10/06/2026
En los actuales territorios de Beni, Santa Cruz y Pando, estaba la provincia Moxos, de la antigua colonia de España.
Ya muchos conocemos lo que sucedió en 1810.
Ese año, el 10 de noviembre, se produjo el levantamiento de los indígenas mojeños contra la autoridad española.
Después de un siglo de ser evangelizados por los curas, hubo la expulsión de los jesuitas.
Cuando salieron los curas, los indios se negaron a obedecer a las autoridades españolas, civiles y militares. La respuesta fue brutal.
Los alzados, Pedro Ignacio Muiba, Gregorio Gonzáles, José Bopi y otros, fueron reprimidos con violencia. Perseguidos hasta la muerte.
En esa época, era gobernador de Moxos Pedro Pablo de Urquijo. Este gobernador actuó con vehemencia. Dio órdenes para capturar a los sublevados.
En diciembre, dispuso actos de organización militar y otras acciones. El gobernador Urquijo utilizó su poder ante los caciques.
Usó la mentira para reponer el control absoluto en la provincia.
El historiador José Luis Roca, en su libro “Ni con Lima ni con Buenos Aires”, cuenta lo que hizo el gobernador Urquijo para tratar de detener a sus oponentes.
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A fin de cubrir su acción represiva con un manto de legitimidad, Urquijo hizo propalar por toda la provincia que “Su Majestad” había emitido una Cédula Real en la isla de León el 24 de febrero de 1810, la cual mandaba” la “aprensión y remisión a la capital del indio Pedro Ignacio Muiba revolucionario de aquellos naturales de los del pueblo de Loreto y escandaloso de todos los demás de la provincia, quien no solamente ha intentado su perdición mas también las de sus parientes (...)”.
Teniendo en cuenta las circunstancias político-militares que en esos momentos prevalecían, tanto en la península como en las ya convulsionadas colonias americanas, es en extremo improbable que el Consejo de Regencia ( en esos momentos a cargo del gobierno), agobiado por la masiva invasión francesa a la península y la resistencia feroz que en esos momentos se vivía en España, se ocupara de un levantamiento en una remotísima provincia del imperio, menos aun para emitir órdenes expresas de captura a un desconocido insurgente.
Pero en todo caso, Urquijo divulgó por cuantos medios tuvo a su alcance el contenido de la supuesta cédula real. Así, sus actos aparecían como nacidos del soberano y no del capricho o arbitrariedad de un subalterno”.
Eso señala José Luis Roca en su libro, según los informes del propio Urquijo y de los curas que fueron testigos de lo sucedido.
La persecución de los disidentes continuó.
En enero de 1811, dos meses después del alzamiento, hubo dos ataques directos.
El 12 de enero, detuvieron a José Bopi y otros 33 indios de Loreto. Se presume que todos fueron ejecutados.
Siguieron buscando a los indios desobedientes.
El 15 de enero se produjo la ocupación del pueblo de la Santísima Trinidad.
Muiba y sus seguidores habían salido de la misión unos días antes.
Los atacantes rodearon a e ingresaron a la misión jesuítica al trote de sus caballos.
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Los atacantes se distribuyeron por todas las entradas del pueblo, a fin de controlarlas, y al grito de “viva el rey nuestro señor Fernando Séptimo, viva la religion cristiana”, convergieron hacia el centro. Al verlas, los indios trinitarios, varones, mujeres y niños, sin jefe alguno que los orientara, corrieron a refugiarse en la iglesia. En ese momento comenzó la cruel matanza.
Según informe de Lucas Gonzáles, se puso la tropa en la plaza desaforadamente sin que nadie la pudiese contener y a cuantos encontraban los mataban a palos, hubo efusión de sangre y muertes ejecutadas por los Itonamas y Movimas que no por los Canichanas y Cayubabas.
A los que caían en el atrio y fuera de él a fuerza de garrotazos, les quitaban las camijetas y les azotaban dejándolos en cueros vivos, mu***os o moribundos, asi mismo les daban con el látigo a las mujeres sin apiadarse de sus criaturas que
traían en brazos (...) El cura primero don Francisco de la Roca se les arrodilló por más de tres veces en las puertas de la iglesia suplicando se aplacasen y no maltratasen a las criaturas y mujeres pero fue en vano, y entrando en tropas a las casas saqueaban a cual más podía cuanto hallaban hasta las ropitas de las criaturas y ni perdonaron el almacén real. Fenecido el saqueo general, se retiraron las tropas (...)
El mismo secretario González añade en su informe que cuando cesó la hecatombe, contó 115 víctimas, de las cuales 65 eran mu***os y 50 heridos graves. De entre los mu***os, “27 eran varones adultos, 5 mujeres y 33 párvulos de ambos sexos, desde de pechos hasta 10 años más o menos”.
Además, informó de 20 lesionados por látigo en la cara y el cuerpo y que la iglesia quedó manchada en sangre desde el atrio hasta los techos”.
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En esa matanza no pudieron detener a Muiba y a los demás.
Al parecer, Muiba fue detenido y mu**to días después en algún lugar en el camino de Trinidad a San Pedro. Su cuerpo fue llevado a San Pedro, donde su cabeza fue expuesta en la plaza, para ejemplo a los demás.
Sucedió hace 215 años, en Moxos, la provincia colonial española.