Lo que se calló

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 Esta noche los esperamos en el Café Semilla Juvenil de San Pedro para recordar la vida y la música de Benjo Cruz junto ...
07/09/2024

Esta noche los esperamos en el Café Semilla Juvenil de San Pedro para recordar la vida y la música de Benjo Cruz junto al periodista Pachi Ascarrunz y la voz y guitarra de Álvaro Flores Santalla. La entrada es libre.

"BENJO CRUZ, DE CANTOR A GUERRILLERO"
A 54 AÑOS DE SU AS*****TO

Sábado 7 de septiembre de 2024 a horas 19:00


21/08/2024

Han pasado 53 años del golpe de Estado que dio inicio a la dictadura más cruenta y larga de la turbulenta historia política de Bolivia. Todavía hay velos de silencio sobre lo que pasó ese 21 de agosto de 1971. Hoy presentamos algunas voces de aquella jornada en la que murieron 98 personas.

A esta hora, hace 53 años, fuego entrecruzado en escenarios como el cerro Laikakota, en La Paz, definía, una vez más, la...
21/08/2024

A esta hora, hace 53 años, fuego entrecruzado en escenarios como el cerro Laikakota, en La Paz, definía, una vez más, la lucha por el poder en el país, que a la postre ungiría a un nuevo mandatario, el entonces coronel Hugo Banzer, que tomó el gobierno luego de un sangriento golpe de Estado. Esta crónica, que salió en el número 5 de nuestra revista, refleja lo sucedido esos días.

Cuando agosto era 21

Abdel Padilla

“No se dejen sorprender por la violencia que provocan agentes saboteadores…, ya que el derrocamiento solo traería guerra civil o anarquía”, exhortó al pueblo boliviano el presidente Juan José Torres en su mensaje del 6 de agosto de 1971, durante el 146 aniversario patrio.

Quince días después, la noche del 21 de agosto, Torres dejaba el Palacio Quemado, forzado y cercado por sus propios camaradas, luego de duros enfrentamientos en las calles con las fuerzas amotinadas. El resultado: más de cien mu***os, cientos de heridos y decenas de desaparecidos.
Una vez más, la toma del poder por la fuerza se había consumado. En esta ocasión, el elegido para tomar el bastón de mando del nuevo gobierno de facto sería el entonces coronel Hugo Banzer Suárez.

Viernes negro
El golpe de Estado del 21 de agosto se gestó semanas o meses antes, a través de intensas reuniones conspirativas, algunas de ellas en Argentina, de los miembros del llamado Frente Popular Nacionalista, bloque conformado por los líderes de la Falange Socialista Boliviana (FSB), el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y un sector militar, representado, entre otros, por Jaime Florentino Mendieta, Humberto Cayoja y Hugo Banzer.

Por eso se dice que el golpe se cocinó en Buenos Aires, pero la mecha se encendió en Santa Cruz, donde se registraron los primeros enfrentamientos, el jueves 19 de agosto. Ese día, desde los micrófonos de la radio estatal Illimani, Torres demandó al pueblo boliviano a “movilizarse junto al gobierno” para resistir la “asonada fascista”.

Una de las primeras medidas fue descabezar al bloque golpista, deteniendo a los líderes conjurados, entre ellos Banzer, que cayó en Santa Cruz pero fue trasladado a La Paz.

Ante el desesperado llamado presidencial, la Central Obrera Boliviana (COB) convocó una marcha en la sede de Gobierno para la mañana del viernes 20, que se congregó en la plaza Murillo en apoyo al gobierno de Torres, quien, animado por la masa, salió al balcón de Palacio, para agradecer y arengar a su gente.

En la oportunidad, el líder sindical Juan Lechín Oquendo, que presidía la Asamblea Popular o Parlamento Obrero, instaurado en junio de ese año, pidió públicamente que se arme “al pueblo para combatir la rebelión”.

En el mismo evento, Torres, a tiempo de demandar “la movilización total del pueblo”, exclamó: “Ayúdenme, mi pueblo, a arrebatar las armas de la reacción para entregárselas a ustedes y defender esta revolución”.

A esa altura, el temor del entorno presidencial era que la sublevación, que comenzó en Santa Cruz, encuentre eco en los jefes militares de otras guarniciones. Este miedo no solo se hizo realidad, sino que devino en malas noticias de manera prematura: poco antes del mediodía del viernes, se sublevó, en Cochabamba, la guarnición militar liderada por el general Jaime Florentino Mendieta. Efectivos del Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE) y de la Escuela de Clases ocuparon puntos estratégicos de la ciudad, entre ellos el ingreso a la Universidad Mayor de San Simón.
Solo tres horas después, efectivos militares del Ranger tomaron la Universidad Técnica y la entonces Prefectura de Oruro. Les siguieron las unidades militares de Camiri, Tarija, Riberalta y Trinidad. Paralelamente, grupos leales al gobierno, como los mineros de Siglo XX, Catavi y Huanuni, iniciaron movimientos de resistencia para la retoma de instituciones.

