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Chile: Incautan más de 100 toneladas de droga provenientes de BoliviaHoy, lunes 8 de junio de 2026, las autoridades chil...
08/06/2026

Chile: Incautan más de 100 toneladas de droga provenientes de Bolivia

Hoy, lunes 8 de junio de 2026, las autoridades chilenas informaron sobre la incautación de más de 100 toneladas de droga en un operativo sin precedentes. Este decomiso se realizó tras el secuestro de más de 1.000 toneladas de madera impregnada con droga proveniente de Bolivia. La operación tuvo lugar en tres puertos chilenos: Arica, Valparaíso y San Antonio.

Detalles del operativo
El Ministerio de Seguridad Pública de Chile destacó que esta incautación es una de las mayores realizadas en los últimos años. El trabajo se logró gracias a una investigación que duró seis meses, donde participaron la Policía Marítima, las fiscalías de Arica y Parinacota, así como el Servicio Nacional de Aduanas.

Se incautaron un total de 1.080 toneladas de madera.
Más de 100 toneladas estaban impregnadas con dr**as.
Se detectaron 45 contenedores contaminados.
Se estima una afectación al narcotráfico superior a 8.500 millones de dólares.
Se encontraron otros agentes adulterantes como cafeína, ecgonina metil éster y fenacetina
Se encontraron otros agentes adulterantes como cafeína, ecgonina metil éster y fenacetina • RR. SS.
Sustancias detectadas
El fiscal regional de Arica, Mario Carrera, explicó que la cantidad decomisada corresponde aproximadamente al 10% del total analizado. Entre las sustancias detectadas se encuentran:

Co***na
Clorhidrato de co***na
Ketamina
Además, se encontraron otros agentes adulterantes como cafeína, ecgonina metil éster y fenacetina. Carrera afirmó: “Esto es 100% trabajo de inteligencia y trabajo investigativo. Ningún hallazgo fue al azar”.

Récord superado y cooperación internacional
Este decomiso supera ampliamente el récord anterior registrado en 2001, cuando se incautaron cerca de nueve toneladas de co***na en el mismo puerto. La investigación ha derivado en acciones coordinadas con autoridades bolivianas e instituciones internacionales. Carrera confirmó que la Fiscalía boliviana ya realizó detenciones basadas en antecedentes compartidos por Chile.

Estrategia contra el narcotráfico
El fiscal nacional chileno, Ángel Valencia, mencionó que el éxito del operativo fue posible gracias a la estrategia denominada “Foco Portuario”, implementada desde 2024 para fortalecer los controles frente al crimen organizado transnacional. Por su parte, el ministro de Seguridad chileno, Martín Arrau, advirtió sobre el nivel de sofisticación alcanzado por las organizaciones criminales que operan sin respetar fronteras y cuentan con amplias capacidades logísticas y financieras.

Cargamento oculto entre madera
Según la Armada chilena, el cargamento era utilizado como fachada para ocultar grandes cantidades de droga entre madera aserrada y material tipo decking.
La Patria

PADRE ADEUDA 10 AÑOS DE ASISTENCIA FAMILIAR Y PAGA DESPUÉS DE SER APREHENDIDO EL DÍA DE SU NUEVA BODAEloy Pacheco Jarro ...
26/05/2026

PADRE ADEUDA 10 AÑOS DE ASISTENCIA FAMILIAR Y PAGA DESPUÉS DE SER APREHENDIDO EL DÍA DE SU NUEVA BODA

Eloy Pacheco Jarro fue aprehendido el pasado sábado 23 de mayo, cuando ingresaba a su boda y recién tras pasar dos días en la cárcel de San Antonio (sábado y domingo), este lunes 25 de mayo canceló la deuda acumulada durante años 10 con su hijo, a quien dejó m0r¡r con c4ncer sin asistirlo económicamente ni acompañarlo en su agonía.

Eloy Pacheco Harro, de 42 años, prestamista y propietario de chacos productivos en el trópico de Cochabamba, terminó pagando Bs 44.984 por concepto de asistencia familiar devengada únicamente después de haber sido aprehendido e ingresado a la cárcel de San Antonio, cuando intentaba celebrar su matrimonio el pasado sábado.

Según antecedentes del proceso judicial de homologación de asistencia familiar seguido por la madre del menor, la justicia había fijado una pensión mensual de 350 bolivianos para el hijo de Pacheco Jarro, quien padecía cáncer. Sin embargo, durante años el acusado incumplió con esa obligación, acumulando una deuda que legalmente continuó vigente incluso después de la muerte del niño.

