20/04/2026
VIENTOS DE CAMBIOS EN SANTA CRUZ
Hoy Santa Cruz respira distinto. No es solo el resultado de una elección; es el eco de una decisión colectiva que marca un punto de inflexión. La reciente victoria de Juan Pablo “JP” Velasco y Paola Aguirre a la Gobernación no es un hecho aislado, sino el reflejo de una ciudadanía que, cansada de lo mismo, decidió apostar por lo nuevo, por lo posible, por lo urgente.
Santa Cruz, el departamento más grande de Bolivia, ha sido históricamente motor económico, tierra de oportunidades y también escenario de profundas desigualdades. Su vastedad no solo se mide en kilómetros, sino en diversidad: cultural, territorial y humana. Y en esa diversidad habitan pueblos que durante demasiado tiempo han sido invisibilizados en la toma de decisiones.
Hoy, los vientos de cambio no pueden quedarse en discursos ni en símbolos. Deben llegar hasta el corazón mismo de los pueblos indígenas que sostienen la identidad profunda de esta tierra: el pueblo Guaraní, el Ayoreo, el Gwarayú, el Chiquitano y el Yuracaré-Mojeño. Cinco pueblos, cinco historias, cinco formas de entender el mundo y una sola deuda histórica.
Los próximos cinco años no serán fáciles. Gobernar Santa Cruz es gobernar contrastes: modernidad y abandono, agroindustria y comunidades olvidadas, crecimiento económico y desigualdad estructural. Pero también es una oportunidad irrepetible.
¿Podrá esta nueva gestión transformar el desarrollo en inclusión real?
¿Se escuchará por fin la voz de los territorios indígenas más allá de lo simbólico?
¿Se traducirá el cambio político en acceso a salud, educación, tierra y dignidad?
Porque hablar de desarrollo sin incluir a estos pueblos no es progreso: es repetir la historia.
El pueblo Guaraní espera respeto a su autonomía y territorio.
El Ayoreo, uno de los más vulnerables, demanda protección frente a la expansión indiscriminada.
El Gwarayú y el Chiquitano necesitan políticas que integren desarrollo sin destruir su identidad cultural.
Y el Yuracaré-Mojeño, guardián de ecosistemas vitales, exige algo básico: ser visto, ser escuchado, ser parte.
Santa Cruz ha elegido cambiar. Pero el verdadero cambio no se medirá en cifras ni en obras, sino en la capacidad de este nuevo liderazgo de construir un departamento más justo, donde nadie quede atrás.
Hoy comienza una nueva etapa.
Y con ella, una pregunta que quedará en la historia:
¿Serán estos vientos de cambio una brisa pasajera o el inicio de una transformación profunda?
Santa Cruz ya decidió. Ahora le toca a JP y Paola estar a la altura del gran desafío.
¡Exitos en su gestión!