Ese agitado viernes 20 terminó con la explosión, al final de la tarde, de una bomba en la Prefectura cruceña activada por miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), el grupo armado de la resistencia. Tres personas murieron y hubo más de 30 heridos.

Sábado rojo
El sábado 21 de agosto los enfrentamientos y la violencia se trasladaron a La Paz. Convocados por Lechín y la Asamblea Popular, centenares de trabajadores y universitarios se concentraron en la plaza del estadio Hernando Siles, entre ellos rostros conocidos como los de René Zavaleta y Marcelo Quiroga Santa Cruz, de quien queda una histórica foto empuñando un fusil.

Mientras tanto, Torres evaluaba en Palacio la crítica situación junto a su gabinete y los jefes militares leales que le quedaban, entre ellos y en primer lugar el comandante del Regimiento Colorados, Rubén Sánchez, quien permaneció a su lado hasta el último momento.

Pasadas las 13.30, llegó a plaza Murillo el general Luis Reque Terán, Comandante del Ejército, para entregar a Torres, a nombre del Alto Mando Militar, un ultimátum de rendición. Según Eduardo “Pachi” Ascarrunz, cuyas crónicas, escritas para el periódico Hoy, guían en gran medida esta relación cronológica, la respuesta del Presidente fue: “Tú conoces cómo soy. Sólo saldré mu**to de Palacio de Gobierno porque no puedo traicionar al pueblo”.

Probablemente, debido a esta última e incómoda visita militar, los efectivos de seguridad desalojaron la Casa de Gobierno, incluidos el personal administrativo y los periodistas. Desde ese momento, el ingreso quedó restringido solo a la gente de confianza del Presidente.

Al igual que Palacio Quemado, las calles céntricas de la sede de Gobierno, donde se escuchaban algunos ruidos de morteros, quedaron progresivamente semivacías, con transeúntes que huían a sus casas y combatientes de la resistencia, liderados por la COB y miembros del ELN.

Una de las voces que se escuchó desde temprano por la estatal radio Illimani, y que acompañó a la resistencia fue la de Jorge Torres Mansilla, “Coco Manto”, quien años después, en una entrevista en el programa Memorias que perduran, relató que estuvo al aire de manera ininterrumpida desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche. “Fue un trauma salir de la emisora, lo hicimos protegidos por gente del ELN, que vinieron a echarnos una mano; algunos de ellos murieron en la salida, por la (calle) Ayacucho y la Potosí…”.

Alrededor de las 14.30, el presidente Torres decide poner toda la carne al asador y le ordena a su leal comandante, Rubén Sánchez, cercar el Estado Mayor de Miraflores, base de los militares rebeldes, y en particular del sublevado regimiento Castrillo.

Los lugares elegidos como centros de operaciones de resistencia, y donde los efectivos del Regimiento Colorados tomaron posesión, fueron San Jorge, Villa Armonía, Miraflores y las inmediaciones del cerro Laikakota.

“En vista de que nuestros camaradas se han dado vuelta contra nuestro pueblo, vamos a atacar, esta es la orden del Presidente”, proclamó Sánchez, una hora más tarde, en los micrófonos de la red de emisoras de radio Illimani.
Se produjo entonces una movilización espontánea de la resistencia contra el Golpe, que dirigió sus miradas hacia puntos estratégicos, como el Gran Cuartel de Miraflores.

Laikakota
La primera parada de los combatientes de la resistencia fue la Intendencia de Guerra, en la esquina de las avenidas Saavedra y del Ejército, de cuyos almacenes, luego de dinamitar la puerta, capturaron 1.200 fusiles. Mientras tanto, los efectivos de la guardia presidencial ya se habían ubicado en los dos flancos del Estado Mayor, a unas cinco cuadras del lugar.

Los golpistas respondieron con disparos de francotiradores que se apostaron en algunos edificios de los alrededores, con lo que se produjeron los primeros heridos y las primeras bajas. En algún momento, el intercambio de disparos fue tal que los vecinos del lugar hicieron flamear ropa o banderas blancas para mostrar que no formaban parte de ningún bando.

Comenzó así un fuego sostenido que tuvo como epicentro Laikakota, el simbólico cerro enclavado en pleno centro paceño, y que hoy da nombre a un mirador y a un abandonado parque infantil.

En este lugar confluyeron, por un lado, obreros, mineros, estudiantes, militantes del ELN, otros partidos de izquierda y los soldados de los Colorados, y, por otro, en la fila golpista, los efectivos del regimiento Castrillo, estos últimos, mejor armados.
Probablemente, la primera víctima fatal de este choque desigual fue un estudiante universitario, que murió poco después en la clínica Virgen de Fátima, en Miraflores.