La deuda no se extinguió, tras la dolorosa mu£rt£ del niño, debido a que se trata de asistencia familiar devengada y porque la madre quedó sola afrontando gastos, deudas y responsabilidades derivadas de la enfermedad del menor.

De acuerdo con la denuncia, Eloy Pacheco Jarro no solo incumplió reiteradamente el pago de asistencia familiar, sino que tampoco quiso ver a su hijo en su última agonía.

El hombre fue aprehendido el sábado, justo cuando ingresaba a contraer matrimonio. Permaneció detenido sábado, domingo y parte del lunes en la cárcel de San Antonio. Recién después de verse privado de libertad realizó el depósito judicial correspondiente al total adeudado.

Lo que más indignación generó en el entorno familiar y social fue que, una vez recuperada su libertad, el sujeto salió directamente a continuar la celebración de su boda.

Pacheco Jarro había organizado tres días de fiesta, incluyendo limusina y cuatro conjuntos musicales. Aunque no pudo asistir plenamente a las celebraciones del sábado y domingo debido a su encarcelamiento, el lunes logró reincorporarse al festejo.

“Llegó a bailar el tercer día”, señalaron allegados al caso, cuestionando que el hombre haya reaccionado únicamente cuando la justicia actuó en su contra.

Tras pagar la totalidad de la deuda, Eloy Pacheco Jarro abandonó el recinto penitenciario y se dirigió a su fiesta matrimonial para continuar la celebración, contar regalos y comenzar su nueva vida de casado, después de haber evitado durante años cumplir con la obligación básica de asistir económicamente a su hijo £nferm0..

Vía: IN Noticias

03/05/2026

HIJA CONFIESA QUE SU PAPÁ NO LA VIOLÓ Y PIDE SU LIBERTAD

La joven aseguró que se retractó ante la jueza y funcionarios de la Defensoría de la Niñez, pero no fue escuchada. Pide que levanten la condena de 15 años impuesta contra su progenitor, quien está enfermo en el penal de Morros Blanco y recibe amenazas.

“Estoy sinceramente arrepentida por lo que hice. Si mi padre me está escuchando le pido de todo corazón que un día me perdone. Haré todo lo posible para sacarlo (de la cárcel). Fue en un momento de rabia que lo denuncié, él está injustamente ahí”, declaró Miriam, una joven que confesó haber acusado falsamente a su progenitor por violación.
Hace unos días, la joven se presentó a la plaza principal de la ciudad de Tarija, donde le indicaron que se reunían los periodistas. Al llegar, vio a un grupo de personas con micrófonos y cámaras y se les acercó.
“Quiero hacer una denuncia. Quiero pedir por la libertad de mi papá, que está enfermo y es inocente de una violación”, explicó Miriam, quien afirmó que llegó de Argentina, y pidió mantener en reserva su identidad.
Los periodistas se vieron sorprendidos al escuchar que el padre de la joven fue sentenciado a 15 de años de cárcel, acusado por violación, fruto de una denuncia que la ahora persona mayor de edad hizo cuando tenía 14 años.
Sostuvo que hizo esa grave acusación contra su progenitor, motivada por la rabia que sentía contra él en ese momento. Relató que el padre la había golpeado luego de enterarse que estaba embarazada.
La confesión se tornó aún más sorprendente, cuando Miriam relató que mintió en contra de su papá, con el objetivo de lograr que la Defensoría de la Niñez de Tarija avale el ab**to que ella quería realizarse, y que la única forma legal de lograr una autorización para ese tipo de procedimiento era denunciar que el embarazo fue producto de una violación, según la explicación que le dieron otras personas que la indujeron a montar la denuncia por un hecho que jamás ocurrió.

Buscan a padre e hija
Debido a que la entrevista generó solicitudes de ampliar datos por parte de los periodistas, la joven decidió retirarse y no dio mayores detalles que ayuden a revertir la situación legal en la que se encuentra su padre.
“Ella dijo que también vivía en el campo y que por eso no tenía una idea clara de cómo ayudar a su papá. No quiso dar sus datos y es una preocupación, porque varios abogados nos llamaron para atender su caso sin costo”, mencionó una de las periodistas que estuvo presente.
La falta de esos datos impide “abrir un caso” a la Defensoría del Pueblo, ya que se desconocen los datos básicos de la persona afectada, según lo manifestado a EL DEBER por la delegada defensorial en Tarija, Cecilia Bolívar. No obstante, indicó que al tratarse de una denuncia pública y con datos preocupantes, los funcionarios iniciaron una indagación entre los periodistas que tuvieron contacto con Miriam.

