04/06/2026
ES SU CABEZA, PRESIDENTE
Lo que está ocurriendo en Bolivia no es difícil de comprender.
Hay un grupo de dirigentes sindicales que hacen política y un ex presidente que quieren derrocar al presidente del Estado, Rodrigo Paz.
No hay mayor misterio. Lo han dicho clara, pública y reiteradamente. Todos lo hemos entendido, excepto una persona.
No quieren cambiar nada, no quieren que se abrogue una ley, no buscan reivindicaciones sociales, no piden losetas, créditos, tierras ni tractores: quieren tumbar a Rodrigo Paz.
Todos lo sabemos, menos una persona: el propio Rodrigo Paz.
Exactamente igual que en Crónica de una muerte anunciada, la novela del gran Gabo. En el pueblo todos sabían que iban a matar a Santiago Nasar; sus futuros asesinos lo gritaban por todas partes. Todos lo sabían, menos Santiago, que fue el último en enterarse y acabó apuñalado en la puerta de su casa.
La diferencia es que en la novela Santiago realmente no lo sabía. En este caso, Rodrigo sí lo sabe, pero parece que todavía no lo entiende.
¿A qué viene tanta perorata, tanta convocatoria inútil a diálogos sin sentido? ¿Por qué el Presidente quiere dialogar con quienes no quieren dialogar y sólo quieren su cabeza?
¿Qué pretende negociar Rodrigo Paz con ellos? ¿La forma en que le van a cortar la cabeza?
Ni siquiera hace falta. Ya se lo han dicho. Le dieron dos opciones: que se vaya diplomáticamente o que se vaya como Goni.
El problema es que no se trata de un asunto personal. Es un asunto político. Un asunto de Estado.
Para tumbar al Presidente, quienes quieren su cabeza han ordenado bloquear carreteras, impedir el paso de alimentos, enfermos y cualquier otra cosa.
Es la estrategia de Evo Morales.
“Que no entre comida a las ciudades, vamos a bloquear, cerco de verdad”, le decía Morales en un audio de 2019 al dirigente Faustino Yucra Yarwi.
¿No lo sabe Rodrigo Paz?
Y para un plan de esa naturaleza se necesita dinero. Las marchas y los bloqueos cuestan mucho dinero. Nadie permanece allí únicamente por convicción. Alguien financia el transporte, la comida y el jornal.
Usted, Presidente, tendría que haber mandado a investigar e identificar quiénes los financian y cómo lo hacen. En 34 días ya debería tener alguna información.
¿No existen aparatos de inteligencia en el Estado?
El bloqueo puede durar semanas o meses porque ellos no se cansan. Y no porque sean raza de bronce, sino porque tienen una estrategia de rotación muy bien organizada.
¿Tampoco lo sabe?
Que alguien le cuente cómo Evo Morales le revelaba a Yucra la estrategia aquel año:
“Si uno concentra, se cansa y te abandona. Organicen grupos en sectores cada 24 horas y vamos a aguantar los bloqueos”.
Parece que el Presidente no sólo no está informado de eso. Tampoco parece estar informado de todo lo que la gente de las ciudades cercadas y no cercadas está diciendo de él estos días.
No hace falta enumerar los adjetivos que le dedican. Pero, como parece que tampoco lo sabe, que se lo cuenten sus asesores.
¿No era que tenía “cinco o seis asesores extranjeros”, como dijo su hasta hace poco ministro de Trabajo?
Cuando a un presidente le presentan demandas sociales, su obligación es sentarse, escuchar, negociar y buscar soluciones dentro de las posibilidades de un Estado pobre como Bolivia.
Pero cuando a un presidente le dicen de mil maneras que no lo quieren más en su silla, que quieren derrocarlo, y ese presidente fue elegido democráticamente en las urnas, entonces su obligación es otra.
Y es otra porque para alcanzar ese objetivo esos dirigentes sindicales convertidos en actores políticos no ejercen simplemente el derecho a la protesta. Bloquean carreteras y con ello vulneran la Constitución y las leyes que garantizan el libre tránsito, el derecho al trabajo, a la vida (ya hay siete mu***os), a la alimentación, a la educación y, finalmente, a vivir en paz.
Pero además no sólo perjudican a millones de bolivianos. También erosionan la democracia y la frágil institucionalidad del país.
En cualquier lugar, un presidente que protege a los ciudadanos que representa y entiende la responsabilidad de conducir un país lo sabe. Pero nosotros tenemos a Rodrigo Paz.
¡Le quieren cortar la cabeza, Presidente!
Y usted sigue contándonos anécdotas sobre el exilio de su padre, los lugares donde vivió o que de niño comía maní con mandarinas en Cochabamba.
¿En serio, Presidente Rodrigo Paz?
Haga algo.
Usted sabrá qué hacer. Para eso tiene a mucha gente a su servicio.
Defiéndase. Por usted y por los bolivianos que le encomendaron conducir el país durante cinco años.
Porque fue usted quien insistió en llegar a la Presidencia. Nadie lo obligó. ¿No dijo que recorrió 230.000 km para sentarse en esa silla?
Ahora ocúpela. Cumpla su responsabilidad.
No se trata sólo de ponerse la banda presidencial para la foto.
¿O está esperando más mu***os?
Porque esa gente humilde que falleció en el camino por no poder ser trasladada para recibir atención médica son víctimas de los bloqueadores. Pero también son responsabilidad de su gestión. Ocurrieron bajo su gobierno.
Su gobierno fue permisivo con esos bloqueos. No actuó cuando era más sencillo intervenirlos. Y tampoco actúa después de cinco semanas.
¿Escuchó la historia de aquella mujer humilde de Cochabamba que perdió a su esposo porque el bloqueo lo sorprendió en La Paz cuando regresaba con algo de mercadería para vender? Por cuidar su vehículo y su inversión se quedó en El Alto y terminó muriendo de frío, hambre y enfermedad.
¿O la niña Miriam de 12 años que murió porque no pudo pasar los bloqueos para recibir su quimioterapia en La Paz?
A todos nos estremecen esas historias. ¿Y a usted?
Con su pasividad, usted quizá está perdiendo el apoyo y el respeto que muchos le tenían.
Y si otros no se suman al pedido de renuncia no es por respaldo personal a usted, sino porque creen profundamente en la democracia y porque no quieren que la sucesión recaiga en el hombre que usted mismo, por cálculos electorales, llevó a la Vicepresidencia.
Haga algo.
Se lo han dicho con todos los sinónimos posibles. Pero puede resumirse en una sola palabra: Gobierne.
Hágalo usted. No le deje esta tarea a “Dios mediante”.
Dios tiene formas misteriosas de ayudarnos, pero hasta donde se sabe no interviene directamente en asuntos políticos.
Y cuando vuelva a dirigirse al país, salga a explicar qué está haciendo o qué hizo.
No salga a contar más anécdotas. A nadie le interesan.
Deje a un lado los discursos vacíos. La gente tiene un detector muy rápido para la demagogia.
No se confunda: los auditorios controlados aplauden por respeto a la investidura, no porque crean que usted lo está haciendo bien.
Si quiere una pista de lo que realmente piensa la gente, mire las redes sociales.
Que alguien le cuente qué comentarios aparecen debajo de sus propias publicaciones.
Aunque quizá sea mejor que le hagan un resumen. Si le leen los comentarios textuales, probablemente no le va a gustar.
Qué tristeza. Pobre país.
✍🏻 Juan Carlos Rocha