Laikakota no fue el único lugar donde hubo tiroteos. También hubo fuego cruzado en Villa Armonía, Sopocachi e incluso Calacoto, desde donde los cadetes del Colegio Militar intentaron abrirse paso a punta de balazos.

Este fue el estado de situación por al menos cuatro horas, hasta que un evento empezó a definir el nuevo escenario: la defección, alrededor de las 15.30, del Grupo Aéreo de Combate de la Base de El Alto, cuyos efectivos, en un comunicado dirigido al mayor Sánchez, dieron un ultimátum para que “deponga las armas bajo amenaza de movilizar aviones de combate”.

Paradójicamente, fue la misma Fuerza Aérea que encumbró a Torres un año antes, que le daba la espalda, esta vez a favor de Banzer.

Cuatro “avioncitos”
El fallecido periodista Ted Córdova-Claure, en su escrito El descalabro de Torres y otras desgracias, coincide en que “el momento decisivo” de la batalla el 21 de agosto fue cuando la Fuerza Aérea “decidió unirse al golpe”.

Se refiere al sobrevuelo de cuatro aviones de esta Fuerza –dos Mustang y dos AT-6–, exigiendo la rendición del Regimiento Colorados. “Es increíble la influencia de estos avioncitos, aparentemente obsoletos, en la historia reciente de Bolivia…, utilizados contra mineros bolivianos, contra estudiantes bolivianos, contra soldados bolivianos y contra campesinos bolivianos…”, reflexionó en su momento Córdova-Claure.

Ya con los aviones sobrevolando la ciudad, pasadas las 17.00 hubo un intercambio sostenido de fuego, que dejó decenas de heridos y mu***os. A ello se sumó, aprovechando el caos, una ola de asaltos en las casas comerciales del centro, que obligó a la Policía a movilizar sus efectivos.

Entre las 17 y las 18, luego de que la Fuerza Aérea intensificara sus acciones de ametrallamiento, los efectivos del regimiento Castrillo finalmente tomaron el cerro Laikakota y las fuerzas civiles debieron replegarse hacia las laderas, como San Pedro Alto, Sopocachi, Calvario y Agua de la Vida.

Alrededor de las 18.00, en la calle Capitán Ravelo, próxima a la Laikakota, fue herido por una ráfaga el sacerdote canadiense Maurice Lefebvre, que conducía una vagoneta con la bandera de la Cruz Roja, intentando auxiliar a los heridos. A pesar de ser socorrido, perdió la vida poco después.

A esa hora, los hospitales, clínicas y centros de salud del Centro estaban saturados de heridos y las radios hacían pedidos desesperados de medicamentos y donantes de sangre.

En medio de la confusión, comenzó un incendio en la cárcel de San Pedro, que muchos reos aprovechan para abandonar el lugar sin que medie vigilancia policial alguna, solo la presencia del Cuerpo Nacional de Bomberos, que finalmente controló el fuego, aunque no pudieron evitar la quema de 25 mil libros de registro civil, al igual que actas de nacimiento y de matrimonio, que se habían trasladado poco antes desde el Ministerio del Interior.
Al final de la tarde, el Regimiento Motorizado Tarapacá, de Viacha, anunció la salida de tanques y carros blindados rumbo a plaza Murillo. Este anuncio, a la postre, sería la estocada final al corto gobierno de Torres.

“Voy por armas”
En un desesperado intento por esquivar lo inevitable, a las 19.45 el presidente Torres dirige un último mensaje al pueblo boliviano por radio Illimani, solicitando apoyo para “los obreros, universitarios, soldados y campesinos que combaten denodadamente contra el Golpe…”

Poco después, dejó Palacio de Gobierno junto a sus ministros, solo tres minutos antes de que, a las 20.48, ingresaran los blindados del regimiento Tarapacá a la plaza Murillo. Al dejar el lugar, la poca gente que quedaba le solicitaba armas para seguir combatiendo. Él contestó: “Voy al regimiento Colorados para pedir y entregar armas al pueblo”. En realidad, sabía que partía rumbo a la embajada del Perú para pedir asilo.

Minutos después, montado en su jeep, llegó a plaza Murillo el director de Televisión Boliviana, el periodista Ted Córdova-Claure, a quien el jefe de seguridad de Palacio le informó que el Presidente acababa de irse, y que él debía hacer lo mismo ante la presencia de los blindados. La advertencia no pudo evitar que el periodista fuera alcanzado, a pocos metros de Palacio, por una ráfaga dentro de su vehículo.