El párroco
Consultado sobre si conocía el caso, el párroco del penal de Morros Blancos, Miguel Sotelo, relató que una semana atrás lo visitó una mujer acompañada de su hija, para buscar consejo sobre el mismo problema.
Relató que la madre y la hija afirmaron que el hombre sentenciado “nunca tocó” a la supuesta víctima y que la denuncia se produjo por un acto de venganza hacia el padre.
Sotelo, explicó que lastimosamente no se trata de un caso aislado en Tarija, pues recordó otros en los que inocentes fueron encarcelados en Morros Blancos, acusados por agresiones sexuales que no cometieron. El clérigo hizo duras críticas al trabajo de los administradores de justicia, los abogados y a la manipulación en la aplicación de normas, como la Ley 348, de Lucha contra la violencia hacia la mujer.
“Generalmente estos chicos y chicas, apoyados por estas leyes, actúan por emociones negativas. Aunque el padre ni las hubiera tocado, pues lo denuncian por violación. En este caso, vinieron la madre y la hija a decirme que su papá nunca lo tocó, pero por rabia lo acusó”, explicó Sotelo.
El religioso, que es parte de la parroquia en ese penal desde hace 11 años, señaló a fiscales y jueces como los principales responsables del encarcelamiento de inocentes por “falsas denuncias”, como se dio en el caso de Richard Mamani Martínez, quien estuvo preso cumpliendo una condena de 25 años de cárcel, por una violación que no cometió.
En junio de 2025, Mamani fue liberado luego de permanecer nueve años recluido en el penal de Morros Blancos, a donde fue llevado cuando tenía 19 años, luego de que una menor de 12 años denunció la agresión sexual, que fue cometida por otra persona a la que ella identificó, pero cuya versión no fue tomada en cuenta.

El ab**to
De acuerdo a la versión de la joven arrepentida Miriam, que no precisó fechas, ella quedó embarazada a sus 14 años. Aunque se desconoce el contexto en el cual se produjo dicho embarazo, la noticia generó molestia en el padre quien, al parecer, vivía en otro lugar, pero al enterarse la golpeó como castigo.
En ese momento, explicó Miriam, todos vivían en Argentina, pero con la idea de evitar que el embarazo prosiga, madre e hija recurrieron a la Defensoría de la Niñez en Tarija, para lograr autorización de practicarse un ab**to, basada en que el mismo fue producto de una violación de la cual se responsabilizó al papá, que a su vez fue recluido en Morros Blancos.
Desde la denuncia han transcurrido más de tres años, en los que su padre, además de ser sentenciado, sufre amenazas de muerte y extorsiones de otros internos, según explicó la hija. A todo ese contexto, se suma que la familia del padre informó que ahora se encuentra muy enfermo y temen por su vida.
“La está pasando mal, pido justicia para mi papá. Estuve en las audiencias (de juicio), hablé con la juez y le dije que en ningún momento fui tocada y me parece que la juez no estaba muy bien, me dijo ‘está bien, eso es todo’ y me sacó de la audiencia”, relató Miriam.
La joven afirma que ella se retractó incluso ante el personal de la Defensoría de la Niñez, cuando fue convocada a declarar por segunda vez y cuando ella aún era menor de edad.
Hasta el momento se desconoce la identidad del padre y su estado de salud. Asimismo, esa falta de información impide que la Defensoría de la Niñez verifique si la sentencia ya fue ejecutoriada o si el afectado aún puede recurrir a una apelación antes de ir a la justicia internacional.

Cuestionamientos
Para los expertos, el caso del padre de Miriam aún puede ser revertido, pero cuestionan el accionar de jueces, fiscales y los funcionarios de otras instancias, como la Defensoría de la Niñez de Tarija, por no realizar una investigación completa y no valorar la confesión de la supuesta víctima.
En criterio del abogado Marcial Huanca, en caso de la que la sentencia haya sido ejecutoriada, el afectado aún puede recurrir a una revisión extraordinaria de la condena, en la que puede legalizar la versión de arrepentimiento de la hija.
Similar criterio emitió la exdirectora de la Fiscalía especializada en víctimas de atención prioritaria, Karina Cuba, quien sostuvo que, además, el padre de Miriam puede presentar un amparo constitucional, tomando en cuenta que se vulneran derechos fundamentales con la sentencia.
En ese contexto, los expertos advirtieron que, para tomar acciones, se debe precisar en qué etapa del proceso se produjo la retractación de la hija y si esta fue registrada de forma adecuada. No obstante, en criterio de Huanca, los principales responsables son los fiscales y luego los jueces que estuvieron cargo del caso, tanto en la etapa de investigación como durante el juicio y consideran importante tomar una pericia psicológica a la niña.
El DEBER

