08/08/2026
| LA PATRIA, LA PATRIA, LA PATRIA...
A Bibi Urquidi, esposa de Rodrigo Paz, le han dado un reconocimiento: no por sus méritos, no por alguna acción patriótica, no por un logro; sino simplemente por ser la descendiente de un prócer de la independencia.
Y eso me hace pensar que el país no ha cambiado mucho.
El 6 de agosto pudimos ver dos rostros del país. El primero, de aquellos que por su apellido y descendencia heredan el gobierno y el poder. Y el segundo, en Santa Cruz, de quienes heredan las tragedias y las crisis de un país.
El 6 de agosto justo pudimos ver esa repartición de la herencia de la historia de Bolivia. Las tataranietas y los hijos de la élite tradicional deben mostrar, mediante su casta, que son herederos de la patria. Por eso pueden recibir medallas y reconocimientos sin remordimiento alguno, porque se sienten legítimos.
En cambio, quienes no poseen apellidos de renombre, quienes ni siquiera saben quiénes fueron sus tatarabuelos porque la historia los ha borrado, y quienes no necesitan gritar "¡la patria, la patria, la patria!" son los que verdaderamente cargan con el peso de este país y se sacrifican por él.
Son "los nadie" quienes han construido este país, quienes lo han levantado y, en el caso de los bomberos, quienes le han devuelto algo de paz en situaciones de caos. A estos últimos no se les reconoce, pero son precisamente quienes verdaderamente viven y experimentan esa patria en carne propia.
Ha pasado con las guerras, con las dictaduras, con las crisis económicas, con los incendios. Unos se sacrifican y otros administran el sacrificio.
*Quya Reyna, escritora y comunicadora social