“Tendido en el asiento, vi como un muchacho abría la puerta y me alumbraba a la cara. ‘¡Pero si es el director de la televisión!’, gritó en ese momento. Y escuché otro grito, de voz familiar que venía corriendo a comprobar y gritaba: ‘¡Teddy, hermanito, esto te pasa por comunista!’. Era un ‘amigo’ de la infancia, Fernando Monroy, alias el Mosca, quien se había hecho famoso como guardaespaldas de políticos falangistas y, por lo tanto, integrante de sus bandas de matones”. Este párrafo es parte del relato Siete balazos “fachos” no matan un viejo periodista, que el propio Córdova-Claure escribió tiempo después.

Enterado de que el gobierno de Torres prácticamente había caído, el comandante general de la Policía, coronel Vitaliano Crespo, ordenó la liberación del detenido más importante de esas horas, Hugo Banzer Suárez.

Quien estaba a horas de convertirse en el nuevo Presidente del país, yacía en un pequeño cuartito sin ventanas del cuartel de la calle Colombia. Para liberarlo sin que la masa movilizada lo identifique, fue disfrazado de policía, como se lee en la crónica El coronel sí tiene quien le escriba, de “Pachi” Ascarrunz.

Entre las 21 y 23 horas, sin que la guardia oponga mayor resistencia, el Palacio de Gobierno es tomado por los rebeldes y la gente del Frente Popular Nacionalista. Proponen la copresidencia del general Iriarte y el coronel Banzer, pero la idea no prospera.
De ahí para adelante el escenario de los enfrentamientos pasa a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), donde se producen tiroteos por la noche y los días siguientes. Paralelamente se suspenden indefinidamente las emisiones de radio Illimani para dar paso a la cadena Nacionalista, que, pasada la medianoche, informa que “la revolución triunfó”.

Al día siguiente, el domingo 22, luego de acaloradas reuniones, primero en el Gran Cuartel de Miraflores y después en el Palacio Quemado, se decide que el coronel Hugo Banzer Suárez asuma el mando del país.

A las 16.15, ante una biblia y un altar improvisado, el nuevo Presidente jura en los pasillos de la Casa de Gobierno. Luego sale al balcón, donde, flanqueado por sus aliados de FSB y el MNR, y ante la multitud que lo vitoreaba en plaza Murillo, promete “hacer cumplir las leyes”, “seguir los pasos de Busch, Villarroel y Barrientos”, y borrar las palabras “izquierda” y “derecha” para “hablar solo de nacionalismo”.

La última vez que estuvimos con el Chino Arandia, hace algunos meses, hablamos de la muerte. De aquella vez que las bala...
27/06/2024

La última vez que estuvimos con el Chino Arandia, hace algunos meses, hablamos de la muerte. De aquella vez que las balas golpistas fracasaron en su intento por llevarse su ajayu hasta el alaxpacha. Por eso no deja de ser una paradoja que haya partido precisamente hoy, cuando casi 25 años después, amanecemos una vez más con la resaca tan fuerte que trae el dolor de la certeza de que la democracia no es un bien garantizado.
Su voz se ha apagado, pero nos queda su memoria vigorosa, su generosidad y su arte.

Alza vuelo benemérito de la utopía.

08/05/2024

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06/01/2024

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Revista boliviana de investigación periodística

Remedios y El CompadreUna historia de amorEl 8 de marzo de 1997 Remedios Loza Alvarado murió por primera vez. Estaba rec...
06/01/2024

Remedios y El Compadre
Una historia de amor

El 8 de marzo de 1997 Remedios Loza Alvarado murió por primera vez. Estaba recostada en su dormitorio, dividiendo su atención entre la TV enmudecida y su tejido, cuando su hija, Sayuri y su hermana, Cristina, irrumpieron en el cuarto para clisar en mil pedazos la tranquilidad de aquella tarde lluviosa, llevaban para ella la peor de las noticias: El Compadre Carlos Palenque había mu**to.

Su reacción inicial fue la negación. Hacía pocas horas que había estado con él en una recepción en el Congreso Nacional, lo había visto subirse a su vagoneta enfundado en un largo abrigo color vicuña, bromeando como siempre. Al terminar esa efímera evocación y levantar sus ojos azorados se topó con la pantalla de la televisión donde Adolfo Paco había interrumpido la emisión de Sábados Populares para dar también la mala nueva a la audiencia de Radio Televisión Popular (RTP) que a esa hora rompía los ratings.

No reparó en nada. No se cambió la chompa celeste, ni la vieja manta de alpaca de estar en casa, se calzó como pudo, agarró la cartera y el celular y dejó su casa en El Tejar como un suspiro, tomó un taxi mientras llamaba a la gente de RTP y dio una lacónica instrucción al taxista que la miraba perplejo en el reflejo del retrovisor: Maestro, a la Clínica del Sur. Su hija Sayuri no volvió a verla los siguientes tres días.