29/04/2026

"𝐌𝐢 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐦𝐞 𝐩𝐞𝐝𝐢́𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐨́𝐧 𝐲 𝐦𝐞 𝐝𝐚𝐛𝐚 𝐮𝐧 𝐚𝐥𝐟𝐚𝐣𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐛𝐮𝐬𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐦𝐢́"

Carlos Martínez y Mercedes Pereira le dieron nombres bíblicos a sus seis hijos: Ana, Moisés, Sara, Zacarías, Joel y Ezequiel.

Los tres mayores vivieron más tiempo con el padre y comparten más recuerdos que los menores, es decir, más insultos, más palizas, más caricias en lugares inapropiados.

En medio de la noche, Carlos Martínez metía a sus hijos en la regadera y los dejaba durante horas bajo el agua helada. O abusaba sexualmente de uno mientras los demás dormían en la misma sala.

Estos son algunos recuerdos de Sara, la única que se atrevió a denunciar a su padre cuando tenía 12 años, a finales de 2010, después de haberlo visto abusar de Ana, su hermana mayor.

Carlos Martínez acabó en prisión con una condena de tres años, pero un año después fue liberado.

Carlos MartínezFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Carlos Martínez era el padre de Sara y Moisés.
Aunque la madre de los niños se negó a aceptarlo de vuelta en casa, Sara recuerda que su padre se convirtió en una sombra al acecho: se presentaba en la puerta del liceo cuando era adolescente y en la de su trabajo cuando era adulta.

Pero no todos sabían plenamente lo que cada miembro de la familia había sufrido en manos de aquel hombre.

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En mayo del año pasado, la madre le confesó a Moisés que estaba aterrada porque su padre la estaba amenazando. Como prueba de los abusos, se sacó la dentadura postiza para demostrarle que Martínez le había volado los dientes a golpes.

Moisés fue de inmediato a buscar a sus hermanas para preguntarles más sobre el padre: Ana confirmó que la había violado durante años, mientras que Sara le dijo que su padre le daba un alfajor después de cada encuentro sexual forzado.

Para entonces, los tres ya eran adultos: Ana tenía 31 años, Moisés 28 y Sara 26.

En medio del llanto, Sara recuerda que su hermano también le confesó abusos que ella desconocía. Aunque le pidió que no lo hiciera, Moisés decidió hablar con su padre para exigirle que les pidiera perdón y los dejara en paz.

Un día después de su conversación con Sara, el domingo 25 de mayo de 2025, Moisés mató a su padre de 14 disparos.

Se quedó junto al cuerpo durante dos días, hasta que llamó a la policía para reportar el homicidio y esperar la llegada de los uniformados para asumir su responsabilidad por el crimen.

Casi un año más tarde, el viernes 10 de abril, la jueza María Noel Odriozola condenó a Moisés Martínez Pereira a 12 años de prisión, en una audiencia que los uruguayos siguieron en vivo a través de una transmisión de Youtube.

Moisés Martínez Fuente de la imagen,Asociación de la Prensa Uruguaya
Pie de foto,Moisés Martínez fue condenado a 12 años de cárcel.
Al anunciar su decisión, Odriozola explicó que había descartado concederle el perdón judicial que estipula el artículo 36 del Código Penal uruguayo cuando un homicidio ocurre bajo "intensa conmoción provocada por el sufrimiento crónico producto de violencia intrafamiliar".

En vista de que nadie denunció a Carlos Martínez durante 15 años, la jueza argumentó que la familia no acudió a "ningún mecanismo de protección como solución primaria", explica Rodrigo Rey, abogado de Moisés.

Sin embargo, Sara advierte que cuando lo hizo siendo una niña, fue revictimizada por el perito que la entrevistó, su padre cumplió apenas un tercio de la breve condena que recibió y nunca hubo protección para ella ni su familia posteriormente.

La sentencia generó conmoción y las protestas organizadas por los hermanos de Moisés desencadenaron un debate público en Uruguay sobre el rol del Estado en la violencia intrafamiliar.

Incluso el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, recibió a Ana y a Sara en una audiencia privada días después de la sentencia contra Moisés.

La defensa apeló para que se suspenda la condena. Mientras tanto, la jueza admitió que Moisés espere la decisión definitiva en prisión domiciliaria, monitoreado por las autoridades con una tobillera electrónica.

