10/05/2026
𝗘𝗡𝗧𝗥𝗘 𝗠𝗜𝗖𝗥𝗢́𝗙𝗢𝗡𝗢𝗦, 𝗠𝗜𝗘𝗗𝗢𝗦 𝗬 𝗩𝗘𝗥𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦: 𝗦𝗘𝗥 𝗣𝗘𝗥𝗜𝗢𝗗𝗜𝗦𝗧𝗔 𝗘𝗡 𝗕𝗢𝗟𝗜𝗩𝗜𝗔
Hoy no quiero escribir como académico.
No quiero hacerlo como analista político ni como experto en medios.
Hoy quiero escribir como periodista. Como uno más de los que sale cada mañana con una libreta, un celular, una cámara o un micrófono, tratando de contarle a la gente lo que realmente pasa en este país.
Porque ser periodista en Bolivia no es como muchos creen.
No es glamour.
No es fama.
No es comodidad.
Es caminar entre conflictos.
Es recibir insultos por informar.
Es quedarse bajo el sol, bajo la lluvia o entre gases lacrimógenos esperando una declaración.
Es aguantar hambre en una cobertura larga.
Es llegar tarde a casa mientras la familia espera.
Es escuchar “cuidate” antes de salir a trabajar, como si uno fuera a una guerra… y muchas veces lo es.
Nos ha tocado vivir épocas duras.
Momentos donde decir la verdad incomoda.
Donde preguntar molesta.
Donde investigar se vuelve peligroso.
Y donde muchos quieren un periodismo obediente, silencioso y arrodillado.
Pero el verdadero periodista no nació para eso.
Nació para contar lo que otros quieren ocultar.
Para darle voz al que no la tiene.
Para denunciar injusticias aunque eso traiga consecuencias.
Para estar donde nadie quiere estar.
Porque mientras muchos duermen, hay periodistas cubriendo accidentes, incendios, marchas, inundaciones, tragedias y también historias de esperanza.
Y sí… muchas veces somos criticados.
A veces por políticos.
Otras veces por la misma sociedad.
Nos dicen vendidos, exagerados o amarillistas, metiendo a todos en la misma bolsa, sin entender que detrás de cada transmisión hay sacrificio, presión y desgaste emocional.
Pocos saben lo que pesa escuchar el llanto de una madre que perdió a su hijo.
Pocos saben lo duro que es narrar desgracias mientras por dentro uno también se quiebra.
Porque el periodista también siente.
También se cansa.
También tiene miedo.
En Santa Cruz, en La Paz, en Cochabamba, en cada rincón de Bolivia, el periodista trabaja muchas veces con recursos limitados, con sueldos bajos y bajo amenazas constantes.
Pero aun así seguimos.
Seguimos porque creemos que informar vale la pena.
Porque una sociedad desinformada es una sociedad manipulable.
Porque callar sería traicionar nuestra esencia.
Hoy, en nuestro día, no buscamos homenajes vacíos.
Buscamos respeto.
Respeto al trabajo honesto.
Respeto a la libertad de prensa.
Respeto al derecho de informar y ser informados.
Porque cuando intentan silenciar a un periodista, no solamente atacan a una persona… atacan el derecho de todo un pueblo a conocer la verdad.
Y aun con todo eso, aquí seguimos.
Con ojeras, cansancio y presión.
Pero firmes.
Porque el periodismo no se ejerce solamente con una credencial.
Se ejerce con valentía.
Con pasión.
Y sobre todo con el corazón.
𝙁𝙚𝙡𝙞𝙯 𝙙𝙞́𝙖 𝙖 𝙩𝙤𝙙𝙤𝙨 𝙡𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙡𝙚𝙜𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙞𝙜𝙪𝙚𝙣 𝙘𝙧𝙚𝙮𝙚𝙣𝙙𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙧 𝙩𝙤𝙙𝙖𝙫𝙞́𝙖 𝙥𝙪𝙚𝙙𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧 𝙖𝙡𝙜𝙤 𝙚𝙣 𝙚𝙨𝙩𝙚 𝙥𝙖𝙞́𝙨.
𝘼𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙙𝙪𝙚𝙡𝙖.
𝘼𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙞𝙣𝙘𝙤𝙢𝙤𝙙𝙚.
𝘼𝙪𝙣𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙖𝙦𝙪𝙚 𝙧𝙤𝙣𝙘𝙝𝙖𝙨.
JCGZ.