La crónica completa se puede leer en el Humanario 2023 de la revista Lo que se calló Pedidos al +591-71964862. También encuentras la revista en la Librería Editorial Subterránea, Av. 6 de agosto N°556, Edificio Ferrara, Local 7 Planta Baja.

Remedios y el CompadreRadio Illimani, 1967. Remedios no ha cumplido aún los 17 años, pero ya es una hábil artesana. Sus ...
03/01/2024

Remedios y el Compadre

Radio Illimani, 1967. Remedios no ha cumplido aún los 17 años, pero ya es una hábil artesana. Sus diestras manos elaboran diminutos sombreritos para la feria de Alasita. Ese día, en las gradas de Radio Illimani aprieta nerviosa la bolsa en la que lleva tres de sus mejores trabajos: un sombrerito chapaco, otro potosino y un tercero, de cholita paceña. Pasan las 10 de la mañana y está ahí, parada, esperando poder ver a sus ídolos, Los Caminantes, que conducen el programa Sabor a Tierra en la emisora estatal.

Es el grupo folclórico de moda y ella una fiel fanática. Sabe todo sobre ellos: recorta sus fotografías de los periódicos, canta sus canciones compitiendo con la radio… es una fan enamorada. Les lleva regalos con la esperanza de poder entregárselos en persona, están por llegar.

Remedios está en el rellano de las gradas que llevan a los estudios de la radio. Su corazón late con fuerza y su pulso se acelera aún más al escuchar las voces de sus ídolos, todavía no los ve, pero los escucha ‘hualaychear” gradas abajo.

Entonces emerge él, inconfundible. Es Carlos Palenque, el charanguista del grupo. Sus ojos se entrecruzan y él le dice galante: “¡Y qué hace aquí esta cholita tan bonita!” Ella siente que el piso cede debajo de sus pies. Muchos años después recordará que ese fue el mejor día de su vida.

Comenzamos el nuevo año con una historia especial, la de “El Compadre” Carlos Palenque y Remedios Loza, una historia de ...
02/01/2024

Comenzamos el nuevo año con una historia especial, la de “El Compadre” Carlos Palenque y Remedios Loza, una historia de amor. El relato forma parte del ya tradicional Humanario, nuestro anuario de historias. Además de ella, tenemos otras crónicas como la del primer guía de montaña boliviano en coronar el Everest; la decisión militante de apostar por el oficio de parte del Premio Nacional de Periodismo 2023; los mil oficios y rituales de Pedro Susz; la magia de uno de los raquetbolistas más exitosos del país que conquistó el podio con una pierna de carne y hueso, y otra de titanio… Haz click en el siguiente enlace y te llevamos la revista a domicilio: http://wa.me/59177536006

https://loquesecallo.com/content/remedios-y-el-compadre-una-historia-de-amor

Nemia, la mujer detrás del triunfo de Héctor GaribayRafael SagárnagaNemia buscaba un par de zapatos para caminar mejor, ...
28/08/2023

Nemia, la mujer detrás del triunfo de Héctor Garibay

Rafael Sagárnaga

Nemia buscaba un par de zapatos para caminar mejor, y un día el atletismo le dio, aunque suene a propaganda, unos “Manacos” con alas. No fueron un regalo. Los conquistó con cada gota de sudor, con cada tranco y rebelándose, como siempre, contra quien osó decirle que ella no podría.

“Hallé un papelito y leí que se realizaría la prueba pedestre intercolegial Manaco de Oruro y que el premio eran unos zapatos —recuerda la exatleta—. Quería participar y, en mi colegio, el profesor de educación física nos hizo correr una cuadra donde salí cuarta. Me dijo: ‘Sólo tres van a representar al colegio, tú ya no alcanzas’”.

Nemia decidió ir por cuenta propia. Fue a la oficina de inscripciones, a abogar por su causa. No sólo quería competir, necesitaba ganar aquella prueba. Cuenta que habló fuerte y alto e insistió hasta con lágrimas.

“Mi profesor ha escogido a las corredoras en una cuadra, pero yo puedo correr 100 cuadras —le dijo al responsable de registrar a los competidores—. ¡Por favor, inscríbame! Necesito ganarme un zapato, no tengo zapatos. Mi papá me abandonó y mi mamá vende comida, no gana mucho”.

No mentía. Su progenitora, Jacoba Yampara Ramírez, sostenía apenas a sus cuatro hijos. Nemia recuerda que Jacoba no ganaba más de 2 bolivianos al día, es decir, el equivalente a 10 centavos de dólar de ese tiempo. Para asistir al colegio, aquella niña compartía zapatos con la hermana. Ella los usaba en sus clases por la mañana; su hermana, por la tarde.