En este testimonio en primera persona, que fue editado para garantizar la claridad del relato, Sara Martínez cuenta la historia de su familia.

Línea gris
Sara
"Recordaba haberle tenido mucho pánico a papá en tercero de escuela. Pero cuando empecé a caer en una depresión y comencé terapia, se desbloqueó un recuerdo de jardín de infantes, o sea que tenía 4 o 5 años.

La casa era de madera y no teníamos habitaciones para nosotros, siempre dormíamos en cuchetas (literas) en una pieza de madera de dos por dos.

La primera situación de abuso que me pasa en esa pieza de madera ocurrió mientras mis hermanos estaban durmiendo. Mi padre estaba abusando de mí y tenía enfrente a mi hermano y al costado a mi hermana, con una impunidad tremenda.

No era un cuarto en sí, sino como si fuera el living o el comedor, que también se usaba de cuarto. En el otro lado de la cocina dormíamos nosotros en cuchetas. Él me sacaba de la cucheta y me llevaba a la parte donde él dormía.

Algo que me marca hasta el día de hoy es que cada vez que mi padre abusaba de mí, me pedía perdón llorando mucho. Al principio, yo intentaba creer que iba a cambiar. Pero llegué a contar hasta la vez 60 y dije: 'Ya está, este tipo no va a cambiar más'.

La mayoría de los abusos se daban en la noche. Mi madre se iba de madrugada a trabajar en un supermercado y entraba muy temprano y yo ya sabía que iba a venir mi padre y era otra vez lo mismo.

Yo los contaba porque me decía que alguna vez me iba a animar a hablarlo.

Además de pedirme perdón, aparecía con un alfajor que me encantaba, de maní, chocolate y dulce de leche, y que ahora no lo puedo ni comer. Me sentía culpable, sentía que yo permitía que me abusara para comerme el alfajor.

Ahora me genera mucha bronca la palabra perdón, porque siento que lo tenés que utilizar cuando realmente tenés intenciones de que te disculpen y no solamente como lo usaba mi padre, que era para manipularme y para que yo no hablara.

Ana, Moisés y SaraFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,La niña más grande es Ana, en el centro está Moisés y la bebé es Sara.
Y no sólo tengo recuerdos de abusos sexuales, sino también de torturas.

Yo no me olvido más de la primera vez que mi padre llegó del trabajo y yo no lo quería saludar porque le tenía mucho miedo y me dejó encerrada en el galpón hasta la madrugada, solamente porque no lo quise saludar.

De madrugada se levantaba y nos llevaba al baño, nos abría la ducha y nos dejaba bajo agua fría por horas o nos ponía pedregullos (grava o piedras pequeñas de construcción) y nos hacía arrodillarnos y quedarnos ahí a modo de castigo.

De eso tengo millones de recuerdos.

Antes de pegarle a mis hermanos, yo tenía como un trabajo asignado: cada vez que él llegaba de trabajar, yo tenía que limpiarle los pies y estar más de 40 minutos o una hora con sus pies apoyados encima de mis piernas.

No recuerdo una situación de abuso en la que estuviera mamá, él siempre esperaba a que ella se fuera… Aunque ahora pensándolo bien, también ocurrió una situación de abuso mientras estaba mi madre.

Cuando yo fui creciendo y él me hacía limpiarle los pies, me empezaba a tocar la v***a con el pie. Aprovechaba cuando mi madre se daba vuelta o estaba cocinando y lo hacía y se reía. Mirá... estoy desbloqueando más recuerdos.

Recuerdo hasta ir en moto y que mi padre agarrara mi mano para que yo le tocara el pene.

Mi sueño era vivir sin mi padre. Cuando yo era chiquita pensaba: 'Guau, ¿cómo será estar sin él?'. Y por otro lado tenía otra Sara diciéndome: 'No imagines eso porque nunca va a pasar'.

Era ese contraste de luchar contra mis pensamientos y mis ganas de hablar sobre el miedo que tenía a todo lo que generaba papá".

Ana, Moisés y SaraFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Ana, Moisés y Sara sentados en la moto de un tío materno en Paysandú, en el norte de Uruguay.
Ana
"Ahora conecto algunas cosas. Nosotros sentíamos diferencias con mi hermana. Él le compraba ropa o los championes (zapatillas) que ella quería. Nosotros podíamos estar con los championes rotos que a él no le importaba.

Ahora entiendo la manera de manipulación y de violencia hacia ella, como silenciándola.

De adolescente, a mi hermana le pasaba que cuando se iba al liceo, mi padre volvía y le decía: '¿Por qué estuviste en tal esquina? ¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué hiciste esto a tal hora?'. Él sabía todos los movimientos, lo mismo con mi madre.

