07/08/2026
No es una idea mu**ta. No es un asentimiento frío. No es una creencia intelectual sin pasión. La fe, según Lutero, es viva y atrevida. Viva, porque brota de un corazón transformado por el Espíritu. Atrevida, porque se aferra a la gracia de Dios con osadía, sin miedo, sin dudas, sin timidez. No es una fe que tiembla, sino una fe que se atreve a creer que Dios es bueno, que Su promesa es firme y que Su gracia es suficiente.
Esta fe no se queda en la cabeza, baja al corazón y se expresa en la vida. Es la confianza que dice: "Dios lo dijo, y yo lo creo. Dios lo prometió, y yo lo espero. Dios lo ha hecho, y yo lo recibo". Es la fe de Abraham, que "creyó en esperanza contra esperanza" (Romanos 4:18). Es la fe de David, que enfrentó a Goliat con una honda y una certeza. Es la fe de Pablo, que declaró: "Sé a quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito" (2 Timoteo 1:12).
La fe no es un concepto abstracto, es un acto de confianza. No es una fórmula, es una relación. No es un requisito frío, es un abrazo cálido a la gracia de Dios en Cristo. Y esa fe, viva y atrevida, es la que salva, la que sostiene y la que glorifica a Dios.
Así que no tengas una fe tímida, fría o temerosa. Ten una fe viva que se aferra a la gracia. Una fe atrevida que dice: "Sé que Dios es bueno, sé que Su promesa es verdad, y me atrevo a confiar en Él pase lo que pase."