Objetivo: zapatos
Necesitaba los zapatos y vislumbró la primera posibilidad de conseguirlos. “Esta chiquita tiene idea de qué es resistencia y qué es velocidad, que compita”, comentó el responsable de la Asociación Atlética encargado de inscribir a los maratonistas. Nemia Coca Yampara fue inscrita entonces por primera vez en una competencia y recibió todo lo que ese día quería: el pedazo de tela con el número 801 que debía pegarse a la espalda la jornada de la competencia.

Sin duda, Nemia tenía, sobre todo, idea cabal de lo que significa resistencia. Y aquella media mañana recibió la primera ovación de su vida. Probablemente, fue la mayor ovación del día que cualquiera del resto de los participantes pudo recibir. Una jovencita muy delgada, de 1,50 metros de altura, ganaba en la categoría damas y resultaba segunda en la general, tan sólo detrás del ganador de los varones. Sorpresa generalizada, había recorrido casi 8 kilómetros a ritmo sostenido dejando atrás a cientos de competidores de todos los colegios orureños.

Cosa del destino, esa maratón fue su fiesta de 15 años, los cumplía justo ese 24 de octubre de 1981. Por eso recuerda la fecha con absoluta precisión. Pero también recuerda que había leído mal la oferta de los premios que anunciaba la convocatoria. Cuando subió al podio y recibió el trofeo y la medalla del caso, se enteró de que no sólo ganó los soñados zapatos.

“Me dieron una maleta bonita, Adidas, que se la regalé a mi hermano —empieza Nemia el listado—. También gané esos audífonos con grabadora que sólo tenían los millonarios (los Walkman). Había juegos de medias que le di a mi otro hermano. A mi mamá le obsequié el trofeo y la medalla. Para mi colegio había enciclopedias y pelotas de fútbol y básquetbol. Dos pares de buzos y dos pares de zapatillas que dividí entre yo y mi hermana. Y los zapatos, que por fin tenía. Mi mamá estaba feliz. Desde entonces nunca dejé el atletismo, es mi pasión”.

A las pistas
La vida de Nemia Coca tuvo un antes y un después a partir de ese 24 de octubre. Walter Challapa, quien entonces era entrenador y periodista deportivo, y luego se convertiría en destacado fotoperiodista internacional, la invitó a unirse al club Anglo Americano. Fue cuando Nemia conoció por primera vez una pista atlética. Poco después empezó a participar en competencias departamentales y nacionales.

“Walter me llevó a un campeonato nacional de pista —recuerda Nemia—. Participé en 800 metros planos y salí cuarta de seis. También competí en 3.000 metros planos y salí segunda. Sentí que había perdido, pero desde el día siguiente me propuse entrenar como nunca. Sin embargo, Walter decidió irse a los Estados Unidos y entonces tuve que buscarme otro entrenador. Encontré a Christian Nava, quien me ayudó muchas veces, tanto entonces como cuando fue autoridad deportiva. Lamentablemente, falleció hace año y medio”.

Entrenó como nunca y, poco a poco, fue destacando en pruebas departamentales y nacionales. En 1986, se habilitó para competir en la prueba que clasificaría a la representante boliviana en la maratón de Guayavilla, Puerto Rico. Y ganó. Se anunció su primer viaje internacional, con escala en Miami. Juan Reyes, el presidente de la Federación Atlética de Bolivia, le dijo: “Tú eres la mejor de aquí, vas a representar a Bolivia a nivel mundial en la competencia 10 K. Anda a tramitar tu visa a la embajada de EEUU”.

La lucha por la visa
Probablemente, Reyes, al verla tan suelta en las pistas, no comprendió que aquella jovencita vivía con lo justo y tenía escasa idea de aquel trámite. “Debía ir a La Paz y ya no me alcanzaba ni para la flota —valora Nemia—. Me tuve que humillar y buscar a mi padre, le pedí que me ayude con el pasaporte y con los pasajes de bus. Me ayudó con algo que sólo me cubriría la ida”. Con documentos en mano, Nemia se dirigió a la Embajada donde probablemente se protagonizó una de las entrevistas más inocentes y conmovedoras del día.

“Me preguntaron: ‘¿Cuánto ganan sus papás? ¿Son profesionales? ¿En qué colegio estudias?’”, recuerda.

“Les dije la verdad: ‘Mi mamá es comerciante minorista, no ganamos mucho. Mi papá me ha abandonado. Es comerciante, pero vive con otra mujer. No sé qué hacer”.

“Me negaron la visa por decir la verdad, me respondieron: ‘No tienes visa, lo siento. No tienes garantía, no tienes nada’”.

Faltaban sólo unos minutos para que se cierre la ventanilla de las visas. Nemia cuenta que decidió llamar a Juan Reyes. Le dijo que su sueño de competir en su primera carrera internacional se había esfumado y le pidió que le apoye con el pasaje de vuelta a Oruro. Pero Reyes reaccionó. Apareció en la embajada en cuestión de minutos y empezó a hablar en inglés con uno y otro funcionario. Brindó sus garantías personales. Y, días más tarde, la atleta Nemia Coca Yampara realizaba el viaje La Paz-Miami- San Juan-Guayanillas.