Era como un autoritarismo, no sé cómo hacía, la verdad. Era un control tremendo.

Mi hermana, siendo adolescente, empieza a tener su primer novio y mi padre llegó un día recontra enojado a mi casa porque había visto a mi hermana de la mano con su novio.

Mi hermana entró a casa, mi padre la empujó a la cama, se le tiró encima y la empezó a ahorcar. Yo la vi violeta y en ese momento pensé: 'Tengo que hacer algo porque se muere'. Le dije: 'Basta, la vas a matar'.

Él se dio vuelta y no me olvido más de su mirada de monstruo, como un ogro que me estuviera mirando. Me encajó tremenda patada, pero siento que gracias a eso hoy mi hermana está con vida porque él literal ese día la mataba".

Ana, Sara y ExequielFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Ana, en el centro, junto con sus hermanos menores Sara y Ezequiel.
La directora de la escuela
"Yo pensé que solamente abusaba de mí, hasta que un día vi cómo abusaba de mi hermana y ahí fue cuando me animé a denunciar.

Era el último período de la escuela, ya era noviembre o diciembre, y yo ya después pasaba al liceo. Vi esa situación de abuso y dije: 'Algo tengo que hacer'.

Entonces lo escribí en un papel. Me acuerdo que puse: 'abuso sexual' y se lo di a mi mejor amiga en ese momento. Ella también era chica y no entregó el papel, sino que otra compañera lo agarró y se lo llevó a la directora.

Allí es cuando empezó todo.

La directora me llamó. Yo en principio lo negué, porque tenía mucho miedo. Yo quería hablar, pero por otro lado no sabía lo que se me iba a venir.

Al otro día, cuando fui a la escuela, inició este proceso de declaración con tres personas que no sé muy bien quiénes eran, profesionales, y empezaron a indagar sobre los abusos.

Ellos ya habían detectado que la situación de abuso era intrafamiliar y en vez de sacarme enseguida, me dejaron volver a mi casa. Estuve tres días así, pensando un montón de cosas porque yo decía: 'Si mi padre se entera, me mata. ¿Qué estoy haciendo?'.

Cada vez que abusaba de mí, mi padre también me decía que le iba a sacar un padre a mis hermanos (si hablaba). Entonces yo me sentía recontra culpable.

Por otro lado, había una Sara más razonable que decía: 'No, esto que estás haciendo está bien y estás ayudando a tus hermanos a que no vivan más con este monstruo'.

Era esa mezcla de sentimientos y de mucho miedo: alivio por un lado y miedo por el otro. Fue muy difícil".

Mercedes Pereira y sus hijosFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Mercedes Pereira, madre de Sara y sus hermanos, celebrando el cumpleaños de su hijo menor después de que su esposo fue detenido por la denuncia.
El perito
"En la escuela llamaron a mi madre y le dijeron lo que había pasado. Me acuerdo que entré a una salita y ahí mamá lloraba un montón y me trasladaron al hospital.

Fue horrible. La segunda experiencia más traumática fue con el perito.

Me hicieron pasar a una sala con mi hermana, que era menor y yo quería que se animara a hablar. El perito me puso una regla y me pidió que le marque el tamaño del pene de mi padre.

Yo me puse a llorar mucho, empecé a llamar a mamá y mi hermana me agarró la mano. Y él me decía riéndose: 'Dale, decilo, que a las mujeres que están acá les encanta', haciendo alusión a mi hermana y a otras dos mujeres que estaban ahí, que yo no sé qué rol cumplían.

También me preguntó cómo era el semen de mi padre. Todo eso para saber si el abuso había sido real cuando yo ya venía de tres días en la escuela de hablar de las situaciones que pasaba con mi padre.

No era la manera. Cuando una se anima a denunciar una situación de violencia sexual, lo que menos tienen que hacer es ponerle un varón. En ese momento, con 12 años, yo entendía que estaba mal que me pusieran un varón.

También entendía que las preguntas que me estaban haciendo eran horribles.

Vos no entendés que eso que te está haciendo tu padre no está bien. Lo empezás a comprender más de grande. Es exigirle a un niño o una niña que se anime a denunciar una situación cuando ni siquiera sabe bien qué es lo que está pasando.

Tu cabeza se desarma. Vos decís: '¿Qué está haciendo mi padre? ¿Mi propio padre me está tocando?'. Me marcó mucho esto, me sigue costando hasta ahora.

