clientes potenciales para ventas.
El sistema estaba configurado para buscar un solo rostro humano. Revisé los parámetros de edad y los rasgos físicos detallados. El modelo predictivo me mostraba a un hombre bastante joven.
Ese hombre tenía exactamente veinticinco años de edad cumplidos hoy. Tenía una cicatriz muy peculiar en la ceja izquierda superior. Además, el sistema buscaba una marca de nacimiento en particular.
Mi corazón latió muy rápido al ver esas características físicas. El rostro que el sistema buscaba por el mundo entero. Ese rostro en la pantalla era exactamente el mío.
No podía entender qué estaba pasando en ese preciso momento. ¿Por qué la mujer que me tiró me estaba buscando? ¿Acaso quería silenciarme antes de salir a la bolsa hoy?
El miedo empezó a apoderarse de mi mente muy rápido. Quizás ella sabía que yo era un peligro para ella. Quizás quería eliminar cualquier rastro de su pasado tan vergonzoso.
Sofía entró a la habitación con dos tazas de té. Me preguntó por qué estaba sudando y temblando tanto ahora. Le dije que solo era estrés por el trabajo pesado.
No quería que ella se involucrara en este peligro mortal. Valeria Montenegro era una mujer con mucho poder político actual. Podía desaparecer a cualquiera con una simple llamada telefónica rápida.
Le pedí a Sofía que fuera a casa de su madre. Le inventé que necesitaba silencio absoluto para terminar este proyecto. Ella me miró con duda pero aceptó salir del departamento.
Revisé mis cuentas bancarias para asegurar mi ruta de escape. Tenía suficiente dinero guardado para huir del país si fallaba. Todo estaba listo para ejecutar el código de ataque destructivo.
Volví a concentrarme en la pantalla llena de números verdes. Tenía que borrar ese algoritmo de reconocimiento facial para siempre. No iba a permitir que esa mujer me encontrara jamás.
Activé el virus troyano que había programado con mucho cuidado. Empezó a consumir los recursos del servidor de Aether Corp. La barra de progreso avanzaba lentamente hacia el cien por ciento.
Faltaban solo cinco minutos para que el sistema colapsara totalmente. Me serví otra cerveza para celebrar mi victoria tan esperada. Imaginé la cara de terror de Valeria al perder todo.
Pero eso no era lo peor.
De repente, mi pantalla principal parpadeó con una luz roja. El virus troyano se detuvo en el cuarenta por ciento. Alguien desde adentro estaba bloqueando mi acceso de forma manual.
El firewall secundario no intentó bloquear mi conexión remota principal. Al contrario, parecía que me estaba abriendo las puertas traseras. Alguien había dejado una entrada oculta y completamente libre para mí.
Encontré una carpeta encriptada con un nombre muy raro dentro. Se llamaba "Proyecto Génesis" y la fecha era de ayer. Pesaba demasiados gigabytes para ser solo un archivo de texto.
Intenté descargar el contenido a mi disco duro local rápido. La velocidad de transferencia era demasiado lenta y muy frustrante. Necesitaba más tiempo para obtener toda la información secreta guardada.
Mientras esperaba, revisé los registros de actividad del servidor central. El administrador de la red estaba conectado en este momento. Estaba rastreando mi dirección IP real con mucha precisión técnica.
Intenté usar mis servidores proxy para rebotar la señal rápido. Quería esconder mi ubicación en diferentes países del mundo entero. Pero el rastreador era mucho más avanzado de lo normal.
De pronto, una ventana de chat apareció en mi pantalla. Alguien desde las oficinas de Aether Corp me estaba hablando. Mi sangre se heló por completo en ese mismo segundo.
El mensaje decía: "Sé quién eres y qué quieres hoy."
Tragué saliva y preparé mis dedos sobre el teclado negro. Respondí preguntando quién estaba del otro lado de la red. La respuesta me dejó completamente paralizado y sin nada de aliento.
Solo una llamada destruyó mi mundo.
"Soy Valeria. Llevo veinticinco años esperando este momento, mi niño."