“Así, gracias a don Juan, me fui a Estados Unidos —celebra otra vez Nemia con un aire de orgullo y alivio—. Estuve un día en Miami y luego nos llevaron a Puerto Rico. Claro que no tenía ni un centavo. Ni cómo pedirle nada a mi mamá porque en ese tiempo, en casa, a veces no teníamos ni para comer. ¿Cómo entrenaba? Con pan y agua. Eran la base de mis entrenamientos”.

Maratones por la bolsa
Probablemente, Nemia no imaginaba que aquél era el primero de incontables viajes a toda Bolivia y 22 países de América y Europa durante los siguientes 36 años. Luego de competir en Guayanillas, empezó la seguidilla de triunfos, medallas, récords y clasificaciones a competencias internacionales. Logró podio en seis maratones de El Diario y fue ganadora en tres, con las consecuentes clasificaciones a la maratón brasileña de San Silvestre. Volvió a clasificar para Guayanillas y también a los mundiales de media maratón en Montbéliard-Belfort, Francia, y en Oslo, Noruega, entre tantas otras. Las competencias de pista alimentaban su alma de atleta, las de calles, algo más.

Como sucede frecuentemente con los fondistas del occidente boliviano, Nemia Coca también optó por obtener parte de su sustento ganando competencias. Se sumó a la larga lista de quienes, incluso arriesgando el físico, van por la bolsa de una maratón para salvar alguna necesidad. “Me puse a correr en las maratones, en la de radio Cosmos, en las de El Diario, la Media Maratón del Oriente, Unitel… Empecé a ganar en una y otra, y, con lo que ganaba, muchas veces le salvaba a mi mamá en sus gastos”.
Hizo tan buenos papeles que el récord que marcó para la Media Maratón del Oriente cumplió hace un par de semanas 32 años, imbatible. En ese tiempo, si bien ya competía a nivel internacional, quería más: ganar en el exterior y, especialmente, llegar a los Juegos Olímpicos. Quería consagrarse completamente al atletismo, a lo grande. Su aspiración ya había despertado críticas incluso dentro de su propia familia. “Ya no corras, déjalo, estudia, no vas a poder vivir de eso”, le dijeron varias veces la mamá y sus hermanos. Alcanzar su nuevo sueño se le hacía cada día que pasaba cuesta arriba.

El nombre “Nemia” viene del hebreo, es la feminización de “Nehemías”, que significa “reconfortado por el Creador”. Y pareciera que funciona porque, en los momentos más críticos, junto a su proverbial voluntad, le suelen aparecer las ayudas salvadoras. “‘Yo te apoyaré para que logres tus sueños, casémonos, así tu mamá ya no se preocupará’, me dijo quien entonces era mi novio”, relata Nemia. Ella aceptó con la condición de que no quería tener hijos hasta lograr sus metas deportivas. Su futura suegra, Asunción Hinojosa, le manifestó una intuitiva preocupación: “Me lo estás arrastrando a mi hijo al deporte, él tiene que ser ingeniero”.

El novio, Marcelo Peñaranda, era por entonces el más destacado alumno de la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Técnica de Oruro. A partir de 1986, se convirtió en el principal apoyo de la atleta y no sólo se enamoró de ella, sino también del atletismo. Probablemente, si hubiese empezado a competir más temprano, habría descollado más, pero aun así llegó a ser un destacado semifondista que incluso fue seleccionado nacional. Profecía cumplida, con el paso de los años, dejó la ingeniería para consagrarse al deporte.

Llega el mecenas
Corría el año 1992, la pareja extremaba recursos para lograr el sueño de Nemia, y un día apareció otra gran ayuda.

“Me dicen en casa de mi suegra que alguien me llamó por teléfono y contesté enojada: ‘¿Quién habla?’. Me responde: ‘Mario Mercado Vaca Guzmán’. Le respondí: ‘Ah, no le conozco’. Mi esposo, me pellizcó y me dijo ese rato: ‘¡¿Qué te pasa?! ¡Es el papá del Bolívar!’. ’Ah, ¿usted es el papá del Bolívar?’, me corregí y él se rio y me dijo que sabía que yo era la mejor atleta de Oruro y que tenía un regalo para mí”.

Nemia califica a Mercado como el padre que nunca tuvo. El empresario la apoyó desde entonces con todo lo que una atleta puede precisar para sus competencias. Incluso recuerda a unos fornidos ayudantes que le facilitaban la tramitación de pasajes y documentos para cada competencia internacional. Es más, el recordado magnate minero y mecenas deportivo le pidió que escoja si quería ir a especializarse a Europa o a Estados Unidos. Le anunció que él financiaría entrenador, estadía y mantenimiento, el tiempo que fuere necesario.