Encima del abuso, mi padre se sentía con la libertad de hacer comentarios todo el tiempo sobre mi cuerpo: que cuando fuera grande iba a tener unos senos lindos, de que me iban a crecer pelos como le crecían a él.

Todo eso mientras transcurrían las situaciones de abuso. Era aberrante".

Sara de niñaFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Sara, a la izquierda, como abanderada en su escuela el mismo año en que denunció a su padre.
El padre
"Mi padre fue un monstruo. En su discurso para la escuela, él era un pobre tipo desamparado que se había ido de su casa cuando era adolescente porque su propio padre había abusado de su hermana.

Por eso nosotros nunca conocimos a nuestro abuelo paterno, porque él nos dijo indignadísimo que se fue de la casa porque su padre abusó de su hermana y él terminó haciendo lo mismo con nosotras.

Una de las cosas que a mí también me lleva a denunciar es la bronca que le junté por esa indignación que él traía cada vez que pasaba algo contra un niño o una niña.

Íbamos a la iglesia evangélica y él era como el mejor cristiano, el mejor hijo de Dios, el hijo perfecto, el que iba todos los domingos con sus hijos y lloraba arrepentido, nos abrazaba, pedía perdón por sus pecados.

Esa era la imagen de mi padre, el mejor padre del mundo.

Cuando fueron a capturar a mi padre, se dio a la fuga y lo detuvieron al tercer día.

Él declaró que hacía lo que hacía porque sabía que tocando a una de sus hijas era la manera de lastimar a mi madre. Ese fue su argumento.

Y como lloraba arrepentido, le dieron tres años nada más. Para mí era muy poco porque yo era consciente de que mi padre había abusado de mí más de tres años. Y encima después redujeron la pena.

Para mí se caía un poco de maduro que si había un padre que estaba abusando de una hija, seguramente estaba abusando del resto de sus hijos.

Cuando estuvo en la cárcel, sé que mi padre llamaba a mi hermana para decirle que si hablaba, mi madre iba a aparecer mu**ta.

Después de que salió de la cárcel, mi hermano (Moisés) intentó revincularse con él. Es como esa necesidad de tener un papá y de pensar que él había cambiado.

Yo lo que hice fue alejarme. Le pedí a mis hermanos que si ellos iban a tener contacto con mi padre, no me lo nombraran más, porque para mí era una persona que representaba mucho dolor".

Moisés, Ana y SaraFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Moisés, Ana y Sara ya más grandes.
La madre
"La relación con mamá cambió. Aunque nos quedábamos casi todo el día solos porque ella tenía que trabajar, compartíamos un poco más cuando llegaba.

No estábamos con ese miedo de que sabíamos que iba a llegar papá.

Empezamos a ir al parque; empezamos a tener nuestra primera navidad, que con nuestro padre tampoco podíamos por la religión. Empezamos a tener Reyes, a festejar nuestros cumpleaños.

Empezamos a vivir porque los años anteriores estuvimos sobreviviendo.

Recuerdo un día que me marcó mucho de chiquita. Entré a casa porque sentí llantos y mi madre estaba colgada. Mi padre la levantó el cuello, me acuerdo patente de ver sus pies en el aire y yo salí llorando porque pensé que mamá no iba a vivir más.

Cuando volví, en cuestión de minutos, mi padre estaba sentado con ella tomando mate. Yo no entendía nada, pero claro, mi madre no podía escapar de ese círculo de violencia.

Ahora conecto muchas situaciones de ver a mi mamá con la cara hinchada. Muchas veces ella se tapaba con una bufanda negra y nos decía que se había sacado una muela, siempre nos buscaba alguna excusa.

Pero éramos conscientes del maltrato de mi padre hacia ella, no de todo lo demás, de las violaciones y de que una vez ella perdió un embarazo.

Mi padre la hizo abortar. Le puso la rodilla encima de la panza y de noche mi madre perdió el embarazo. Ella siempre culpó al médico porque él le decía que había sido culpa del médico y después se acordó de ese momento.

Mamá me contaba que iba a consulta y él le decía que tenía que abortarme. Ella le pidió al médico que le dijera a mi padre que el embarazo estaba muy avanzado y que no se podía hacer".

Mercedes Pereira y sus hijos.Fuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Mercedes Pereira en el centro, de negro, junto con sus hijos.
El pastor
"Cuando mi padre salió de la cárcel, el propio pastor de la iglesia le prestó un lugar para vivir.

Lo primero que hizo fue ir a buscarme al liceo. Yo quedé choqueada porque no sabía que mi padre podía salir antes. Me acuerdo que tuve que mirar dos veces para ver que era real, que era él el que estaba ahí.

No lo podía creer.

Él de nuevo intentó pedirme perdón. Íbamos a la iglesia y nos decían que la única manera de sanar era perdonando todo y que no era nuestro padre el que había abusado de mí, que era un demonio que se había metido en él.

El pastor de la iglesia dijo eso y ese discurso me terminó comiendo en ese momento. Después no quería volver al liceo porque no me lo quería encontrar.

Se dio una situación con él donde yo lo termino viendo porque supuestamente había tenido un accidente por mi culpa y se estaba por morir.

Él me pidió perdón llorando otra vez y de nuevo intentó abusar de mí. Ese fue mi límite. Dije: 'Nunca más'.

No lo volví a denunciar porque no quería pasar otra vez por el proceso que había pasado".

Sara y sus hermanosFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Sara junto con sus hermanos años después de que su padre abandonara la casa.
Moisés
"Con Moi hubo un ensañamiento. Si a nosotras nos daba con un látigo cinco veces, a Moi le daba 20 veces con el látigo.

Hay muchas cosas que nos fuimos enterando en el juicio. Hubo un psicólogo, que era un perito, que confirmó que sí hubo situaciones de abuso hacia él.

Como era carpintero y albañil, mi padre dejaba a mi hermano trabajando hasta horas de la madrugada en el galpón.

Moi tiene una cicatriz (en la cara), que es donde tiene un tatuaje de una cruz. Eso fue un martillazo que mi padre le pegó.

Me acuerdo un día que llegué de la escuela y no encontraba a Moi. Me fui al galpón y Moi estaba arrodillado, llorando.

Tenía una remera blanca y cuando se la levantó, en la espalda tenía todas las marcas de los golpes que le había dado mi padre.

Moi nunca se resistió, le tenía mucho miedo a mi padre. Era como omnipresente, hasta cuando no estaba generaba terror.

Yo no dimensioné las secuelas que quedaron en él. Por ejemplo, le pasa que si ve unos zapatos de construcción, le genera mucho miedo porque le hacen acordar a mi padre.

Moisés MartínezFuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Moisés sufrió severos castigos físicos a manos de su padre cuando era niño.
Lo que pasó el año pasado es que mi madre vivía en Paysandú (en el norte del país). Mi hermano Moi fue de visita y la vio mal.

Le preguntó qué le pasaba y mi madre le contó que mi padre le había dicho a mi hermana que tenía intenciones de mudarse a Paysandú y quería reclamar la tenencia de mi hermano más chico, que tiene 15 años.

Mi madre se puso a llorar mucho y se sacó toda la dentadura. Nosotros no sabíamos que era postiza y eso a Moisés lo dejó choqueado: la impresión de ver a su madre sin dientes y el pánico que tenía de que mi padre se apareciera.

Mi hermano volvió un viernes a Montevideo, habló conmigo y habló con mi hermana. Ella le confirmó que los abusos habían sido reales.

Había muchas cosas que yo no las había hablado ni con mi terapeuta. Fue como poner a dos niños a contarse las situaciones de violencia que habían vivido y las secuelas que quedaron.

Yo nunca lo había visto llorar de esa manera. Me decía: 'Hermana, me duele mucho el pecho'. Esas 48 horas previas fueron como un boom de información para él".

Sara y sus hermanos protestando Fuente de la imagen,Cortesía de Sara Martínez
Pie de foto,Sara y sus hermanos hicieron parcantas y convocaron protestas en apoyo a Moisés durante el juicio
"Mi hermano estaba en una situación de colapso. Lo último que me dijo ese sábado fue: 'Hermana, llévame al parque a jugar'.

Cuando mi padre estaba preso, mi madre nos empezó a llevar al parque.

Él quería ver a mi padre para que nos pidiera perdón, que nos diera una explicación y decirle que no se apareciera nunca más.

Yo le conté muchas cosas a Moi ese día, como para decirle de lo que mi padre era capaz. Mi intención era que no fuera, pero terminó yendo igual y ahí se dio el desenlace.

Mi cuñado me avisó que Moi había matado a papá y ese día yo saqué a esa niña interior que siempre quiso gritar la mi**da que había sido mi padre.

Mi hermana llegó antes. Si bien el cuerpo estaba cuando llegué, no lo vi, no quería verlo. A mi hermano ya se lo habían llevado.

Cuando nos llevaron a Homicidios a declarar, él estaba en una celda donde no pudimos verlo, pero me mandó a decir que ya me podía comer el alfajor en paz".

BBC Mundo

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