Pero aquella primavera atlética se acabó abruptamente, apenas duró dos años. Mercado murió en un accidente aéreo el 21 de enero de 1995. “Fui a buscar luego a sus hijos, pero no eran como él —remarca Nemia—. Al final, decidí no pedirles nada. Justo ya estaba logrando marcas mínimas para grandes competencias. A veces, siento que ahí también empezó a finalizar mi vida de atleta”.

Final de ciclo
Durante los siguientes cuatro años, aún logró importantes victorias en el país y clasificó a cinco competencias internacionales. Es más, en cierta medida cumplió su sueño de llegar a los Juegos Olímpicos, pues logró ser acreditada entre los atletas porta antorcha olímpica en los JJOO de Atlanta en 1996. Pero, poco a poco, sus vértebras y tendones le fueron recordando que durante años no había repuesto electrolitos, calcio ni vitamina C. En 2002, el médico le recomendó que deje las competencias hasta recuperarse, es decir, por lo menos durante dos años.

Nemia y Marcelo entonces optaron por potenciar Pie de Viento, el club que habían fundado. No lo hicieron nada mal. El emprendimiento atrajo una lluvia de medallas que los niños y jóvenes que entrenaban empezaron a lograr en el país. Pie de Viento cobró fama y sumó atletas. Todo gratis. El financiamiento y los recursos corrían por cuenta de la pareja y sus respectivas familias quienes también acabaron enamorándose del atletismo.

En 2015, apostaron por un proyecto mayor: un programa de alto rendimiento, ése que les ha hecho falta a, probablemente, cientos de atletas bolivianos. Nemia propuso el proyecto a la Gobernación orureña para que lo financie. “Me arriesgué, prometí que lograríamos récords, marcas mínimas, medallas internacionales —recuerda primero riendo y luego poniéndose seria—. Me advirtieron que debía ser muy cuidadosa con todo porque, si no, podrían caerme procesos. Siempre temí ese riesgo”.

Alto rendimiento
La historia del programa de alto rendimiento parece una antología de la inventiva y la cooperación frente a la falta de políticas deportivas nacionales. Jacoba, por ejemplo, aportó con la carne que comerciaba para alimentar a los atletas y Asunción habilitó en casa los cuartos donde irían a vivir. Los hermanos aportaron con diversos recursos. Nemia y Marcelo han bregado en medio de laberintos y trabas burocráticas y financieras. Sus atletas, en diversas oportunidades, debieron apelar a la tradición de ganar maratones para tener recursos. Un porcentaje de esos premios lo donaban a la causa.

El nuevo desafío
Incluso el desafío les implicó más sacrificios. “Yo les pedía que no trabajen, que se dediquen cien por cien al entrenamiento —explica Nemia—. Pero muchas veces no conseguimos los fondos para su sustento. Uno de ellos optaba por hacer de taxista, otro de albañil, otro pelaba papas en el mercado, uno se metió de ayudante en un gimnasio. Apenas pudimos conseguir algunas becas olímpicas y del proyecto los Tunkas”. En las grandes competencias, Nemia y Marcelo sustituían a los equipos de apoyo que los rivales de otros países tienen. Es decir, ejercían de entrenador, masajista, kinesiólogo, psicólogo y dietista a la vez. “Son como mis hijos”, resume Nemia.

Y el esfuerzo volvió a rendir frutos. Desde 2016, los pupilos de Nemia y Marcelo empezaron a cosechar sonados logros internacionales. Hoy son harto conocidos los triunfos de fondistas como David Ninavia, Vidal Basco, Daniel Toroya, Héctor Garibay y Mayra Quispe. Quizás la declaración de Ninavia tras ganar la medalla de oro en el Sudamericano de Brasil, en Cascavel, el reciente 22 de octubre resuma lo alcanzado: “Perdí la cuenta de las medallas que he logrado, sólo me preparo de la mejor manera para competir”.

Cazatalentos internacionales ya han ofrecido, por ejemplo, a Ninavia y Garibay, programas para que entrenen y compitan por otros países. Nemia quiere que lleguen a los Juegos Olímpicos de Francia 2024 representando a Bolivia. “Quisiera que se entienda que, muchas veces, detrás de cada medalla que logra un atleta boliviano, no sólo hay gran sacrificio, sino un mar de lágrimas”, explica. Luego, resume el reto que hoy la vuelve a desafiar: “Se están agotando los recursos, y estos meses son clave para las marcas mínimas de los JJOO. Ahora necesito más apoyo que nunca”. Y, como repasando esta maratón de obstáculos de 41 años, resuelve: “Ni modo, ¡lucharé de nuevo!”.

Fotografía Gentileza Agencia APG Noticias.

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